Quina pena Catalunya, què t’han fet?

por José Luis Pedreira Massa

Jo estim molt Catalunya, ese es mi punto de partida, no es de ahora, sino de molts i molts anys. Tampoco es la primera vez que en estos artículos me he referido al tema catalán con precaución, documentación histórica y respeto. El problema catalán es muy complejo y algunos pretenden simplificarlo con eslóganes de mayor o menor impacto. En algunas intervenciones se exigen, ahora, actuaciones rápidas y contundentes cuando ellos estuvieron hasta 7 años, 7, de diletantismo excesivo.

Lo acontecido estos últimos días era esperable, quizá no con tanta virulencia y agresividad cargada de odio y destructividad indiscriminada. Que determinados sectores de la sociedad catalana iban a reaccionar ante la contundencia de la sentencia del Tribunal Supremo, espero que así se contemplara políticamente, era algo conocido y esperable. Se desconocía la forma de expresión, pero era conocido y esperable, no existe nada nuevo.

Es evidente que la sentencia no se ha emitido por la forma de pensar, sino por la forma de actuar, por el método desarrollado para llevar a la práctica esa forma de pensar. Desde el momento que se pasa del pensamiento a la acción, se realizan actos y, por lo tanto, son materia que puede ser evaluada como legal o delito y entonces cabe la posibilidad ser juzgada. Estos actos realizados son más, algo más, que una mera forma de pensar, hay datos y pruebas como escritos jurídicos, grabaciones, incluso actas del Parlament, sentencias del Tribunal Constitucional. Pasar de la forma de pensar a la acción es lo que hace que no sean presos políticos, sino políticos presos y, en la actualidad, por sentencia firme.

Con Catalunya, en mi modesta opinión, se han cometido muchas desfeitas desde multitud de ámbitos políticos y sociales. Todas ellas se basaban en la simplificación de los problemas y en la generalización de las razones expresadas. De esta suerte ganaban los sectores independentistas que, por cierto, no son sectores populares, sino que proceden de la (alta) burguesía catalana, de esa misma burguesía que ha utilizado las instituciones catalanas para beneficio propio, incluido el económico aunque no se encuentren en prisión.

Se intentará realizar un análisis estructural de la situación actual con la finalidad de hacer una aproximación diferente que se aleje del “relato” simplificador y engañoso.

Orígenes: Sí, así en plural, porque no hay un solo origen, sino una serie de factores de diferente entidad y dependencia que interactúan entre sí. Hay una perspectiva de datos y circunstancias históricas, unas veces magnificadas y otras distorsionadas, estos anhelos históricos han tenido algunos hitos singulares que aportaron a la población catalana una cierta ilusión de cumplir ese deseo, pero que no terminaron por asentarse ni en dar cumplimiento a esos deseos, es más cada finalización de cada una de esas épocas terminaba con una “pérdida” de algo para la sociedad catalana, con lo que aún se circunscribía más y se empequeñecía su territorio, tanto el físico y geográfico, como el de las ideas y los afectos y emociones y no era por obra y gracia de un solo culpable. Todas estas circunstancias históricas se llevaban a efecto primero por los nobles catalanes, luego por los propietarios de la tierra, por los comerciantes, por los propietarios de las industrias catalanas y a ello se sumaron parte de las élites intelectuales, en épocas más recientes y, en su gran mayoría, hijos e hijas de esa burguesía, aunque con un talante aparentemente más progre.

Sobre este núcleo se ha sumado, en cada época, elementos particulares de tipo político y social que, en la actualidad, se ha fraguado desde la sentencia del Tribunal Constitucional que anulaba parte del Estatut pactado, votado en el Parlamento español y aprobado por la población catalana en referéndum, no debemos olvidar que el acuerdo lo consiguió el Presidente Rodríguez Zapatero, pero la interposición del recurso al TC fue del pp. Este singular hecho articula una sensación de desafección en la población catalana y la fragmentación de algunas opciones políticas, con el reforzamiento de opciones claramente soberanistas ante la impotencia de otros estamentos sociales que clásicamente habían venido detectando un cierto liderazgo socio-cultural efectivo.

Los sucesivos gobiernos de la derecha, con sus acciones y actitudes, no han hecho sino que incrementar la sensación de desidia e incomprensión en la ciudadanía y las instituciones de Catalunya, con lo que se incrementaba la población con ideas independentistas, no se busquen otras razones espurias. Hay que recordar que la derecha nacionalista española siempre ha sido una opción política absolutamente minoritaria en Catalunya, hasta que en el momento actual todos sus diputados caben en un taxi, este es su exiguo impacto social y político.

Los sucesivos gobiernos nacionalistas en Catalunya han completado el panorama de los despropósitos, por una parte no reconocían que más de la mitad de la población no les votaba, aunque tuvieran más de la mitad de los escaños. La mayoría parlamentaria no representa la mayoría social por una mala ley electoral, que en Catalunya resulta especialmente perversa. Se ha tejido una red de opinión acerca de contenidos idealizados con alta carga emocional: autodeterminación, referéndum, derecho a decidir, que, en su conjunto, han quebrado la convivencia social y originado distorsiones explicativas y disfunciones relacionales en todos los niveles, desde el individual y familiar al social. En este contexto aparece el 1-O y la toma de decisiones anteriores y posteriores en el Parlament y esos son actos, ilegales y anticonstitucionales, como tal fueron avisados sus autores y en base a ello los tribunales han actuado dentro de su competencia y han dictado sentencia.

