La revolución industrial y tecnológica de los EEUU coincide con la rebelión del trumpismo radical

Los aledaños del Capitolio de los Estados Unidos el 6 d enero de 2021. Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images
por Francisco Villanueva

 

Parece mentira, pero este es el momento de mayor conflictividad de la historia norteamericana desde la Guerra Civil de 1861/1865; y la razón es que se han quebrado todos y cada uno de los elementos de su consenso nacional, que es el sustento de sus instituciones y la causa de su extraordinario éxito histórico. La fuerza de ese consenso hizo que se transformara en una parte constitutiva de la identidad nacional: “La Democracia es América”.

La legitimidad excepcional del sistema político estadounidense es obra del cruce de 2 tendencias: surgió, en primer lugar, de abajo hacia arriba, de la democracia local al Estado Federal; y luego, EE.UU. nació como fuerza independiente a través de un movimiento de unanimidad nacional frente a la Corona británica, en defensa de instituciones y de normas preexistentes. Por eso ha sido en los últimos 200 años el sistema político más legítimo del mundo, lo que equivale al de mayor fortaleza, con una capacidad única para procesar y absorber sucesivas revoluciones sociales y políticas, y hacerlo sin quebrar su sistema de instituciones, su régimen político.

La única excepción de esta extraordinaria trayectoria fue la Guerra Civil de 1861/1865, cuando los 13 Estados del Sur se separaron de la Unión al haber sido elegido presidente de la República Abraham Lincoln. El conflicto duro cuatro años y provocó más de 500.000 muertos en los campos de batalla. EE.UU. tuvo más muertos en la Guerra Civil de 1861/1865 que en todos los conflictos externos que enfrentó con posterioridad, incluyendo la Primera y la Segunda Guerra Mundial, sumados.

La regla en la política es que la intensidad del conflicto es la que determina el grado de violencia; y después de lo sucedido en el Capitolio de Washington con el asalto de los partidarios de Donald Trump en rechazo a la elección del presidente Joe Biden, se puede asegurar inequívocamente que este es el momento de la historia de EE.UU en que su sistema político enfrenta el mayor desafío desde la Guerra Civil 1861-1865.

Los tres datos políticos centrales de carácter estratégico de esta situación son los siguientes: Trump logró 74 millones de votos en las elecciones del 3 de noviembre, 11 millones de votos más de los que obtuvo en 2016, cuando fue elegido por primera vez. Entre 77% y 83% de los electores norteamericanos que respaldaron a Donald Trump sostienen que las elecciones del 3 de noviembre fueron fraguadas; y que, en consecuencia, el presidente Joe Biden carece de legitimidad para ejercer el poder político de EE.UU. Los demócratas han ganado la segunda vuelta de las elecciones senatoriales del Estado de Georgia, y debido a ello controlan los tres centros de poder político estadounidenses: la Casa Blanca, la Cámara de Representantes, y el Senado; y ahora han decidido volcar ese enorme poder para erradicar a Trump y sus partidarios del sistema político norteamericano.

Hay que agregar que en realidad con Joe Biden gobierna EE.UU. una coalición formada por el “establishment” Demócrata y Republicano, los grandes medios de comunicación, y la totalidad de las plataformas de alta tecnología como Twitter, Facebook, Amazon, Youtube y Apple, entre otras.

El operativo de erradicación de Donald Trump y sus seguidores del sistema político de EE.UU. está plenamente en marcha, y hasta ahora en forma muy exitosa, con un solo obstáculo estratégico a despejar, constituido por los 74 millones de norteamericanos que respaldan fervorosamente a Trump, la mitad del electorado estadounidense.

Esto sucede cuando la economía norteamericana la primera y más avanzada del mundo ha adelantó el ciclo de la Cuarta Revolución industrial, que es la digitalización completa de la manufactura y los servicios, como consecuencia del shock provocado por la pandemia del coronavirus, que ha desatado un alza excepcional del comercio por Internet, que se ha expandido más de 30% en 2020, sumado a un auge notable del teletrabajo, que abarca más de 150 millones de trabajadores altamente especializados.

De ahí que la productividad haya crecido 15%/20% anual en el segundo y tercer trimestre del año, lo que implica un adelantamiento de esta revolución de entre 6 y 8 años; y la nueva revolución industrial es la más disruptiva de la historia del capitalismo al reestructurar forzosamente a todas las actividades productivas y de servicio a través de la digitalización ineludible de sus procesos y sistemas.

Lo que ha ocurrido en la pandemia es un proceso de abreviación histórica, desatado por una gigantesca inversión de más de 600.000 millones de dólares realizada solo en dos trimestres, que ha liquidado todos los procesos y sistemas de carácter analógico.

Por eso está en crisis el statu quo en todas partes al mismo tiempo, sin distinción alguna entre lo político y lo económico, en un proceso que horizontaliza al conjunto del sistema.

Este es un fenómeno mundial, pero como es usual, EE.UU. se adelanta al futuro, y coincide el asalto al Capitolio con la nueva Revolución industrial; un desafío inmenso.


Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba es economista y periodista financiero.

@FranciscoVill87

 

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