Recoger la fresa, ¿perder la dignidad?

Por J.L. Pedreira Massa, psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia, y Profesor de Psicopatología, Grado Criminología, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Pascale Mueller y Stefania Prandi son dos periodistas free-lance que han escrito para Correctiv y Buzzfeed News sendos artículos que están creando controversia y polémica. Se trata de señalar, desde el relato de una mujer marroquí afectada, las condiciones de trabajo que sufren estas mujeres en la campaña de recogida de la fresa en Huelva.

Pascale Mueller y Stefania Prandi, autoras de los artículos publicados en Correctiv y BuzzFeed News.

Han surgido dos posiciones contrapuestas: la defendida por Pastora Cordero del sindicato CC.OO., que defiende la postura de la denuncia que ella misma ya había señalado hace un año. Efectivamente, señala que estas mujeres sufren abusos en explotación laboral, amenazas, acoso psicológico y violaciones o maltrato sexual, y que callan por el temor a ser despedidas. La segunda posición se refiere a quienes defienden que las noticias internacionales de Mueller y Prandi pretenden una campaña de desprestigio hacia la fresa onubense y el conjunto de los frutos rojos de Huelva, debido a la gran pujanza que obtienen en el mercado internacional.

Con estos datos me puse a obtener información para profundizar y construir una opinión en torno a los acontecimientos que, tal como están formulados, llamaban mi atención de forma poderosa, sobre todo en los tiempos actuales, con la sentencia de la manada y otras sentencias parecidas de fondo.

Recordé que, en mi adolescencia de estudiante en Salamanca, acudíamos al sur de Francia a la vendimia, nos sacábamos buenos francos para el año universitario. Eran dos semanas de trabajo constante, donde los dolores de las contracciones musculares y el picor del sol terminabas por no sentirlos. La ducha era necesaria y comer se te olvidaba, aunque lo hacías por el sentido literal de recuperar fuerzas.

Un segundo recuerdo se organizó en torno a una evocación en la memoria del poder que imponían los caciques gallegos que incluía el derecho de pernada, que no era sino una violación interesada donde se destacaba el gran contenido de lucha de clases. Gonzalo Torrente Ballester lo dibujó claramente en su novela Los gozos y las sombras. El cacique Cayetano Salgado acosa y termina violando a Clara Aldán, una joven bella que es hermana de un líder sindical que pretende agrupar a los trabajadores industriales y del campo. Carlos Deza proviene de familia noble que retorna a su pueblo entre desencantado y deprimido; es pariente de Clara pero comprende que su posibilidad para defenderla es escasa, y termina por propiciar su marcha y la de Clara ante la gran indefensión y prepotencia del cacique Salgado.

Los caciques/señoritos/patrones contratan mujeres con cargas familiares porque dicen que “posturalmente están más capacitadas para la recolección de la fresa”. La evidencia científica que aportan es su memez ¿qué fundamento tiene ese razonamiento tan primario y arcaico?
Ese cacique gallego o señorito andaluz o patrón de vieja estopa que se considera señor de haciendas y dueño de vidas y honra con la prepotencia de un señor feudal, que hace y deshace a su antojo y que se guía por los bajos instintos de su bragueta. Ese cacique/señorito/patrón que creíamos haber conseguido su extinción y que, sin embargo…

No parece que sea del siglo XXI que se contrate a temporeros que, a ser posible, no sepan el idioma y sean de fuera de estas tierras. Así se contratan a mujeres marroquíes, búlgaras o rumanas que unen a la condición de mujer el desconocimiento del idioma y, por lo tanto, la dificultad para realizar las denuncias. Y si son temporales marchan y no podrán acudir a cumplimentar las pesquisas de nuestra ágil y rápida administración de justicia. Así que ya tenemos un cúmulo de revictimizaciones, a la que sumamos el hecho de ser mujer.

Los caciques/señoritos/patrones contratan mujeres con cargas familiares porque dicen que “posturalmente están más capacitadas para la recolección de la fresa”. La evidencia científica que aportan es su memez ¿qué fundamento tiene ese razonamiento tan primario y arcaico? No tiene ningún fundamento, solo buscan su supremacismo machista amparado en una policía y justicia patriarcal.

Como en una novela de explotación de clase, las mujeres dicen “él viene por la tarde”. Sí, al caer la tarde, después de arduas jornadas de la recogida de la fresa, con el cansancio, el sudor y la desgana. Entonces él realiza hostigamiento físico, amenazas, actos sexuales, violaciones reales con el chantaje de aceptas o “tu infierno será la tierra”. Porque si reniegan las relaciones sexuales solicitadas bajo presión, entonces acontecerá “el castigo en el trabajo”. Si no aceptan: desprecio, no dejarlas duchar o empeorar las ya de de por sí duras condiciones de trabajo.