Resultado político: Existen tres opciones políticas muy bien definidas que se delimitan en la práctica política y que derivan de lo expresado con anterioridad: la opción independentista, la opción negacionista excesiva y la opción intermedia sin equidistancias. Dos de ellas son, a todas luces, rígidas y la tercera resulta ser insuficiente.

La opción independentista se ha incrementado desde un 15-20% de partida a estar en el entorno del 48-49% de la población. Pero si abordamos el derecho a decidir la proporción alcanza el 75-80% de la población. Esta disparidad debe ser contemplada, analizada y actuar en consecuencia.

Los líderes independentistas han oscilado entre el interés personal (la era Pujol es muy demostrativa) a la tentación, un tanto mesiánica, de la construcción de un estado independiente (Mas, Puigdemont y Torra) han encabezado la Generalitat, pero sin la consistencia teórica y formativa suficiente, por lo que emergía, de forma muy patente, su sectarismo: solo gobernaban para el 50% de la población catalana y en los dos últimos años se ha constatado una doble cabeza (en Waterloo y en Sant Jaume) llenas de pájaros voladores, en muchas ocasiones sus discursos parecían más cercanos al contenido delirante que a una descripción realista de los hechos. Solicitaban empatía hacia Catalunya, pero eran incapaces de mostrar empatía hacia, al menos, el 50% de la ciudadanía catalana. De esta suerte se ha creado una fractura social que ha dificultado la convivencia en Catalunya. Sin un grado mínimo de convivencia y acuerdo en el seno de la sociedad catalana es inútil solicitar otras posibilidades. A estas opciones les ha unido el grito de “llibertat pressos politics”, pero partían de un error fundamental: estaban presos por haber trasgredido el ordenamiento legal, discutible o no, pero es el existente y, por lo tanto, aplicable en su totalidad y para toda la población; es decir existía una “crida” para crear una “xarxa” popular, pero existía el error de partida en una de las premisas, por lo tanto se construyó un sofisma que se generalizó como un “relato” de franca inconsistencia argumental, en este sentido debían incrementar el grosor de las palabras y descalificaciones: España nos roba, retorno al fascismo, represión indiscriminada, ataque a las ideas… En estos líderes la argumentación iba dirigida a la emoción pura y dura, por eso captaban tanto y de forma tan primaria al conjunto de la población, sobre todo a la más joven, pero lo hacían desde la racionalidad interesada y carente de empatía, una vez más, de la burguesía catalana, no debemos olvidar que Marx ya avisaba que las ideas nacionalistas estaban diseñadas para dividir a las clases populares.

La segunda opción la constituían los negacionistas de la realidad catalana, se basaban en ser nacionalistas, pero de la nación española. Eran portadores de un pan-nacionalismo arrasador y con distorsiones históricas de fechas y datos que contraponían, sin ningún tipo de pudor, a las distorsiones independentistas, así existía un choque de trenes entre dos tipos de distorsiones y, por lo tanto, lo que surgía era un estado de confusión que se expandía hacia la población que quedaba desorientada y excesivamente polarizada: o conmigo o contra mí, comunicación de sordos, lenguaje de besugos. Una simplificación que se exponía con otro relato lleno de rencor y prepotencia argumental: “siempre fue así”, “Catalunya nunca fue independiente”, “nos obligan a hablar en catalán”… Es decir: nacionalismo por nacionalismo, el contenido es similar, hay que dividir y desorientar a las clases populares. La rigidez funcional de esta opción se sitúa en descalificar todo lo anterior y dejar sin argumentos su propia posición que deviene en ser simplista y reiterativa, al menos tanto como la de los adversarios. Se traducía con insultos crecientes hacia el actual Presidente del Gobierno o sus ministros en relación con Catalunya y solicitando lo imposible política, legal y administrativamente, que cuando ellos detentaron el poder se encargaron de estar desaparecidos y en silencio durante 7 años. Así que solo les queda una salida “digna”: judicializar la política, huyendo del diálogo como herramienta de acción política, consistente y realista, que posibilita la búsqueda de acuerdos, el reconocimiento del otro y potenciar la empatía. Esta opción culpabiliza, grita, perturba el normal desarrollo y termina por enfrentar a las personas contra las personas.

Los líderes, de esta segunda opción, son de cartón-piedra y se comportan como una caricatura un tanto alambicada de exigencias fuera de todo razonamiento de la lógica formal. Exigen, vilipendian, alarman, “adivinan”, asignan, atribuyen, en definitiva: berran y no argumentan, están en una pseudo-reflexión superficial y anodina, tirando güitos a distancia. Una vez más destilan la parte más represora y autoritaria de los nacionalismos, se convierten en el blanqueador de los razonamientos filofascistoides de los voxiferantes.

