Los diecinueve de la zona euro se financian gratis

Francisco Villanueva

La eurozona se financia gratis porque el Banco Central Europeo podría empezar a operar con tasas negativas. Para los bancos esa medida perjudicará el ahorro y sin duda es una revolución para los que llevamos toda la vida estudiando la economía.

Las medidas tomadas para enfrentar la crisis económica de 2008 siguen provocando consecuencias insospechadas en Europa, que no logra volver a una situación monetaria “tradicional”. La Eurozona crece muy poco, algo más del 1%. Alemania e Italia (primera y tercera potencias del euro) caminan al borde del precipicio de la recesión y sólo España (cuarta) crece la que más del bloque europeo con casi el 2,5%.

La situación de déficit público y desempleo vuelve a niveles anteriores a la crisis pero la economía no acelera y hace cinco años que el Banco Central Europeo (BCE), a las mandos de un italiano de formación jesuita y espíritu algo germano como Mario Draghi, no consigue que la inflación se acerque el 2%, la tasa que los tratados europeos le imponen como mandato.

Draghi salvó al euro en lo peor de la crisis con un “haré lo necesario y, créanme, será suficiente”, unas palabras dirigidas a una reunión de inversores en Londres en 2012 que fueron el preludio de la salida en tromba del BCE en los mercados de deuda con un programa de compra de deuda pública y privada que detuvo los ataques contra Italia y España, bloqueó la sangría griega y empezó a estabilizar a la Eurozona.

Pero aquellas medidas, imprescindibles según todos los analistas y que quedarán como el gran momento de un Draghi que acaba su mandato el próximo 31 de octubre, condujeron a una situación monetaria extraordinaria que ahora parece imposible revertir.

Las tasas de interés de referencia de la Eurozona se fueron al 0,0%, Draghi empezó a cobrar a los bancos por guardarles en el BCE sus depósitos (para que se animaran a conceder más créditos y espabilaran la economía real) y arreció con la compra de deudas.

La política económica y fiscal, bien amarrada por Berlín, no siguió los pasos del BCE como pidieron Draghi y la Comisión Europea. Los países con margen fiscal para invertir no lo hicieron. Los que no tenían margen no pudieron. Y la Eurozona entró en la situación de parálisis actual que, gracias a las compras de deuda del BCE, produjo un aumento masivo de liquidez en los mercados que hinchó las bolsas y desplomó el riesgo país.

Los bonos a 10 años de la mayoría de los 19 países de la Eurozona están muy cerca del 0,0%, con varios ya en tasas negativas y los más dañados económicamente rondando el 2% (Italia 2,14% y Grecia 2,5%). La semana pasada los mercados cerraron con el bono francés a 10 años al 0,02%, el español al 0,39%, el alemán a -0,29% y el euro en caída cotizando ya a 1,135 dólares ante los ataques de Donald Trump a Draghi, a quien acusa de alterar el valor de la moneda europea para fomentar las exportaciones de Europa contra las de Estados Unidos. La famosa prima de riesgo de España que llegó a los 350 puntos con Zapatero, y superó los 650 puntos antes del rescate con Rajoy, ahora no existe y es de cómo mucho…entre 40 y 70 puntos.

La tasa negativa alemana (en lugar de pagar, el Tesoro alemán cobra intereses por colocar sus bonos, convirtiendo en un negocio para el Estado la emisión de deuda) se repite en países como los escandinavos, Holanda o Suiza y ya está al alcance de Francia, Luxemburgo o Bélgica. Mientras países del Mediterráneo como España y Portugal, que tradicionalmente tuvieron que ofrecer un diferencial importante para colocar sus bonos, ya los venden con intereses por debajo del 0,5%. Todas esas tasas permiten en realidad financiarse gratis.

La inflación en la Eurozona está al 1,2% y las previsiones a los plazos más largos, hasta una década, hablan de una inflación rondando el 1%. Si a los intereses de los bonos rondando el 0,0% se descuenta la inflación, la mayoría de la Eurozona ya se estaría financiando gratis.

Algunos países quieren aprovechar la situación para innovar. Austria está estudiando lanzar una emisión de prueba de 3.000 millones de euros en bonos a cinco años que añadiría otro a 100 años. En septiembre de 2017 ya colocó 3.500 millones a 100 años, una colocación para la que recibió ofertas por 11.400 millones. Ese bono, que vencerá en 2117, se vende cotiza hoy en los mercados financieros al 1,12%.

