Nueve años de Sareb, el peor ‘banco malo’ de la UE

El único que no solo no liquida su deuda, sino que obliga al Estado a asumirla.

por Luna Izquierdo

 

Lunes, 5 de abril de 2021. La semana pasada, el instituto europeo de estadística, confirmaba que el banco malo Sareb aumentará la deuda pública en unos 35.000 millones de euros, unos tres puntos de PIB, según confirmaban fuentes financieras y de la Administración.

La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, Sareb, el banco malo diseñado por el ex ministro de Economía y actual vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, fue creada para sustraer de las entidades rescatadas los activos tóxicos e intentar rentabilizarlos más adelante a mejor precio. Pero las pérdidas recurrentes del organismo han hecho que se consuma todo el capital, y que el Estado se quede con el total de la deuda del banco malo.

Cuando en 2012 se fundó la Sareb, el Ministerio de Economía señaló que no costaría un euro al contribuyente pero, nueve años más tarde, el patrimonio neto de la Sareb, según las cuentas de 2019 es negativo: -7.511 millones. Esa cantidad sumada a los 2.192 millones que puso el Estado, supone una pérdida para el contribuyente por la Sareb de casi 10.000 millones de euros. Una cantidad que se añade a los 42.561 millones que ya tiene calculado el Banco de España que ha costado el rescate financiero.

Los portavoces de la sociedad en 2012 auguraban que Sareb daría beneficios a partir de “la mitad o el último tercio de su vida” y el propio Guindos hablaba de una rentabilidad del 15%, algo que no se ha cumplido si tenemos en cuenta que estatutariamente Sareb tendrá que ser liquidada en 2027.

Portavoces de Sareb a la pregunta de por qué se hizo creer que un vehículo para liquidar activos inmobiliarios contaminados daría incluso beneficios respondieron que: «Esta rentabilidad figuraba en el plan de negocio elaborado con anterioridad al traspaso completo de los activos. Una vez se estudió la composición y características de los activos transferidos, se descartó públicamente este objetivo de rentabilidad».

«El banco malo arranca en un punto controvertido: los activos que se traspasan a su cartera del balance de las entidades no se valoran». Se trata de 400.000 inmuebles repartidos por toda España y valorados en su momento en 50.000 millones. «Alguien decide entonces que hay que aplicar una quita sobre el valor en libros de esos activos del 50%. Y por un momento los gestores están convencidos de que eso sería suficiente para garantizar la rentabilidad», señala una fuente que conoce los entresijos de Sareb.

La sociedad se concibió durante la presidencia de Belén Romana y empezó a funcionar con un capital de 4.800 millones de euros (3.600 millones de los cuales eran deuda subordinada), de los que el Estado puso el 45% y el resto los accionistas. Y emitió bonos por el valor de sus activos tóxicos, 50.000 millones, avalados por el Estado.

En 2015, llega Jaime Echegoyen y la sociedad decide valorar lo que tiene en sus carteras y ve que el FROB ha pagado un precio superior en más de 5.000 millones de euros al valor real de su portfolio.

«La sociedad se constituyó de cero en un momento de completa paralización del sector inmobiliario y con una crisis de confianza en las instituciones financieras. Se le transfirió de acuerdo con los precios fijados por la Administración, una cartera valorada en su momento en 50.780 millones de euros, la mayor parte prestamos impagados», indican portavoces de la sociedad.

A los cuatro años de vida de Sareb, sus gestores entendieron que era un pozo sin fondo y el Consejo de Ministros autorizó a la sociedad, tal y como reveló El Confidencial a no contabilizar como pérdidas el sobreprecio abonado al crear el banco malo. Por lo tanto, Sareb anotaba solo sus pérdidas considerando el valor de mercado de los activos y no el deterioro resultante de pagar más por inmuebles que valían menos. De hecho, en abril 2017, tenía que anunciar la pérdida de 3.200 millones y solo reconoció 751 millones.

