Las muertes de García Caparrós: ¿Quiénes eran y son «los apedreadores»?

Colaboración de Rosa Burgos, autora del libro ‘Las muertes de García Caparrós’, editado por la Revista EL OBSERVADOR. En él se recogen los “Documentos del sumario judicial “Homicidio de Manuel José García Caparrós”, así como los “Documentos y actas de la Comisión de Encuesta del Congreso de los Diputados del Caso García Caparrós”. Más de 1.000 escritos publicados en su día por EL OBSERVADOR y que el diario El País ayudó a difundir, y que están colgados en abierto en la web www.revistaelobservador.com.
“Que el calibre de la bala que mató a Caparrós es de 9 mm corto (salvo que la cambiaran antes de emitirse el informe de balística); que la Policía Armada utilizaba, normalmente, ese tipo de munición; que sobre un policía, M.P.R., recaen bastantes indicios para deducir que pudo ser el autor; que la investigación parlamentaria y la judicial fue nefasta y muy deficiente; que los informes de balística dudan que la bala hubiera estado alojada en un cuerpo humano porque limpiaron los restos orgánicos para examinar su calibre…”.

 

“Ante tanto desafuero es necesario hacerse una sola pregunta: ¿Quiénes eran y son ‘los apedreadores’ en el caso de Manuel José García Caparrós?”.

Rosa Burgos, la única autora que ha escrito dos libros sobre la muerte de Manuel José García Caparrós el 4 de diciembre de 1977, en plena lucha por la autonomía andaluza, escribe en esta Tribuna sobre cómo continúa el secretismo en torno a la muerte del joven malagueño, y las deducciones que ha podido hacer a lo largo de los años: “Que el calibre de la bala es de 9 mm corto (salvo que la cambiaran antes de emitirse el informe de balística); que la Policía Armada utilizaba, normalmente, ese tipo de munición; que sobre un policía, M.P.R., recaen bastantes indicios para deducir que pudo ser el autor; que las investigación parlamentaria y la judicial fueron nefastas y muy deficientes; que los informes de balística dudan que la bala hubiera estado alojada en un cuerpo humano porque limpiaron los restos orgánicos para examinar su calibre…”.

Revista El Observador

por Rosa Burgos

Con el epíteto de apedreadores se refería el subdirector general de Seguridad, José Sainz González, en su informe de 14 de diciembre de 1977, a las personas que participaron en Málaga en la manifestación el 4 de diciembre de ese año, para justificar la muerte del joven García Caparrós. Pero apedreadores no son solos los que lanzaban piedras ese 4D, puesto que ese calificativo se puede asignar a otros muchos en el caso que nos ocupa, en otros sucesos de la Transición o, incluso —peor aún—, en la actualidad.

Manuel José García Caparrós

A finales del año 2018 solicité a la Mesa del Congreso de los Diputados, acceder a la documentación que me faltaba: las grabaciones o las transcripciones de los ochenta y cinco testigos que declaran en la Comisión de Encuesta y el informe del subdirector general de Seguridad. La petición la realicé después de editarse los libros La muerte de García Caparrós en la Transición política, 2008, Las muertes de García Caparrós, en 2017, (acompañados de un magnífico prólogo del primer presidente democrático de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, al que nunca le agradeceremos lo suficiente su tesón por la autonomía de Andalucía), y de publicar altruistamente en la web de la editorial Airón Sesenta, revista El Observador, cerca de setecientos documentos porque se incluyeron también los de los hechos acaecidos en la universidad de La Laguna, cuando matan a otro joven, Fernández Quesada, investigados en El sumario Fernández Quesada ¿una transición modélica?, Ediciones Idea, 2008, y La bala que cayó del cielo, El Garaje S.L., 2012.

La justificación que di es que la restante documentación la había solicitado, y obtenido, siguiendo los cauces legales, y me la habían entregado voluntariamente sin importarles si regía o no la Ley 9/1968, de 5 de abril, sobre secretos oficiales. Por tanto, era absurdo que me los denegaran porque, no solo había publicado esos libros a los que antes aludí sino porque, además, todos los documentos secretos estaban al alcance de cualquiera en internet.

Tres meses después el secretario general del Congreso me autoriza a consultar solamente el informe del subdirector general de Seguridad, eso sí, “previa disociación de los datos de carácter personal de conformidad con lo dispuesto en el artículo 57.1c) de la Ley 16/1985, de Patrimonio Histórico Español”, según su tenor literal. Ni media mención hace a la Ley de secretos oficiales, entre otros motivos porque si la aplicaran tendrían que secuestrarme los libros publicados y/o exigir responsabilidad a las personas que me autorizaron a examinar los documentos, a los que les debemos estar infinitamente agradecidos, claro, porque de otro modo nunca hubiéramos sabido lo que hoy sabemos. En cuanto a las cintas magnetofónicas, al no estar digitalizadas y, “resultando necesaria dicha disociación de datos”, me deniegan su audición o consulta. Nunca me afirmaron que estaban en proceso de hacerlo, tampoco que tuvieran esa intención.

“Hubo una serie de favores envenenados y una serie de indicios que conducen hacia uno de los policías, M.P.R.”, señala Rosa Burgos, autora de ‘Las muertes de García Caparrós’. Libro editado por EL OBSERVADOR.

