Razones para avanzar hacia un turismo sostenible

Aurora Pedro Bueno

El dinamismo mostrado por el sector turístico español en los últimos años ha sido tan notable que hasta 2017 hemos batido récords en llegadas de turistas internacionales. El turismo se ha posicionado como uno de los principales motores de la economía española y, sin embargo, en unos pocos meses hemos pasado a hablar de freno o, incluso desaceleración.

Entre las causas de este cambio destaca la notable reactivación del turismo en algunos países mediterráneos competidores, principalmente Egipto y Túnez; la debilidad en el crecimiento de los principales países emisores y de la demanda interna en nuestro país.

Objetivo: más ingresos

La solución pasa por maximizar los ingresos por turismo, aparcando complacencias basadas casi exclusivamente en número (creciente) de turistas. Y precisamente los ingresos por turismo tuvieron un comportamiento mejor que las llegadas de turistas internacionales durante la primera mitad del 2018. Quizá haya llegado el momento de cambiar ciertas dinámicas y establecer estrategias adecuadas de desarrollo sostenible del turismo en nuestro país. Y es que, además, lo que se llama “modelo turístico español” está dando síntomas preocupantes de agotamiento.

El caso de Barcelona encendía las alarmas hace ya meses. Por primera vez, los vecinos se organizaron en plataformas reivindicativas de su “derecho” a la ciudad, a su barrio, a poder vivir sin la saturación que impone el turismo masivo en los espacios públicos. Las plataformas colaborativas, especialmente aquellas que han permitido convertir viviendas en apartamentos turísticos contribuyeron al malestar (y al rechazo) al provocar aumentos importantes en los alquileres y, en consecuencia, la expulsión de los más débiles de los centros de las ciudades, pero también de barrios menos céntricos donde acaban llegando turistas.

Y por último hay que destacar la protesta/denuncia de las Kellys (“las que limpian”) por su situación laboral: muchas horas de trabajo por un salario muy bajo. Esto implica que existen modelos de negocio con rentabilidades altas a costa de precarizar extraordinariamente ciertos puestos de trabajo en un país en el que el turismo es un sector principal. Mal síntoma si pretendemos que este sector alcance a la mayoría en sus beneficios.

¿Qué significa turismo sostenible?

Estamos de nuevo hablando de la sostenibilidad del modelo, de abrir el debate y la acción hacia qué tipo de actividad turística queremos. Pero seamos sinceros: todavía no tenemos muy claro que significa un desarrollo turístico sostenible, más allá de que la actividad se mantenga a largo plazo.

Hay otras dimensiones de la sostenibilidad que se han dejado de lado y es ahí donde hay que enfocar el debate actual, comenzando por una cuestión de gran importancia: la medición. Además de las estadísticas habituales (llegadas internacionales, ingresos, empleo turístico…) necesitamos comenzar a medir la sostenibilidad, a pesar de que es un concepto todavía poco operativo y difuso desde una perspectiva académica.

Se trata, en definitiva, de avanzar para tener más claro dónde está impactando esta actividad y dónde hay que actuar para mantenerla a largo plazo, dónde está fallando en calidad el turismo y dónde podemos ser más fuertes en un futuro con mayor competencia –principalmente- en el Mediterráneo.

Un buen sistema de indicadores permitiría una gestión más adecuada de los impactos. En esta línea se manifestaba la OMT en la reunión mantenida en Manila en 2017.

Buenas ideas, pero pocas

Existen iniciativas valiosas pero atomizadas y aisladas, también en el ámbito de las certificaciones. Un país líder en turismo como España debería liderar propuestas innovadoras en esta dirección y pasar a la acción en la medición, seguimiento y evaluación del turismo sostenible. El impacto de dicho cambio en el mercado turístico será positivo si se saben aprovechar las oportunidades. Y en este contexto, el debate y el consenso son claves. Por tanto, no podemos olvidar avanzar en la gobernanza turística. Es decir, la revisión del modelo turístico desde la perspectiva de la sostenibilidad no puede dejar de lado la participación de los agentes. Es la cuarta dimensión de la sostenibilidad: la política.

Uno de los temas que repetimos a los estudiantes de turismo es que esta actividad genera impactos positivos y negativos. La política turística es la responsable de maximizar los primeros y minimizar los segundos. Pero debe hacerlo considerando la responsabilidad que representa un sector que consume unos recursos de gran valor (paisajísticos, sociales, culturales…), que se “privatizan” para lograr empleo y renta. Por otro lado, el cambio climático exige unas actuaciones inminentes si se quiere frenar a tiempo.

Si, efectivamente, el objetivo es que las generaciones futuras puedan cubrir sus necesidades debemos considerar acciones que permitan mejorar el modelo para mantener una actividad tan importante para la economía española como es el turismo.


Aurora Pedro Bueno, Profesora Titular Economía Aplicada, Universitat de València. Consultora de la UNWTO (Organización Mundial del Turismo).

Artículo publicado por cortesía de


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