Para que la deuda mermase había que liquidar los inmuebles y encoger la cartera. De Guindos confió en que la recuperación del mercado inmobiliario haría todo lo demás pero llegó la pandemia y el turismo se concentró en unas pocas grandes ciudades.

Sareb decidió vender sus inmuebles las propias entidades que los traspasaron como parte de sus activos tóxicos a la sociedad pero los bancos no se interesaron en vender porque esos activos no eran ya su problema.

A finales de 2014, Belén Romana puso la mitad de sus activos en manos de servicers desvinculados de dichos inmuebles: Servihabitat, Haya, Cerberus… lo que implicó gastar más dinero, sin analizar si la plantilla podía asumir esa tarea.

A finales de 2016, el equipo de Valoración de Riesgos pidió salir de la Sareb, algo que se llevó a cabo, al ver una posible disolución por causa de quiebra, precisamente por el sobreprecio original.

En 2018, durante un juicio por su despido, el ex tesorero de la sociedad, Francisco Cordero, denunció que Sareb malvendía sus activos. A comienzos de 2020 el despido del tesorero era declarado nulo.

Otro de los hechos más escandalosos fue la celebración de costosas fiestas para toda la plantilla, ya en tiempos de Jaime Echegoyen, donde los trabajadores se reunían hasta dos veces al año se reunían en lugares como el Palco del Santiago Bernabeu o el Hipódromo para celebrar la llegada de las festividades. La publicación de la noticia, en junio de 2018, terminó con estas prácticas.

Sin embargo, uno de los episodios más destacados dentro de la gestión fue la contratación en 2013 de un crédito swap, en teoría un escudo para defenderse de la subida de los tipos de interés, que en aquel momento estaban por las nubes. En 2019 la Comisión Europea advirtió a Echegoyen de que el swap suscrito suponía «altos costes de financiación». Las últimas estimaciones retratan pérdidas por valor de hasta 3.000 millones de euros.

Portavoces de Sareb señalan que la nueva misión de Sareb es movilizar una cartera de 15.000 viviendas que se destinarán a programas de vivienda social a través de ayuntamientos y comunidades autónomas.

Comparativa de Sareb con otros bancos malos europeos

La comparativa de Sareb con otros bancos malos europeos similares demuestra un fracaso tanto en el diseño como en la gestión. Nama, el banco malo irlandés creado en 2009 por las autoridades irlandesas para colocar 70.000 millones en activos tóxicos, saldó sus deudas en marzo de 2020 y se espera que este 2021 arroje beneficios que irían directos a las arcas públicas. El Northern Rock, el banco malo británico habría saldado su pasivo e ING, en Países Bajos, devolvió al Estado holandés todo el dinero movilizado para su rescate.

La primera y exitosa experiencia de banco malo se produjo en Suecia, a finales de los ochenta y principios de los noventa. El país escandinavo vio cómo se desplomaban los precios de la vivienda y aumentaba el paro y en 1992 decidió nacionalizar las tres principales entidades financieras afectadas: Gota Bank, Nordbanken y Forsta Sparbanken, que habían recibido desde 1989 cuantiosas ayudas públicas.

En 1993 el Gobierno de Estocolmo diseñó su banco malo: creó dos entidades, la Autoridad de Apoyo a los Bancos (AAB) y las Compañías de Administración de Activos (CAA). Una recapitalizaba, vendía o fusionaba los bancos intervenidos y la otra se quedó con los activos tóxicos, para revenderlos en lotes. Ambas entidades aceleraron sus operaciones para rebajar el coste del rescate. De 65.000 millones de euros, Suecia recuperó casi 50.000 millones.

En nueve años, Sareb solo ha rebajado la deuda en unos 15.000 millones de euros. A esto hay que añadir que el pasado miércoles 31 de marzo, la sociedad anunció pérdidas de 1.073 millones en 2020.

Fuente: infoLibre

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