La tradición del Pirulito sigue viva en Galaroza

La población cachonera recupera esta tradición ancestral que incluye canciones típicas y aspectos estéticos de gran relevancia para el patrimonio etnográfico de la zona.

El Pirulito es una manifestación festiva que se continúa celebrando en diversos pueblos de la Sierra. Enmarcado en la festividad de San Juan, presenta aspectos estéticos y simbólicos comunes en todas sus ubicaciones. Se trata de una conmemoración relacionada con los ritos de San Juan y el solsticio de verano, sólo que, en lugar de ensalzar al fuego y sus diversas manifestaciones, se realiza un homenaje a la naturaleza. Se levanta un pino en lugares emblemáticos y se engalana con multitud de adornos y formas. Era el centro de reunión durante algunos días, y a su alrededor se congregaba la comunidad para organizar una convivencia aderezada con cánticos populares y degustaciones gastronómicas.

En Galaroza, el origen del Pirulito presenta matices especiales ya que según los datos que podemos obtener del libro ‘Aspectos históricos de Galaroza’, obra de Emilio Rodríguez Beneyto, sería una fiesta traída al pueblo por los mineros cachoneros que trabajaban en Alosno, aproximadamente en el primer cuarto del siglo XIX.

Sus investigaciones y la recopilación de recuerdos que este autor hace en sus obras muestran que las distintas reuniones de jóvenes colocaban un pino en el centro de sus calles y lo adornaban de guirnaldas de colores y con elementos que han permanecido a lo largo de los tiempos, como la cebolla y el espejo. A su alrededor se celebraban bailes y se cantaban coplas típicas de la festividad. Los niños construían unos juguetes que se denominaban cariocas, formados por una bolsa de tela llena de tierra, con varias cintas de colores apiñadas a un extremo. La diversión consistía en darles vueltas y lanzarlas al aire mediante una cuerda.

La traída del pino recuerda a la casi olvidada actividad de ir por el ramo o por el chopo para celebrar la ancestral fiesta que lleva el nombre de dicho árbol. Eran los niños los que, a lomos de burros, buscaban el romero para una fiesta que también se ha ido perdiendo. Destacan recuerdos que se intentan recuperar en estos años, como el engarce de las cadenetas de papel, pegadas con una mezcla de agua y harina. En lo alto del pino se colocaban el tradicional espejo y una cebolla para que traiga buena suerte en el futuro a la calle donde se instala, según cuentan los más viejos.

Sobre los más ancianos recae, precisamente, la responsabilidad de rescatar las canciones de antaño, como aquella que decía,

Pirulito que bate, que bate,

Pirulito de Tío Garrapate,

Pirulito de verde limón,

Pirulito de mi corazón.

O aquella otra que obligaba a los mozos a escalar el árbol a los acordes de

En esta calle hay un pino,

que no lo gatina un gato,

que lo gatina fulano con su divino zapato.

Esta es la celebración que Galaroza va a rescatar este sábado 23 de junio en el Paseo del Carmen, siendo en esta ocasión la Tómbola Parroquial la que impulsa esta fiesta. El motivo estético principal de la fiesta será un pino instalado en el Paseo, adornado con cadenetas y con elementos indispensables que se han mantenido a lo largo de la historia, como la cebolla y el espejo.

Desde las 13.00 horas se sucederán las actividades para disfrute de pequeños y mayores. Será un Pirulito multicultural e intergeneracional, ya que a las canciones recordadas por los ancianos se sumarán novedades para hacerla más atractiva. Por ello, habrá una fiesta de la espuma, castillo infantil y animación. También se ofrecerá la actuación musical de ‘Calle Barco’.

Es una idea de la comisión parroquial que organiza la Tómbola, rescatada desde hace un par de años para las fiestas patronales de julio. Con los recursos recaudados, esta entidad está haciendo frente a necesidades como la restauración y limpieza de la Iglesia de la Purísima Concepción. Los miembros de esta tómbola cuentan con la colaboración del Ayuntamiento de Galaroza, la Diputación de Huelva y Producciones A.G.

En la Sierra, el Pirulito se ha mantenido con mayor o menor fuerza en localidades como Almonaster la Real, Cumbres Mayores, Cumbres de San Bartolomé, Fuenteheridos, Galaroza, Los Marines o Valdelarco. Suelen plantarse varios pinos o incluso chopos, celebrándose pirulitos según los barrios o zonas del pueblo.

La recuperación de festividades como El Pirulito es muy importante para evitar la desaparición de manifestaciones enraizadas en el acervo popular de la comarca. Gastronomía, música, convivencia e identidad colectiva se unen en estas celebraciones que mantienen viva la memoria etnográfica de la Sierra.

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