Pedro Fogg

por Marcial Vázquez


Una de las mayores carencias de los gobiernos nefastos de Rajoy fue su inexistente política exterior, ya no solamente en Europa donde nos limitábamos a ser los sirvientes entusiastas de Merkel, sino también en Latinoamérica, ausentes por completo de la agenda internacional contemporánea. De esta época solo nos acordamos de Margallo por su verborrea tan lenguaraz contra Soraya Saénz de Santamaría, ya que como ministro de Exteriores no hizo absolutamente nada reseñable. Algo ciertamente muy preocupante: en un mundo tan globalizado, con una política internacional tan decisiva como la interior y más si perteneces a una unión monetaria y a un sistema supranacional como es la Unión Europea, carecer de influencia en este marco continental y mundial supone ir de convidado de piedra a la mesa donde se toman las grandes decisiones del presente y, sobre todo, del futuro.

Hubo quien pensó que con la llegada del bautizado como “gobierno de los expertos” de la mano del comunismo y del separatismo anti español, la acción exterior de nuestro país recobraría importancia y eficacia de la mano de alguien cuyo prestigio estaba fuera de toda duda: Josep Borrell. Yo siempre pensé que Pedro le había dado Exteriores al afamado catalán para que se dedicara a viajar y dar conferencias por Europa sobre lo malos que eran los separatistas totalitarios de Cataluña, mientras aquí en España el dúo Batet-Iceta se dedicaba a pactar con estos separatistas una república catalana disimulada y en diferido, otorgando de facto categoría y competencias de “estado” al nacionalismo catalán a cambio de que Torra y ERC aceptaran permanecer en la “foto” de España.

¿Cuál ha sido, posteriormente, la cruda realidad? Que la única política exterior que ha puesto en marcha el gobierno de los expertos ha sido la vuelta al mundo en 80 días de Pedro Fogg y Primera Dama, recorriendo en apenas 3 meses todos los países y escenarios internacionales que sus predecesores visitaban durante una legislatura completa, incluso a veces una y parte de la segunda. ¿Para qué ha servido esta gira internacional del presidente Fogg? Únicamente para ampliar su álbum de fotos de la vanidad de ella y él. Nadie sabe quién es el ministro de Exteriores español porque el presidente Fogg ha querido ejercer de presidente, de jefe de Estado y de representante internacional, demostrando que sabe hablar inglés de una manera perfecta a pesar de que diga las mismas banalidades, simplicidades y falsedades que en español. Durante su discurso en la ONU se llegaron a oír media docena de ronquidos.

Porque si es habitual hablar del uso y disfrute del poder, nunca hasta la llegada a Moncloa de Pedro Fogg hemos visto de una manera tan descarada y descarnada lo que significa disfrutar del poder sin ejercer de gobierno. Pedro no gobierna, solo disfruta de los privilegios del cargo, dejando los incordios mundanos de la imposibilidad de gobernar con 84 diputados a una mujer tan incapaz como sectaria y peligrosa llamada Carmen Calvo, la cual quiere imponer su feminismo radical y totalitario a todos los demás en forma de leyes y pretende “hacer algo” para que los medios no tengan libertad de expresión para criticar a la plaga pedrista-populista que padecemos.

Es posible que hace 4 meses nadie en su sano juicio pensara que alguien podría hacer bueno a Rajoy y sus catástrofes ministeriales. Puede ser que a estas alturas nos hayamos dado cuenta de que padecemos una especie de maldición política según la cual a un presidente nefasto le sucederá otro aún peor. Lo bueno de esta hipótesis lo encontramos en la sensación casi empírica y humana de que nada puede venir en un futuro peor que Pedro Fogg.

Otra cosa es que podamos elegir a un presidente y a un gobierno capaz de reconstruir todas las ruinas políticas, sociales, morales y pronto económicas que nos está dejando esta colección de senescales pedritas que no muestran cohesión, ni obedecen a un proyecto mínimamente establecido ni se dedican a otra cosa que no sea a implantar en sus ministerios la vieja filosofía de “en mi casa mando yo”. Eso, al menos, los que tienen algo de bagaje partidista.
No hace muchos meses Abalós aseguró en una rueda de prensa, exactamente, lo siguiente: “el independentismo no puede ser en ningún caso aliados nuestros, ni para una moción de censura. No tenemos tal ansia de poder, a costa de la unidad de este país, simplemente por tener un gobierno en precario”.

Por esto mismo da igual lo que digan ahora que Torra ha lanzado algo así como un ultimátum. Yo apostaría a que es todo mentira, un juego de supervivencia donde tanto Pedro como Torra tienen que dar algunas piruetas inesperadas en el aire para calmar a sus radicales, pero en el fondo tienen un plan trazado que cumplirán hasta las últimas consecuencias porque se juegan en ello su propia supervivencia.


Marcial Vázquez

Politólogo, autor de los libros Jaque a España y Los Cuervos de la Democracia, además de cientos de artículos de análisis político en diversos medios digitales. 

"La libertad nos permite rendirnos pero el honor nos empuja a luchar"

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