Mónica Nepote: «La gente de Humanidades nos regodeamos en una zona de confort inoperante»

Mónica Nepote es directora del proyecto de e-literatura del Centro de Cultura Digital CDMX. Andrea Tejeda Korkowski
por Juan M. Zafra

Escritora, editora, guionista, pensadora. Mónica Nepote nació en Guadalajara (Jalisco, México). Habita en Ciudad de México, la cuarta ciudad más poblada del planeta, donde dirige el proyecto e-literatura del Centro de Cultura Digital. Es un claro exponente de artista que reconoce, estudia y emplea la tecnología para expandir la creatividad humana. Estudiosa y formadora, es consciente de las oportunidades que genera la colaboración entre el humano y la máquina y también de la necesidad de poner en marcha modelos educativos y creativos en los que la formación sea “un cruce de habilidades técnicas, conocimientos científicos y artísticos”.

-¿Cree posible la creatividad de las máquinas, una creatividad artificial?

-Pienso en esa creatividad en las máquinas como el sueño ancestral del ser humano de inventar esa máquina que por sí misma genere lenguaje, escritura o arte y me remito a distintos momentos de la historia: las ideas de Georg Philipp Harsdörffer en el siglo XVII para generar palabras nuevas o a los autómatas de Jaquet-Droz en el XVIII, que eran capaces de escribir, dibujar y tocar el piano; pienso en eso como aproximaciones a lo que vemos ahora, como esa obsesión por desarrollar inteligencias independientes a lo humano y también pienso que eso es lo que vemos en distintos artistas y escritores-programadores permeados por una idea: la colaboración entre humanos y máquinas.

-¿Habrá siempre un ser humano a los mandos?

-Si bien existe software que escribe o genera información, objetos artísticos, esto no es posible sin la cabeza humana que las diseña y las alimenta (con bases de datos, por ejemplo) y en ese diseño vemos cómo está atravesado por ideología, por posturas políticas, por cuestiones de género y de visión del mundo. Hace poco revisaba un libro impreso con los relatos generados por un software de escritura, un sistema de inteligencia artificial, que generó una serie de historias a partir de los datos con que fue alimentado y con un complejo sistema de asociación de datos. Había en él líneas profundamente patriarcales, las acciones narrativas generadas en el caso de los personajes masculinos subrayaban valentía, enemistad, batallas…; los adjudicados al personaje femenino eran de corte romántico, un ser que buscaba ser tratado de cierta forma y que era objetivo de seducción.

¿De quiénes son estas ideas sino de la cultura? ¿De dónde provienen si no de la forma de entender el mundo de su creador? La tecnología es ese espacio en el que extendemos nuestra visión de mundo, las tecnologías tienen todavía la agencia humana, o la no agencia, o la agencia del patriarcado, que es aún peor. No hay tecnología inocente, ni una que no refleje a quien la programa.

-Ese es un aspecto clave. Se ha impuesto una visión catastrofista del futuro que parece determinado por la tecnología o por el miedo a los cambios que trae consigo. Como si no fuéramos los humanos quienes construimos las máquinas y las dotamos de un propósito.

-En otra línea tendríamos que hablar de cómo los algoritmos están preparados para mecanizarnos, pero este proceso tiene que ver con nuestra ignorancia respecto al uso de las herramientas o a su programación, o la poca injerencia que tenemos en estas, si cedemos nuestra relación al enfoque corporativo y mercantilista.

El mundo proyectado por nosotros a través de esas tecnologías se parece demasiado al mundo capitalista; esas tecnologías “creadoras” están marcadas por la inequidad y tienen un corte profundamente consumista y con fines políticos de vigilancia y control. Habría que fantasear entonces con máquinas que hagan otros mundos, pero empezando por nuestra propia agencia, por nuestra propia construcción de otras posibilidades de mundo antes de soñar con tecnologías distópicas.

-¿Es ese el espacio que le queda al pensamiento, a las artes, a la literatura, a la filosofía, a las Humanidades en un momento como el que vivimos, dominado por las disciplinas STEM -las ciencias, las telecomunicaciones, las ingenierías y las matemáticas-?

-Pienso que el espacio que queda es el que queramos que ocupen. Por un lado, hay diversas iniciativas, proyectos y obras que desde hace años entretejen arte y tecnología. Me parece que las artes como las pensamos desde el romanticismo -el genio creador, la inspiración, la originalidad- han quedado a un lado. La forma en que concebimos el arte, la filosofía o la literatura están pensadas en el contexto contemporáneo desde un cruce de disciplinas y de conocimientos técnicos, manejo de software y hardware.

Es algo que no nos preguntamos con relación a la música o al cine, donde difícilmente podríamos imaginarnos su existencia sin tecnología, de alguna forma sin ingeniería, y todo lo que está detrás de las formas en que se producen y se trabajan. El asunto es que, en el mundo académico, las disciplinas siguen manteniendo categorías basadas en las distancias y la distribución jerárquica de las ciencias, por un lado, y de las artes, por otro. Sin embargo, en otros espacios no académicos esos encuentros suceden.

