Nos mintieron

Franco no ha muerto, o mejor dicho sólo biológicamente, lo terrible no es que el dictador lo dejara todo atado y bien atado, sino que legiones, en minúscula, de personas apodadas ilustres lo han mantenido vivo. Han desarrollado toda una ideología franquista de corte sociológico, marcadamente populista, que ha inundado lo rural, lo urbano, a pobres y ricos, a mayores y no tanto, bordada en editoriales, libros de textos, homilías, tertulias, barra de bares, fiestas mayores y menores, programas electorales enmascarados y menos, está en el tuétano de algunos que lo vivieron en un bando, y que sus nietos han recogido el testigo para defensa de sus privilegios, y otros, porque el desconocimiento hace estrago en la historia de los pueblos.

No se trata de una macro anécdota historiográfica, España hoy está hablando del dictador, homologable a Mussolini, Hitler, Pinochet, y otros a los que los pueblos hacen justicia a su memoria, para no repetir pasajes tan tenebrosos, que acabaron con vidas por no pensar como mandaban sus dictadores.

España sigue oliendo a dolor de familiares en cunetas, heridas sin cerrar, victimas rotas, destrozos, y sufrimiento inútil.

Este país necesita ser reparado, empezando por su pasado, urge que los condecorados y premiados por sus torturas, como Willy el Niño, sean despojados.No se puede tener a un pueblo, sin entender porque los maltratadores son reconocidos en el siglo siguiente, y sus víctimas silenciadas. Vivimos en un mundo simbólico, especialmente en estas tierras, y el Valle de los Caídos no es una tumba, es el mayor gesto iconográfico material de homenaje a la Dictadura, la secuencia siguiente del Ducado de Franco es otra provocación más a media España, no es que no lo entiendan, es que se sienten violentados con esta herencia manchada de sangre, y para abrir una página nueva hay que cerrar la vieja, con justicia reparadora, y sin reservas.

Kechu Aramburu es Profesora. Ex eurodiputada, ex diputada y ex parlamentaria andaluza con IU. Actualmente es independiente.

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