Las piedras sienten

(Dedicado a Ana Díaz)

A la luz de las velas jugaban a renacer sentimientos. Luego, cuando se iban, sólo las piedras quedaban… eran, acaso, el preludio de lo que debía suceder.

Es destino es un camino tortuoso que borra huellas a su antojo pero, siempre sabe llevarnos, con los ojos vendados, hasta el más alto peldaño donde la luz brilla con esos recuerdos que jamás quisimos borrar.

Es por eso que las piedras sienten. Las calles de piedra tienen un “no sé qué”, que nos envuelve de misterio… Aquella calle, con escaleras de piedra y musgo verde creciendo entre sus pliegues, entre sus arrugas… cuando la lluvia cae las acaricia con una cadencia desconocida si no puedes sentirlas. Palpitan en cada huella, suspiran en cada latido. Los pequeños cipreses de los lados juran que las han visto llorar… pero, no como lluvia de primavera, sino de otoño, persistente, muda, fría. Que mira hasta el infinito pero se queda apenas en el horizonte.

Si el dolor se apodera de tu alma, paséala, piérdete en ella como si fuese lo único que quedase en el mundo. Si lo que te muerde es la felicidad, siéntate y mira pasar el olvido. Porque las piedras sienten… intentan hablarte cuando las pisas. Escúchalas. Te dirán que el camino nunca termina, que el truco es disfrutar cada paso, cada estación, cada peldaño. Sangran por dentro cuando tú pasas. Porque tú eres la fuerza hecha mujer. Tú que has sembrado tu camino de un maravilloso ejemplo, se arrodillan cuando te sienten. Es la libertad por la que luchaste, la igualdad que sembraste, la solidaridad que promulgaste.

Es la forma en que recorres el camino lo que forjará tu destino. Te lo dicen las piedras y la luz de horizonte, esa que te deslumbra cuando quieres dormir. Las piedras te dirán que eres fuerte, que eres grande, Ana Díaz. Porque las piedras sienten…


Mari Ángeles Solís del Río

@mangelessolis1

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