Queda lo más dañino, la explotación de género, el análisis de género que debe ser realizado. Del lado de la víctima está una mujer emigrante, una mujer a la que la contratan para poderla someter con varias acciones de victimización: ser mujer, ser mujer emigrante, ser mujer pobre, ser mujer que no habla nuestro idioma, ser mujer inculta, ser mujer, ser mujer, ser mujer…

El idioma se alza como una poderosa barrera, tanto para la denuncia, como para la toma en consideración de su relato. Además está la actitud policial que, con  supremacía y expresión de poder, clama “el abuso sexual no es algo español”.

Mientras todas estas negaciones, estas falsas justificaciones, estas búsquedas de razones espurias, aparecen datos: la tasa de abortos entre mujeres extranjeras se incrementa en las temporadas de la recogida de la fresa en esa zona. Retumba en mis oídos justificaciones de pasillo del machismo imperante…”lo estaba pidiendo a gritos”.

Solo se puede entender desde la explotación de clase y desde el sistema patriarcal, no cabe otra explicación.

Explotación de clase en el hecho de ser pobre, emigrante, inculta, sin posibilidad de defensa, trabajadora explotada con duras condiciones de trabajo. Es decir, la relación parte del sometimiento al que es sometida. El otro, el cacique/señorito/patrón detenta el poder de tipo fálico, determina que “su ley” es la ley, simplifica su poder en la humillación y en la exigencia de satisfacción para su bragueta, y solamente en ese momento de desfogue y pura explotación del otro ser humano. A este cacique/señorito/patrón, no importa cuál sea su nivel en el escalafón macabro, no le llega la Ley, se ríe de lo que hace, y entra en las dependencias legales de sobrado, saludando por el nombre y dando palmaditas en la espalda.

Pero queda lo más dañino, la explotación de género, el análisis de género que debe ser realizado. Del lado de la víctima está una mujer emigrante, una mujer a la que la contratan para poderla someter con varias acciones de victimización: ser mujer, ser mujer emigrante, ser mujer pobre, ser mujer que no habla nuestro idioma, ser mujer inculta, ser mujer, ser mujer, ser mujer…

Así de brutal retumba en mis oídos. Del otro lado el cacique/señorito/patrón hay un sujeto (pido excusas por no poner hombre) en pleno dominio de la cultura patriarcal más execrable, que amenaza, chantajea, hace hostigamiento y realiza violaciones, sí: realiza violaciones. Desfogue braguetil lleno de pavoneo de barra de bar cutre. Aunque la mujer no se resista, por imposiciones del guión imperante, no dice sí, simplemente porque no quiere, así que como no dice sí el sujeto mandón está violándola, según la declaración de Estambul.

Todo esto ocurre tras recoger unas frutas deliciosas de nuestra tierra y que nada tiene que ver con estas acciones salvo las violaciones de los caciques/señoritos/patrones.

Me gustaría que la justicia interviniera, que la demanda, que realiza CC.OO., de establecer Agentes de Igualdad y mediación, sea una realidad. Algo hay que hacer, no puede seguir así este despliegue machista sin que tenga una respuesta coherente y sensata.

José Luis Pedreira Massa

J.L. Pedreira Massa es psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia, y Profesor de Psicopatología, Grado Criminología, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Pedreira, “un veterano de la opinión socialmente comprometida”, firma esta tribuna para La Mar de Onuba. El criterio de este reputado especialista es altamente valorado a nivel internacional por destacados estamentos académicos y políticos, y su voz ha sido determinante en comisiones parlamentarias para la redacción de leyes de Igualdad y los Derechos Humanos esenciales y pioneras, como han sido en los últimos años las del matrimonio igualitario, o las relativas a los derechos de las personas transexuales. Recientemente, ha sido ponente del proyecto de ley llamado a establecer como derecho la muerte digna a través de la eutanasia, que pronto será objeto de debate en Las Cortes Españolas. Suyos son importantes títulos de carácter científico y técnico sobre infancia y juventud, y acaba de publicar Escritos Políticos de un psiquiatra despistado, en el que hace un severo y personal repaso a la actualidad social y política “con lenguaje claro y directo, escritura amable, y la honestidad de años y años de pensamiento”.

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