Malcriados

Creo que nos malcriaron. Nos habían enseñado que la vida era como las frases que nos regala Paulo Coelho, que el bienestar era una conquista que  no tenía marcha atrás y mira… “Una gripe joía” (que diría Paco Gandía) ha puesto el mundo boca abajo.

Por eso nos resistimos a entender cómo pudo sucedernos y -como lo seguimos considerando un mal sueño- ahí estamos haciendo actividades del tipo “la vida es bella” y colgándolas en nuestras redes sociales, después de su paso por el balcón de casa.

Pero como no terminamos de fiarnos del todo de que esto sea lo que queremos que sea, antes de los memes, de los pensamientos positivos y agradecimientos a todo el mundo mundial, arrasamos los supermercados, por si acaso. Ahora estamos en los balcones y, entre aplauso y aplauso, increpamos a los que están en la calle, a pesar de no saber por qué lo hacen. Criticamos a los gobiernos (a todos) por las decisiones que toman ante un problema absolutamente desconocido. Curiosamente son esos mismos gobiernos que previamente habíamos votado y que tan bien, según algunos, resolvieron lo de la economía a base de recortar las partidas de gasto sanitario y social, entre otras.

Desde que comenzó todo, nos engañamos utilizando una nueva unidad de medida: quince días. Del mes de abril nos tendremos que olvidar, igual que hemos hecho ya con el de marzo, por lo menos en lo que a la actividad económica se refiere; pero seguimos contando los periodos en fracciones de quince días, que es el máximo tiempo que el Congreso puede declarar el estado de alarma.

Como nos malcriaron, somos bien pensados y creemos que esto nos va a hacer mejores personas. Que lo que estamos padeciendo en esta cuarentena va a sacar definitivamente lo mejor de nosotros y que habrá un antes y un después. Nuevamente pensamos en Coelho y nos olvidamos, por ejemplo, que tras la primera guerra mundial vino la segunda y que si por algo se caracteriza el ser humano es por la falta de memoria.

No sabemos cuándo acabará esto, y el que diga que lo sabe miente. Pero yo me atrevo a hacer una profecía: acabe esto cuando acabe, el buenismo durará el tiempo de esa nueva unidad de medida acuñada, quince días. Luego volverá a ser todo como antes; seguiremos sin saludarnos en los rellanos de la escalera, volverá a ser penoso eso de sacar los perros a pasear, volverá la contaminación a nuestras ciudades, los animales salvajes dejarán de pasearse por los núcleos de población, seguiremos metiéndonos con los gobiernos y los “cuñaos” seguirán impartiendo videodoctrina en Twitter e Instagram.

No crean tras la lectura de estas líneas que soy un pesimista. A pesar de lo escrito veo el futuro con optimismo, con mucho optimismo si me apuran. En lo que no confío es en esa bondad 2.0 sobrevenida, porque no es la primera pandemia que asola a la humanidad, ni será la última, y porque conocí en primera persona las consecuencias de algún desastre natural y de alguna guerra.


Javier Polo Brazo, columnista de La Mar de Onuba, es fotógrafo, cineasta y escritor. Ente sus obras destacan el cortometraje Andar dos kilómetros en línea recta y el documental Las Altas Aceras. Desarrolla su actividad profesional en los campos de los Recursos Humanos, la gestión de calidad y la Responsabilidad Social Corporativa.

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