-La colaboración del humano con la máquina da origen a una nueva tipología de creador, ¿es eso?

-Junto con Geert Lovink, pienso que la gente de Humanidades hemos decidido regodearnos en una zona de confort cada vez más inoperante que nos impide completarnos críticamente. Es decir, nos detiene a la hora de forjar un pensamiento crítico con el que puedo conocer no sólo cómo operan las tecnologías, sino que me ayuda a saber ejecutarlas. Nuestra alfabetización debe mutar a un conocimiento que cruce habilidades técnicas, conocimientos científicos y artísticos y a no permitir vivirlas como una dicotomía.

-La infancia se rebela, se resiste a leer y a escribir. ¿Qué nos están diciendo?

-Siempre digo que inicié un camino en lo digital por la edición y la escritura. Fue la curiosidad y la necesidad de entender la tecnología y la tecnología aplicada a la escritura, la que me ha llevado a la cultura digital. En estos seis años de investigación, el mundo se ha ido componiendo y recomponiendo. Me interesaría destacar cómo aun los niños aprenden en su mayoría como lo hicimos usted y yo: escribiendo a mano.

Hace unos días mi sobrina contó que sus compañeros en el colegio no querían leer ni escribir. Les daba flojera. Y me pareció sintomático, me pareció un relato de ciencia ficción, una distopía, en la que la infancia se rebela, se resiste a leer y a escribir. ¿Qué nos están diciendo? A mis alumnos les pregunto con frecuencia “¿qué es poesía para un escritor del siglo XIX o para un juglar?”.

Tenemos la idea de literatura marcada por el canon más tradicional, pero lo que es un hecho es que escribimos como nunca y lo hacemos de forma distinta. Lo que hasta ahora consideramos literatura está mutando. Y con ello, la forma en la que educamos.

-En la sociedad tecnologizada, como ha ocurrido en otras épocas históricas, parece que se hubiera impuesto la “utilidad de las cosas” por encima de cualquier otro valor. ¿Para que nos sirven las Humanidades? ¿La literatura?

-La utilidad, la corta vida, el consumo excesivo, lo desechable y a la par eso que se desecha por no ser útil no desaparece mágicamente de la tierra por el simple hecho de deshacernos de ello. Somos una especie que extrae recursos de la naturaleza a niveles críticos y que los desecha sin pensar a dónde van a parar, contaminando a niveles críticos.

Para pensar en esto; para abordar el problema, para crear otros imaginarios posibles, para no ceder al capitalismo ni al mercantilismo; para crear tensión entre los deseos corporativistas y nuestros propios deseos, para dar agencia a lo no humano. Y para crear ideas de corresponsabilidad entre nosotros y otros lejanos geográficamente. Crear ingenierías críticas plagadas de pensamiento filosófico o crear máquinas afectivas o literatura que traiga a primer plano las tecnologías ancestrales como tecnologías vigentes y otros sistemas relacionales entres sujetos humanos y no humanos.

Mónica Nepote. Andrea Tejeda Korkowski

-Usted trabaja, crea obras literarias a partir de la web o de las herramientas digitales. Su uso entiendo que va más allá de la creación de obras multiformato, multimedia o transmedia. ¿Cuánto cuenta la tecnología en su proceso creativo?

-Tendríamos que ir despacio. El alfabeto es una tecnología; el papel es otra; el libro es un dispositivo tecnológico. Ya lo dice Lewis Mumford: es un error pensar que la “era del Maquinismo” se origina en la Revolución Industrial, sino que su origen se remonta al principio mismo de la civilización, al principio de una máquina arquetípica, compuesta de partes humanas. Una novela como El Quijote existe porque existía la tecnología libro, ese repositorio de papel y cuya interfaz doble página permite una lectura lineal.

En la escritura transmedial o hipermedial podemos hacer lecturas a partir de textos en secuencia a los que accedemos a partir de hipervínculos y que se prestan para ser leídos en pantallas.

Podemos hablar ahora de lecturas no lineales y, sin embargo, una novela como Rayuela fue un libro que rompió la idea de libro y de secuencia; o de los experimentos del OULIPO, en el que participaban escritores interesados en las matemáticas, que juegan con las variantes y la combinatoria; o de Nanni Balestrini, que cuestionó la idea de reproductibilidad técnica o la producción en serie ideando un sistema de escritura e impresión que generaba ejemplares únicos.

En nuestra vida, en un continúo estar en línea, podemos escribir más rápido, almacenar y compartir; también podemos generar una hiperproducción caótica imposible de clasificar y ordenar. La escritura en plataformas, por ejemplo, es desbordante, ilocalizable e invisible y a la vez es almacenada por las grandes compañías; todos nuestros datos duermen inaccesibles para nosotros en materia de reconstrucción en servidores, pero están a la mano de las instancias de vigilancia; esas conversaciones que perdemos en los sistemas de mensajería instantánea podrían ser una prueba que nos hunda en una corte si un juez determina que requiere nuestras palabras.

