La Universidad, aceleradora del conocimiento interdisciplinar en la era pos-COVID-19

TELOS
por Emilio Lora-Tamayo

 

 

La irrupción en nuestras vidas de la COVID-19 ha desbaratado de una forma radical nuestra percepción de la realidad, de la seguridad y de lo cotidiano. La sociedad en su conjunto, ya inmersa en la complejidad y en la incertidumbre que generan las transformaciones disruptivas actuales, se ha visto paralizada por el golpe mortal que la biología ha dado al orden mundial establecido.

En medio de la crisis, las grandes tecnologías de tratamiento de datos masivos, la inteligencia artificial, la ingeniería genética y las tecnologías de la comunicación se han convertido en las herramientas más poderosas para enfrentarse a esta situación, pero también se han mostrado relevantes otras áreas de conocimiento más alejadas de las anteriores como la confección o las manufacturas. Y estamos aprendiendo, como ocurre en las grandes crisis, a diferenciar lo esencial, de lo superficial, tras reconocer nuestras debilidades y fortalezas.

En este orden, la pandemia ha revalorizado el rigor del conocimiento y la autoridad derivada del mismo para hacerle frente. Se ha convertido en la referencia aceptada por todos para la supervivencia, por lo que no deberíamos desaprovechar esta oportunidad para reclamar una mínima conciencia social de lo que supone el conocimiento científico-técnico en un momento en el que nuestros esfuerzos deben enfocarse a reconstruir un nuevo ecosistema a partir de la salida del estado de shock.

Una economía al servicio de las personas

Un mundo que seguirá siendo intensivo en el uso de la tecnología, pero con otra visión más humanista, más flexible y con una mayor capacidad de adaptación. Una sociedad del conocimiento que vaya más allá de un mensaje repetido y que de verdad considere al conocimiento en su rigor como referente para tomar las decisiones que activen mejores realidades sociales: una economía al servicio de las personas; capacidades estratégicas industriales; una convivencia y un tejido social estructurado en solidaridad y colaboración.

En el pos-Covid-19 tendremos que analizar y valorar cuidadosamente todo ello, pero hoy ya se puede afirmar que hace falta no sólo una investigación científica y técnica que se dirija a objetivos concretos, sino que es necesario que esa generación del conocimiento sea interdisciplinar. Sólo una aproximación que combine el conocimiento con el desarrollo de capacidades, técnicas, tecnologías, y abordajes de otras disciplinas, será garantía de éxito para estar preparados ante problemas de estas características que se repetirán en el futuro.

Estudiar los fenómenos desde múltiples disciplinas, de forma transversal, y comprender así los mecanismos de funcionamiento se hace imprescindible o, mejor dicho, en ello puede ir nuestra supervivencia.

Esta atención a la generación del conocimiento y a la investigación técnica requiere, asimismo, la incorporación de personal cuidadosa y rigurosamente formado en distintas disciplinas, que no dejen de contemplar nunca, además de la profundidad de los conocimientos, la dimensión social y humana de los mismos. Sin ella, difícilmente se pueden tender los puentes que aseguren la dimensión interdisciplinar que hoy en día, más que nunca, debe tener la ciencia y la tecnología.

Es un hecho constatado que la sola inversión en investigación y desarrollo (I+D) no garantiza de modo automático un impacto positivo de los resultados en el despliegue de modelos de crecimiento alternativos o en el sostenimiento o mejora del nivel de la salud y el bienestar social.

Para que tenga éxito es preciso que esté sujeta al principio de cuenta y razón y sea, además de razonable, programada, sostenida en el tiempo, dirigida con criterios de eficiencia y eficacia, y alejada de condicionantes políticos coyunturales.

La inversión debe ser gestionada, además, con criterios de oportunidad y flexibilidad, que respondan a la casuística variada y a la necesidad de implementar las respuestas ágiles que exige actualmente el cambiante panorama de la I+D, su internacionalización, las oportunidades y necesidades sociales y el mercado globalizado de ideas, proyectos e investigadores.

Un mayor y mejor conocimiento e innovación

Y no se puede desligar todo este proceso de la dimensión política. No se progresará hasta que los dirigentes políticos pasen de las palabras a los hechos en el reconocimiento de que, sin formación y sin ciencia, no hay futuro, invirtiendo los recursos adecuados y manteniendo su apuesta en el tiempo.

La agenda global se va a reordenar tras esta pandemia y tendremos que generar un mayor y mejor conocimiento e innovación que favorezca la creación de nuevos empleos, una gestión sostenible de los recursos y una sociedad más equitativa.

Estamos construyendo una nueva realidad en la que el paradigma ya definido por algunos autores será “lo digital por defecto” frente a “lo digital por excepción” y, en el caso concreto de la educación, la nueva normalidad nos llevará a un nuevo modelo de educación híbrida, en el que la enseñanza online tendrá un protagonismo creciente.

Nuestro objetivo profesional y personal como docentes e investigadores es avanzar desde la Universidad en nuestras capacidades pedagógicas y en técnicas innovadoras para desarrollar las nuevas actividades formativas demandadas. Y nuestra responsabilidad es formar a jóvenes que nos superen para que, ante la próxima amenaza, estén mejor preparados para responder al modelo de sociedad que deseamos para nosotros y para las generaciones futuras.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista TELOS, de Fundación Telefónica.


Emilio Lora-Tamayo, Rector de la Universidad Camilo José Cela. Investigador, científico, experto en procesos de innovación y transferencia de conocimiento, es Doctor en Ciencias Físicas por la UCM y D.E.A. en Electricidad, Electrónica y Automática, por la Universidad Paul Sabatier de Toulouse (Francia). Catedrático de Electrónica de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha ocupado la presidencia del CSIC entre 2003 y 2004, y posteriormente entre 2012 y 2018.
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