Reflexiones desde un confinamiento obligado

por Nico Ferrando

 

El Covid 19 nos ha cambiado a todos. La realidad ha superado, con creces, cualquier previsión. Hoy, casi todos afirman haber adelantado, de alguna manera, lo que estamos viviendo, pero lo cierto es que esto nos ha pillado inadvertidos y por sorpresa. No voy a incrementar el ruido actual, convertido en fakes new, de algunos aprendices de pitonisas que creen que vale todo, aunque sí haré unas breves reflexiones filosóficas -¡Qué haríamos sin la filosofía!- de la sociedad de la que quiero formar parte en el futuro, si es que no está todo perdido ya.

La crisis del coronavirus ha puesto en valor el trabajo de la sanidad pública y es algo positivo que tenemos que memorizar  en estos difíciles momentos. Más vale tarde que nunca, dice el refrán, y yo, de verdad, me alegro de que sea así, aunque lamento profundamente que hayamos tenido que vivir estos días de plomo para darnos cuenta de que al sistema de salud hay que cuidarlo, mimarlo y no privatizarlo.

Tengo grabados en mi mente los encierros que protagonizaron los profesionales sanitarios en noviembre de 2012, la época más complicada de aquello que se denominó Marea Blanca. ¿Se acuerdan de Javier Fernández Lasketty? Sí, el mismo que quería privatizar la sanidad madrileña y que nos intentaba convencer de las bondades de los seguros privados -¡Qué valor!-. Si, el mismo que tuvo que dimitir por la presión de la calle y por la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que paralizó sus mercantilistas planes en septiembre de 2013. A ese tal Lasketty lo puso Ignacio González, un presidente que acabó preso por corrupción. Y a ese tal Ignacio González lo puso Esperanza Aguirre, que -¡Vaya paradoja!- ha terminado siendo ingresada en un hospital público, la Fundación Jiménez Díaz, después de asegurar hasta el hartazgo que los centros de gestión privados eran más eficientes. Al final, la mayor eficiencia es salvar vidas y no nos habíamos dado cuenta.

La crisis del coronavirus también ha puesto en valor el gran trabajo de los investigadores, que son los únicos que pueden aplacar esta tragedia. Algunos redujeron hasta límites obscenos el presupuesto de investigación y desarrollo, invitaron a científicos de primer orden a irse al extranjero para ganar su sustento porque era algo que no le importaba a nadie. Ahora nuestras esperanzas están puestas en esos laboratorios que desmantelaron los que hoy encuentran cualquier excusa para ser desleales. Ojalá aprendamos.

Otra cosa que este virus ha relanzado es la cultura en todas sus dimensiones. Lamentablemente, la cultura siempre ha sido la hermana pobre de todos los gobiernos y la primera víctima de cualquier recorte. Me pregunto cómo sería este obligado confinamiento sin los libros, la música, una buena película o esas obras de teatro que están ofreciendo gratis algunas cadenas de pago. Perdonen, pero no puedo imaginármelo sin que se me presenten pensamientos suicidas. Me parecería un infierno peor que el de la cárcel de Reading para Oscar Wilde donde, pese a todas las calamidades que sufrió, escribió su mejor obra, De Profundis. Pero Wilde era único y por eso ha pasado a la historia como uno de los mayores creadores de la lengua de Shakespeare. La lección que hay que sacar es que la cultura debe ser más valorada en nuestro día a día y en los presupuestos de todas las administraciones. ¡No sé si viviré para verlo!

Este encierro es tan grande que los de San Fermín parecen efímeros, aunque creo que he establecido prioridades. Y voy a compartir algunas ideas en alto:

En primer lugar, me ha decepcionado la Unión Europea. He pasado de ser ferviente defensor de este magno proyecto a empezar a entender a los ingleses. Me pregunto que saldría en un hipotético, aunque improbable, referéndum de permanencia y estoy casi seguro de que habría sorpresas. Europa no ha reaccionado, cada país ha hecho lo que le dado la gana y ha sido una especie de sálvese quien pueda bastante esperpéntico. La actuación de Europa ha estado a la altura de una película de Berlanga pero no se ha presentado como ese organismo serio y previsor que debe ser. También me pregunto por qué se ha cambiado de discurso de un plumazo y se ha abandonado la austeridad en un instante. Sí, esa austeridad que era dogma de fe hasta hace unos días. ¿Los muertos del coronavirus son más importantes que los europeos que estaban fuera del sistema y en exclusión hasta que llegó esta pandemia? ¿No eran igual de importantes los inmigrantes que morían en el Mediterráneo, las temporeras que recogen la fresa en Huelva u otras realidades que tenemos en el viejo continente para cambiar de idea y aplicar políticas expansivas? Del ridículo se sale pero de la hipocresía y la ignominia es muy complicado. La idea de Europa se ha caído con todo el equipo. Lo peor es que no está ni se la espera. ¡Qué pena!

En segundo lugar, he cambiado de postura y, desde ahora, me declaro republicano convencido. Hasta ayer era de los que soportaba, sin mucha emoción, la monarquía parlamentaria. El puterío del emérito es indescriptible. Ya está bien. Pero lo peor es que nuestro actual Jefe de Estado se hace cómplice de una evasión fiscal sin parangón, de un cohecho impropio evidente y encima no tiene mejor forma de tomarnos el pelo que copiar su discurso de una novela. Hasta aquí hemos llegado. Me acuerdo de las palabras de mi admirado Pedro Zerolo que dijo alto y claro: “Estoy orgulloso de ser socialista, orgulloso de ser activista, soy feminista, soy latino, soy extranjero a la vez que europeo, soy diverso, soy laico, soy republicano y soy un convencido de que se puede conseguir”. ¡Cuánta razón tenía!


J. Nicolás Ferrando nació en Córdoba (Argentina) y reside en Madrid desde 2001, villa de la que ha publicado los siguientes libros: Retiro y sus Barrios (2012), Chueca (2014) y Letras, el barrio de Cervantes (2017). Asimismo, ha emprendido dos obras sobre Chamberí desde una perspectiva progresista, destacando El Legado de Pablo Iglesias, desde Chamberí a lo más alto (2017). Ha escrito la biografía autorizada de Antonio Miguel Carmona, concejal del Ayuntamiento de Madrid, titulada Todo por Madrid (2017). Ha iniciado una serie de publicaciones sobre ciudades Patrimonio de la Humanidad con Alcalá, Patrimonio de la Humanidad (2018) y Aranjuez, Patrimonio de la Humanidad (2018). Ha realizado un libro sobre el emblemático viaje de Eva Perón a España, focalizandolo en Madrid cuyo título es Eva Perón en Madrid (2018). Ha trabajado junto al historiador José María Sánchez Molledo en un proyecto sobre el ilustrado Lorenzo Hervás y Panduro (2018) en el marco de un concurso convocado por el Ayuntamiento coquense de Horcajo de Santiago.

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