La última idea de Draghi para cambiar esta situación es tomar más medidas heterodoxas, empezando por bajar las tasas de interés de referencia por debajo del 0,0%, poniéndolas en territorio negativo, algo que ya hizo con moderado éxito el Banco Central de Japón. La reunión de mediados de junio del máximo órgano de gobierno del BCE decidió que si la situación económica de la Eurozona no mejora a corto plazo, antes de finales de año las tasas de interés podrían bajar a territorio negativo.

Meter las tasas en territorio negativo tiene efectos positivos si empuja al alza a la economía y espabila los precios (en Europa el riesgo, más que de inflación, es de deflación) y negativos (pérdida de ahorro, sobre todo con una población que envejece).

Familias y empresas pagarán menos intereses por sus préstamos, teniendo más liquidez para gasto corriente e inversiones, pero a la vez recibirán cada vez menos interés por ahorrar o directamente tendrán que pagar al banco por guardarle el dinero.

Temiendo esta situación, la banca ya empezó a cobrar en la Eurozona a sus grandes clientes institucionales, como aseguradoras y gestores de fondos de inversión, por guardarles su dinero.

Draghi además podría aumentar el interés que cobra a los bancos por guardarles su liquidez en el BCE del 0,4% actual al 0,7%. Eso haría, en teoría, que los bancos inmovilizaran menos dinero y concedieran más crédito, pero los críticos de esa medida dicen que no hay suficiente demanda de crédito para que aumente considerablemente.

El último y prioritario objetivo es que la inflación crezca o al menos que la Eurozona no caiga en deflación, un escenario que ya rondó tras las medidas monetarias extraordinarias de 2012. La deflación provocaría una situación de difícil control y potencialmente catastrófica porque generaría un círculo vicioso para el que, como demuestra Japón, no hay soluciones milagro: caen los precios, los ciudadanos retrasan las compras esperando que caigan más, cae la producción y la inversión, cae el empleo y menos ciudadanos compran, lo que provoca más caídas de precios y así sucesivamente en un ciclo negativo para el que los manuales de Economía tienen pocas respuestas.

A los bancos no les hizo ninguna gracia el anuncio. Esa medida haría que tuvieran que cobrar por guardar los depósitos de los europeos. El BCE no trata de ayudar así a los bancos sino de hacer que los ciudadanos dejen de ahorrar y gasten para aumentar la demanda interna del bloque. Si para guardar la plata en el banco hay que pagar intereses, tal vez, piensa Draghi, el europeo medio se plantee gastarla.

Los bancos dicen lo evidente: eso perjudicará el ahorro. Aunque Draghi lo que no quiere es más ahorro. Y algo menos evidente y que los banqueros dicen con la boca pequeña: su negocio se verá perjudicado si la idea funciona. Las asociaciones bancarias aseguran que aunque respetan el trabajo del BCE (sin él hubieran caído de rodillas en lo peor de la crisis), “las tasas negativas no son buenas para los márgenes bancarios”.

Una de las grandes dudas de los mercados financieros y de las instituciones europeas se disipó hace poco. En el complejo puzzle que supone el nombramiento de los altos cargos de las instituciones europeas, la responsabilidad de manejar el timón del euro recayó en la directora general del FMI y ex ministra de Finanzas francesa Christine Lagarde.

El sur de Europa respiró al saber que la silla no acabaría sosteniendo las posaderas de Jens Weidmann, el actual presidente del Bundesbank, un halcón que llegó a llevar a los tribunales uno de los programas clave de Mario Draghi, la compra de deuda en los mercados financieros para sostener el riesgo país del sur de Europa en lo peor de la crisis. Un tipo incierto.

Lagarde, esperan los gobiernos europeos, debería hacer una política continuista, aunque llegará al cargo el 1 de noviembre posiblemente con las tasas ya por debajo del 0,0% y sin mucho margen de maniobra. Jurista de formación y sin estudios de economía, la antigua especialista en natación sincronizada deberá demostrar que su falta de experiencia en política monetaria puede suplirla con su capacidad negociadora, su hábil estilo comunicador y rodeándose de un equipo de profesionales y expertos de alto nivel. Veremos…


Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero.

En Twitter: @FranciscoVill87

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