-¿Qué aportan las tecnologías a las Humanidades?

-Las máquinas dan la posibilidad de expandir las prácticas artísticas, y, por lo tanto, de generar otros énfasis de pensamiento y de análisis. Actualmente las tecnologías basadas en computadoras, en las redes nodales, nos ofrecen velocidad, conectividad, hipermedialidad o transmedialidad. Son tecnologías que nos resultan atractivas. Pero todo esto tiene un filón de riesgo y lo vemos en nuestros días: hipervisibilidad y dependencia. Las herramientas siempre serán un atractivo para imaginar cómo crear cosas nuevas.

Ana María Uribe, una artista argentina es, por ejemplo, una de las pioneras en las prácticas de literatura digital en América Latina. Comenzó haciendo uso del gif, los primeros gifs animados para darle a sus poemas visuales una cualidad cinética. Otro ejemplo es la posibilidad de generar imágenes, archivos infinitos que después no sabemos bien cómo gestionar, galerías virtuales donde compartimos nuestros gestos artísticos y nuestra insípida vida cotidiana. Después reflexionamos sobre esto en ensayos que tratan sobre qué seres somos en la era hiperinformada.

-¿Se nos ha desviado Internet? ¿Se ha convertido en el nuevo tablero de confrontación geopolítico y económico frente al espacio de conocimiento abierto e inteligencia en el que se creyó?

-Es curioso. Se atribuye a Internet un origen militar cuando en realidad se desarrolló en el ámbito académico y de la universidad. Ahora parece que está cayendo en el terreno de lo militar, de la confrontación, de los intereses de las grandes naciones. No debemos quedarnos con lo negativo: tenemos una enorme capacidad para hacernos daño, pero al mismo tiempo, tenemos la oportunidad única para desarrollar unas tecnologías responsivas, en el sentido de que sirvan para dar respuestas a nuestras necesidades colectivas globales, de permanencia, de colaboración. Podemos y debemos pensar tecnologías sostenibles. Humanicémonos, orientemos nuestro trabajo hacia la humanización.

Mónica Nepote. Andrea Tejeda Korkowski

-Parece obvio señalar que la tecnología ha cambiado nuestra forma de escribir, de pensar, de crear… ¿En qué han consistido esos cambios? ¿Qué cambios están por llegar?

-Lo que me resultaba fascinante en un momento era generar otras textualidades que habitaran espacios fuera del papel, generar ideas que expandieran lo que entendemos por escritura o literatura. Considero que esos cambios por llegar han llegado. Considero que el texto lucha día a día con la imagen y que a veces se entrelaza. Creo que lo que está por llegar es una inmersión más profunda y más colectiva en ese tipo de escrituras, porque los rumbos están puestos para ser explorados un largo rato todavía.

-¿Cómo deberíamos incorporar la tecnología en las aulas de Humanidades?

-En realidad, creo que no es una cuestión de herramientas, sino de una nueva forma de pensar que tiene en cuenta el impacto de la tecnociencia en nuestra existencia.

-La robotización nos liberará de trabajos rutinarios; la inteligencia artificial general, si la alcanzamos (y personalmente estoy convencido de ello) dará a la humanidad la oportunidad de desarrollar aspectos más creativos, quizás de acercarnos a aquello que nos hace más humanos.

-Yo me iría con tiento en este aspecto. No estoy segura de si nos libramos de trabajo a un costo muy alto: dejar que extraigan nuestros datos: la inteligencia artificial en la sala de nuestras casas y en nuestros dormitorios no sé si sea un sueño distópico que suena distinto en comunidades de países como los nuestros, donde somos consumidores de tecnologías más que diseñadores. Insisto, ¿quién piensa esa IA y para servicio de quién?, ¿a quién se la compro, con qué fin otorgo las llaves digitales de mi intimidad?

-¿Será mejor el futuro?

-Durante un taller, me dijo una astrobiologa: “un mundo sí habrá; otra cosa es que nosotros, los humanos, sigamos aquí”. En cierto sentido resulta complicado saber a qué mundo avanzamos. Si no nos metemos desde ya a imaginar otras posibilidades corresponsables con el planeta.


La versión original de esta entrevista aparece publicada en el último número de la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


Juan M. Zafra, Profesor asociado en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual, Universidad Carlos III

 

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Revista onubense de Actualidad, Cultura y Ocio, editada por AC LAMDO, entidad sin ánimo de lucro inscrita en el Registro de Asociaciones de Andalucía con el número 4318 de la Sección 1. Director: Perico Echevarría - © Copyright LAMDO 2017 / ISSN 2603-817X

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