Las empresas tecnológicas se hacen con el mercado global

Francisco Villanueva Navas.

La “generación fintech” crece, se diversifica y ya produce cambios profundos en el mundo del dinero. La movida es liderada por unas 60 startups tecnológicas vinculadas a los servicios financieros digitales, que revolucionan los negocios de bancos, financieras, agentes bursátiles, servicios de comercio exterior y compañías de seguro. El auge de las fintech cuenta con el aval explícito de las autoridades, que busca limitar el uso del dinero físico y expandir la “inclusión financiera” y la bancarización. Ante ese desafío, las empresas tradicionales reconvierten sus procesos al mundo digital captando innovaciones y socios con ideas disruptivas.

El avance de las tecnológicas financieras es notable. La mayoría está enfocada en las billeteras virtuales, pagos móviles y préstamos, lo que representa un desafío para la banca tradicional. La tecnología permite hacer cosas que antes no se podían. Se van creando nuevas herramientas y servicios, pero los cambios de hábito de los consumidores son muy lentos y pesados.

El universo fintech viene introduciendo muchas novedades. En 2016, el gigante PayPal llegó para ofrecer pagos electrónicos de compras y ventas al exterior sin uso de tarjeta. Los bancos tradicionales se expanden con aperturas de sucursales físicas, ellos lo hacen por Internet. El sistema tiene miles de clientes, en su mayoría autónomos y profesionales que exportan servicios al mundo.

En el mercado sostienen que la robusta irrupción fintech, al menos en un inicio, sería complementaria de bancos, financieras y agentes de bolsa. Y prevén que a mediano plazo habrá un proceso de fusiones, tal como ocurre en otras partes del mundo.

La realidad es que estas startups ocupan nichos desatendidos por los bancos, porque son montos chicos y no les interesa. Le apuntan a las cuentas grandes, seguras y operan bajo regulaciones. Las fintech son conceptos de acceso al crédito muy innovadores y con procesos más eficientes. Por otro lado, se rechaza el argumento de competencia desleal por parte de la banca. Se dice que la movida de las finanzas virtuales es inevitable y que “no se puede tapar el sol con las manos”.

Hay otras tecnológicas que surgieron más recientemente apuntando a participar como inversor o simplemente para asesorarse, como iBillioner, BosApp y B-Trader. Mientras cursaba la carrera de Economía, Nicolás Galarza creó Quiena, una plataforma de inversión virtual que permite comprar acciones de empresas en cualquier parte del mundo, sin cuantía mínima y con tarjeta de crédito o transferencia bancaria.

Se trata de un sistema que arma la cartera de inversión según el perfil del usuario. Con tan sólo 25 años, Galarza sostiene que así, “una persona puede comprar acciones de Google, Tesla, Facebook como si comprara un libro en Amazon.

El surgimiento de la nueva generación fintech desafía a los mercados financieros tradicionales. Bancos, aseguradoras y financieras reconvierten sus procesos para dar la batalla. Tal como plantea Alejandro Cosentino, CEO de Afluenta, la reacción de las compañías “analógicas” apunta en varios sentidos pero con un único objetivo: innovar y adaptarse a la nueva era tecnológica.

Sobre los planteos regulatorios para la fintech, antes había mucho rechazo y prejuicio de los bancos, pero ahora hay una actitud más colaborativa. Admite, eso sí, que el panorama para las empresas tradicionales es complejo por tratarse de un mercado extremadamente regulado. En este sentido, el ejecutivo cree que con el tiempo prosperarán iniciativas para fomentar el surgimiento de nuevas fintech. En México, el Congreso está a punto de sancionar una ley para las fintech. Y lo mismo se discute en varios países europeos.

Un imán para las inversiones Más allá de esto, las tecnológicas financieras avanzan contra viento y marea. En el último trimestre de 2017, la inversión mundial en fintech alcanzó los 31.000 millones de dólares, según indica el último informe Pulse of Fintech elaborado por la consultora KPMG.

Los procesos electrónicos en transferencias y pagos electrónicos reducen los costes. Pero hay regulaciones para la banca tradicional que no alcanzan a las fintech, como los encajes bancarios, que son parte de los recursos que deben mantener congelados de los depósitos de sus clientes. Desde otro ángulo se dice que las fintech aprovechan nichos y públicos desatendidos por los bancos, como los microcréditos y las cuentas de saldos escasos.

Muchas tecnológicas tienen dificultades para atender las regulaciones y la legislación vigente. Las tecnológicas observan las necesidades insatisfechas y tratan de resolverlas mediante desarrollos innovadores. Y sólo después analizan si son factibles. Un mundo por desarrollar.

Francisco Villanueva Navas, colaborador habitual de La Mar de Onuba es  economista y periodista financiero. En Twitter, @FranciscoVill87.

 

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