En el Archivo del Congreso me entregan el dichoso informe y observo que, lo que ellos llaman “disociación de los datos de carácter personal” consistía, ni más ni menos, que en tachar con tipex los dos únicos nombres que aparecen y que, al trasluz, se podían leer perfectamente; esos dos nombres son: “José Manuel” García Caparrós y el emisor del informe, José Sainz. Las leyes se cumplieron a rajatabla, la Cámara Baja podía estar satisfecha. Apedreadores. No me extraña que los familiares de las víctimas, las asociaciones de la Memoria Histórica y los investigadores estén indignados e irritados. No es para menos, en su camino se han encontrado a muchos vetadores.

José Sainz, subdirector general de Seguridad, un hombre de casi dos metros de altura y mano derecha de su ministro, Martín Villa, al que apodaban sus víctimas como Pepe el gordo, vino a Málaga a lo que vino: a tapar y embrollar la investigación sobre el asesinato. Para empezar ya sabía el calibre de la bala que lo mató antes de hacerse la prueba de balística incluso, pues se hizo el 15 de diciembre y el informe es de un día antes; le echa la culpa a la Policía Armada en general, sin especificar ni investigar a nadie en concreto, así, generalizando, evita que se pueda seguir la pista al autor, al verdadero autor; miente sobre el números de heridos; calla que al frente de la escuadra de Pabón había un teniente que, por cierto, resultó herido y lo obvia (esos datos era interesante que la gente no los supiese); se olvida que un capitán salió ese día a la calle y dio órdenes; miente sobre los impactos en el “palacio diputacional”, como él lo llama; designa apedreadores anarquistas a los que se enfrentan con los policías que disparan; protege apasionadamente al gobernador civil, Enrique Riverola; justifica los disparos “al aire” porque, según una “información confidencial”, los manifestantes podían asaltar el cuartel que se encontraba en las proximidades; habla de expedientes disciplinarios  a ciertos policías, pero no da ni un solo nombre; tiene claro que “José Manuel” formaba parte del grupo de atacantes que arrojaban piedras a los agentes de la autoridad; etc.

Pero, ¿cuál fue la verdad?, ¿qué ocurrió ese 4D? Desde luego no lo que dicen los informes oficiales, sino lo que deduzco de declaraciones de centenares de testigos: que Manuel José (y no “José Manuel”) salió el 4 de diciembre de 1977, en Málaga, a la manifestación para reclamar autonomía para Andalucía, igual que miles de andaluces; que el lugar donde le disparan es en la esquina de la calle Vendeja con Alameda de Colón y no donde colocaron la placa conmemorativa y el cartel de Memoria Histórica; que el calibre de la bala es de 9mm corto (salvo que la cambiaran antes de emitirse el informe de balística); que la Policía Armada utilizaba, normalmente, ese tipo de munición; que sobre un policía, M.P.R., recaen bastantes indicios para deducir que pudo ser el autor; que la investigación parlamentaria y la judicial fue nefasta y muy deficiente; que los informes de balística dudan que la bala hubiera estado alojada en un cuerpo humano porque limpiaron los restos orgánicos para examinar su calibre; etc.

Ante tanto desafuero es necesario hacerse una sola pregunta: ¿Quiénes eran y son los apedreadores en el caso de Manuel José García Caparrós?

Rosa Burgos y Las muertes de García Caparrós
Rosa Burgos

La abogada Rosa Burgos es la única autora que ha escrito dos libros sobre la muerte del joven malagueño Manuel José García Caparrós el 4 de diciembre de 1977, en plena lucha por la autonomía andaluza. Lo mató de un disparo un miembro de la  Policía Armada. Y se dan las iniciales del mismo en su último libro Las muertes de García Caparrós, editado por esta revista. En ese libro se recogen todos los documentos del sumario judicial Homicidio de Manuel José García Caparrós, así como los “Documentos y actas de la Comisión de Encuesta del Congreso de los Diputados del Caso García Caparrós”.

En total, entre el libro y la web, son más de 1.000 documentos publicados en su día por la revista EL OBSERVADOR y que el diario El País ayudó a difundir y que se pueden leer en papel y en la web de la revista.

Entre el libro y la web de EL OBSERVADOR se puede acceder a todos los documentos generados en el sumario judicial 161/1977 incoado el «4 de diciembre de 1977» en el Juzgado de Instrucción número Tres de Málaga, sobre el «Homicidio de Manuel José García Caparros y otros delitos», al sumario íntegro, AQUÍ. También se incluyen las actas secretas de la Comisión de Encuesta o Investigación que el Congreso de los Diputados llevó a cabo durante los años 1977 y 1978 sobre los sucesos de Málaga del 4 de diciembre de 1977, que causaron la muerte de Manuel José García Caparrós AQUÍ.

Haga clic en la imagen para acceder a la entrevista de El Observador con la autora Rosa Burgos

Curiosamente son estos los documentos que la familia de Caparrós y algunos grupos políticos siguen pidiendo inexplicablemente porque dicen que no los han podido ver. Cuando están al alcance de cualquier persona en el libro referenciado y en la web de la revista. La Junta de Andalucía en su momento compró ejemplares de Las muertes de García Caparrós porque en este volumen vienen impresos numerosos documentos. Así que no solo están en la web, sino en soporte papel.

Puede leerse mucha más información inédita sobre el caso García Caparrós y sobre  las circunstancias que llevaron a conseguir los documentos que se incluyen en los libros de Rosa Burgos linkando AQUÍ.

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