MUJERES VIVAS de Silvia Díaz

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible. Dijo Píndaro.

“Algunas mujeres han sobrevivido al cruzar el gusano de la historia”. Muchas se desintegraron a su paso y muchas nos dejaron huellas suficientes para recordarnos que las mujeres pasamos y pasaremos por la vida sometidas a la poca esponjosa memoria de la política de turno y al vaivén de la pereza intelectual de los paseantes. Cuando camino por las calles abiertas de las grandes ciudades pienso en las mujeres que pisaron sus aceras, imágenes inventadas quizás, pero que me dan solidez, pienso en los árboles que movían el viento por las distintas épocas en las que ellas soñaron con ser, con estar, con dejar algo tras de sí: lo importante, lo filosófico, la entrega, que les habían dado el sentido a sus vidas. Todas soñamos con eso, con irnos, cuando tengamos que hacerlo, y con quedarnos un poco; tal vez anhelamos lo que los poetas: ser una y todo a la vez. Abarcamos la vida como abarcamos a nuestros/as hijos/as, sin embargo, la vida se escurre bajo el olvido espesa y silenciosa y allí se mezcla con lo efímero, con lo defectuoso, con lo transgresor, con anormal, con todo lo que debe permanecer anónimo en la profundidad de la historia; ese lado oscuro que tienen todas las cosas, ya se sabe. Siglos y siglos han cruzado las civilizaciones trayendo guerras, enfermedades, carreteras, tecnología, Facebook, McDonald y siempre nosotras con la misma impresión de que solo hay una sola mano sin la otra, solo el sol sin la sombra, solo el hombre sin la mujer. No se pueden añadir metáforas. Ni parejas inseparables como cara y cruz. Todo parece ocurrir al margen de alguien, de la otra parte, de la otra cara. Podríamos preguntarnos si es fascismo, si es puro desinterés, desidia… Como dice Mary Nash, fundadora del Centro de Investigación Histórica de la Mujer en la Universidad de Barcelona: Hay que releer la historia en clave femenina para rescatar el protagonismo de las mujeres en el pasado y presentar instrumentos para repensar la dinámica histórica en su conjunto. Claro que no sé yo si estamos dispuestos a cuestionar tantas verdades establecidas con un solo puño y letra. Quién se va a atrever a impugnar los estudios sobre la prehistoria, la mala interpretación de las fuentes para uso sexista. Es duro, una tiene la impresión de que hay que empezar de nuevo. Otra vez a coger la piedra, otra vez subirla a la montaña, cumplir el mito de Sísifo. ¿Será así eternamente? Sinceramente, ya que tantas mujeres han sido capaces de hurgar en la historia buscando indicios, de escribir la otra verdad, de cantar al viento, no podemos permanecer sordas a ese ruido, a ese poder. Ese es el único y verdadero cuento que debemos escuchar.

Sin agradecimientos (ni rencores) a nadie, solo al precio que he pagado, os dejo la imagen de una mujer. Para que siga vivo el pensamiento, la diferencia, la aspiración. No basta la ciencia, necesitamos corazón para no olvidar que se sigue olvidando el lado bueno de las cosas.  Esta es una voluntad honesta. Tengo que recordar, al menos. Mi propia sangre podría avergonzarse si no hago ni digo nada. Se puede desmontar el olvido, el tiempo lo demostrará.

Bibliografía para aprender:

Historia de las mujeres: una historia propia (2 vols) Anderson, Bonnie S y Zinsser, Judith P. (1991) Barcelona. Editorial Crítica.

Rosa González: mujer, arte y visibilidad

 

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2 Comments

  1. Buen artículo, Silvia Díaz. Desmontar el olvido, es una alternativa muy sugerente y con muchas posibilidades.

  2. Buen artículo, Silvia Díaz. Desmontar el olvido, es una alternativa muy sugerente y con muchas posibilidades de calar en la población diana.

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