«Papá, ¿por qué subes esa foto mía a Instagram?»: Los riesgos de dejar la huella de los menores en la red

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A menudo la vida digital de los niños y de las niñas comienza antes de que se inicien en el uso de internet, incluso antes de su nacimiento, con la difusión de imágenes de las ecografías, una práctica familiar cada vez más común durante el embarazo de la madre. La práctica de que los padres y las madres publiquen, en las redes sociales, textos, imágenes o vídeos de sus hijos e hijas se denomina sharenting. Un anglicismo que proviene de la combinación de los términos share (compartir) y parenting (parentalidad).

Esta publicación puede ser consensuada o informada. Los progenitores preguntan a sus hijos si les parece bien publicar algo sobre ellos o les informan sobre la publicación, o puede que se haga sin que el menor sepa lo que se va a compartir o ya se ha compartido. De hecho, la falta de consenso entre las dos partes, sobre todo en el caso de los adolescentes, ha sido identificada en recientes investigaciones como una causa de malestar en sus relaciones.

Que los padres y las madres compartan online con familiares y amigos fotos de sus hijos, se puede entender como un comportamiento natural, especialmente si están orgullosos o felices de las cosas que hacen en su vida familiar. No obstante, cuanta más información se comparte en la red, mayor es la exposición del menor a riesgos como el robo de datos, el acoso escolar o cibernético, la suplantación de identidad, o de consecuencias negativas en su futura vida personal o profesional.

La información publicada en Internet es irrecuperable

Además, una vez publicada la información online es irrecuperable: la llamada “huella digital”. Debemos recordar que los menores tienen el derecho a su propia información personal y a su propia imagen, y que puede haber un conflicto entre el interés superior del menor, la protección de su privacidad y los deseos y acciones de sus progenitores.

Con el sharenting existe otro problema añadido. Unas imágenes tomadas de una forma inocente en un contexto abierto (sea el caso de una niña o un niño bañándose desnudos en una bañera) se pueden usar de forma torticera en un contexto de pornografía infantil u otro. Un estudio llevado a cabo por la comisión gubernamental australiana eSafety encontró que el 50% de las imágenes compartidas por webs de pedofilia habían sido sacadas de las redes sociales.

En algunos casos, los progenitores no solo comparten información, sino que se convierten en generadores de blogs. En el Reino Unido, la Mumsnet Blogging Network es una comunidad online muy activa para madres y padres, con varios miles de blogs y con más de diez millones de visitantes únicos mensuales.

Los progenitores-bloggers se registran para promocionar sus publicaciones y también encontrar oportunidades para “trabajar con marcas”, lo que se llama monetización de un blog, algo que hacen unos dos tercios de los progenitores-bloggers. Mientras, otras madres blogueras no buscan una finalidad comercial.

El 17% comparte información sin autorización de sus hijos

Para los padres y las madres de niños pequeños, las redes sociales ofrecen un espacio para compartir consejos sobre diferentes asuntos. Más de la mitad de las madres (56%) y un tercio de los padres (34%) discuten temas de salud infantil y de paternidad, también comparten consejos sobre la hora de acostarse (28%), la alimentación (26%), las normas a cumplir (19%), la guardería/preescolar (17%) o problemas de comportamiento (13%).

Los resultados de nuestra investigación confirman que, según dicen los menores, el 17% de las madres y de los padres españoles, probablemente inconscientes de ello, han compartido información sobre los menores en internet sin su autorización. Ante este comportamiento, la mayoría de los menores (el 12%) pide a su padre/madre/cuidador que retire la información publicada online.

Algunos consejos básicos

Keith & Steinberg (2017) y Ouvrein & Verswijvel (2019) dan una serie de recomendaciones para que los progenitores compartan adecuadamente información online, de las que hemos hecho una síntesis que puede ser útil. Los progenitores deben restringir este hábito a ocasiones especiales, ya que compartir actividades cotidianas es poco interesante.

También deben familiarizarse con las políticas de privacidad de los sitios web en los que suben información. Deben configurar las notificaciones para que alerten cuando el nombre del menor aparezca en los motores de búsqueda (por ejemplo, alertas de Google).

Quienes compartan información sobre problemas de salud y/o situación clínica de sus hijos deberían hacerlo de forma anónima. Se debe tener precaución al compartir información demasiado personal (por ejemplo, direcciones), la localización real del menor o su nombre completo. No se deben publicar fotos que muestren al menor en ninguna situación de desnudez, que puedan ser vergonzosas o suscitar comentarios negativos. Finalmente, se debe tener muy presente el efecto que la información compartida tenga en el presente y en el futuro del niño o de la niña y, en caso de duda, discutirlo con los hijos y respetar sus opiniones.


Carmelo Garitaonandia, Profesor Emérito, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maialen Garmendia Larrañaga, Profesora Titular de Sociología, Dpto. de Sociología y Trabajo Social, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
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