No se van (In memoriam para Mila)

No se van. Se quedan paseando por sus calles. Y esto es así.

Digo que, los viejos, cuando mueren en sus pueblos, no se van. Se quedan paseando por las calles que les vieron nacen. Se cruzan con todos nosotros y nos sonríen, aunque no podamos, o no sepamos responderles.

Cuando pasamos por sus casas, vacías ya sin ellos, siempre nos asalta un recuerdo o un pinchazo en el corazón. Eso no es casualidad. Eso es que han posado su mano en nuestro hombro para invitarnos a entrar, como hacíamos siempre, cuando éramos pequeños y camino a la plaza nos asomábamos para dar los buenos días y algún que otro beso.

Porque no, no se van. Son sus calles. Las que les vieron nacer, andar, pasear y, al final ya, cojear.

Si miramos despacio, los podremos observar, cabizbajos, con las manos caídas, cansadas de tanto trabajar y tanto luchar.

Ese murmullo del viento es su silencio que nos quiere hacer gritar.

Cuando los viejos mueren en su pueblo… no se van.

Mari Ángeles Solís 

@mangelessolis1 

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