La opción intermedia se la pretende descalificar, desde una u otra posición, diciendo que están en la equidistancia y se ponen de perfil o, lo que es peor, que pactan y están de acuerdo con la posición independentista. Craso error que tiende a la manipulación informativa y se basa en la agresión indiscriminada hacia este tipo de posiciones negociadoras. Esta tercera opción pretende realizar un diálogo abierto y franco con el único límite de la legalidad vigente, tanto constitucional como estatutaria. Parece ser que a las otras opciones no les interesa. Con esta metodología se posibilita abrir vías de salida realistas, sin descalificaciones ni exclusiones, pero abordando todos los temas, incluso los más espinosos. Cada vez que esta opción realizaba un avance los de uno u otro extremo nacionalista lo llevaban al traste, fuera “filtrando” cartas de forma interesada y descontextualizada para que se interpretaran peticiones unilaterales como negociaciones o realizando peticiones extremas de aplicaciones legislativas que el TC ya había definido el qué, el cómo y el cuándo se deben desarrollar. Una opción que debe transitar entre la firmeza en la aplicación legal, la ponderación y proporcionalidad en la intervención, la búsqueda de la unidad de acción y el respeto a la libertad de expresión. No puede ni debe tolerar la descalificación de unos ni los insultos de los otros y lo debe hacer con claridad, consistencia y coherencia. Difícil postura.

Los líderes de esta opción lo tienen claro: los límites de la negociación son la Constitución y el Estatuto de Autonomía, este marco legal debe ser respetado, ahora bien todo lo demás se puede y se debe incluir en el proceso de confrontación de ideas. La empatía se realiza desde el respeto mutuo, no hay empatía si se exige, desde una u otra posición, la aceptación exclusiva de una visión rígida, sesgada y oportunista.

La difícil actualidad: Ya estamos ahora, el TS, con todas las garantías legales de tipo formal y de contenido, ha emitido su fallo, una sentencia dura pero ajustada a derecho. Nos podrá gustar más o menos, se podrá recurrir donde corresponda pero, de principio, hay que acatarla porque estamos en un Estado democrático, social y de derecho y los actos que trasgreden la ley deben ser juzgados, los cometa quien los cometa.

La libertad de expresión ampara la posibilidad de manifestación de la población pero este derecho deja de ser considerado como tal cuando aparece la violencia y se reacciona con agresividad indiscriminada y alta capacidad de destrucción.

Los responsables políticos deben expresarse con libertad pero en el marco del respeto legal. No pueden animar ni exaltar a la población al incumplimiento legal sin que ellos mismos realicen esa transgresión legal. Las frases magnificadas, como “desobediencia civil”, solo enmascaran el estímulo o la justificación encubridora a las reacciones de violencia. Los responsables políticos deben poner freno a la diarrea verbal sin freno y mostrarse cautos, comedidos y con templanza y prudencia en estos momentos tan delicados.

La violencia nunca puede ser justificada en el marco de la negociación política, ni ser moneda de cambio para conseguir beneficios de ningún tipo. No se pueden utilizar terminologías inexactas e inadecuadas como presos políticos o exiliados, cuando son políticos presos y huidos, respectivamente. No hay una respuesta represora ni fascista, es una sentencia judicial ante delitos cometidos, no ante ideas expresadas. No hay venganza ni vergüenza cuando se aplican las directivas de una sociedad democrática ante la transgresión legal.

Una prueba que aportar para desmontar lo del juicio por ideas y, por lo tanto, para desarticular lo de presos políticos es muy patente: sus formaciones políticas se han seguido presentando a elecciones políticas, sus compañeros de partido han seguido realizando manifestaciones en confrontación con la expresión aceptada mayoritariamente sin que exista consecuencias, los diputados elegidos han seguido expresando su planteamiento político en los diferentes parlamentos sin traba alguna, los representantes pueden ser entrevistados en medios de comunicación audiovisuales y escritos (públicos y privados) sin limitación alguna. Así que ¿dónde está la imposibilidad de expresar las ideas? ¿dónde situamos la consideración de falta de libertad de expresión? ¿dónde y cómo se justifica el “funcionamiento fascista”? ¿seguro que se les ha juzgado solo por ideas?. Aquí está la gran mentira victimista, pero no la realidad demostrable.

Por el contrario los nacionalismos, de uno u otro signo, incluyen contenidos claramente de exclusión al otro, de falta de empatía real pues solamente admiten su punto de partida y hace que se vislumbren contenidos claramente xenófobos basados en la exaltación de su propia identidad como fundamento de su ser y estar en el mundo. No hemos de olvidar los escritos publicados por el líder más inepto que ha tenido todo el procés: al actual Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, que está desaparecido de sus responsabilidades y tienen que ser las autoridades estatales las que asuman la información de lo que sucede en Catalunya.

Es preciso rectificar e incluir el diálogo y la realidad para juntos poder buscar el camino de salida.

Por éso grito con ahínco: Quina pena Catalunya, què t’han fet?

José Luis Pedreira Massa, el "Don Galimatías" de La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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