La inversión internacional más arriesgada se vuelca en las compañías emergentes del sector agrícola

por Francisco Villanueva

 

Viernes, 9 de abril de 2021. Lo que denom​inamos en el mundo económico capital riesgo, se está volcando en todo tipo de empresas “startups” del mundo agrícola en plena expansión.

Los términos empresa emergente, “startup”, compañía emergente, compañía de arranque y compañía incipiente se utilizan en el mundo empresarial aplicados a empresas de reciente creación, normalmente fundadas por un emprendedor o varios, sobre una base tecnológica, innovadoras y supuestamente con una elevada capacidad de crecimiento.

Hay un vuelco de la inversión del capital de riesgo (Venture Capital) que financia las empresas de alta tecnología hacia las “startups” agrícolas en Estados Unidos. Así, en 2020, se compraron acciones por más de 31.000 millones de dólares de “startups” agrícolas en los mercados bursátiles norteamericanos, 8 veces mas que el año previo; y todo indica que este fenómeno se acelera en 2021, con un total de inversiones de más de 20.000 millones en los primeros 3 meses del año.

Las “startups” centradas en la producción de nuevos alimentos, ante todo carnes sintéticas de base vegetal, recaudaron más fondos en la primera mitad de 2020 que en todo 2019; y esto ocurrió como consecuencia del impacto provocado por la pandemia del coronavirus en toda la cadena de producción agroalimentaria, y específicamente en la industria de la carne, sobre todo en EE.UU. y China.

Las “startups” agrícolas son iniciativas de base científica y tecnológica, y giran alrededor de la biotecnología y las ciencias de la naturaleza. Y de ahí que estén directamente vinculadas a los grandes centros de investigación y desarrollo científico y tecnológico, tanto en EE. UU a través de Silicon Valley como en China mediante su gran centro de innovación y desarrollo que es Shenzhen.

Estos grandes centros de la innovación mundial a su vez se vinculan en forma directa con los principales mercados bursátiles del mundo ya sea Wall Street en EE.UU, como las bolsas de Hong Kong y Shanghái en la República Popular, que ya se han convertido en conjunto en el segundo gran mercado bursátil del mundo, después de EE.UU.

Por eso, gran parte de la inversión en alimentos innovadores se dirigió hacia la principal productora de carne de base vegetal en EE.UU., que es “Impossible Foods”, que recibió más de 500 millones de dólares en junio. Entre los inversores de estas “startups” de carne de base vegetal se encuentran SoftBank, con activos por más de 100.000 millones, Cargill, Google, y la Fundación de Bill Gates.

“Beyond Meat” que es la segunda gran “startups” de carne vegetal en EE. UU, se lanzó al mercado en mayo de 2019 con acciones que cotizó en 25 dólares cada una; y el mercado ofreció 72,95 el segundo día de lanzamiento, casi 3 veces más, lo que implico recaudar 240 millones.

Hay una tendencia de fondo que provoca el fortalecimiento de Beyond Meat y de las otras productoras de carne de base vegetal, que es la decisión de los consumidores de los países avanzados de disminuir la ingesta de proteínas cárnicas, hasta el extremo incluso de la alimentación vegetariana, guiados sobre todo por el cuidado de la salud y del bienestar personal.

Esta tendencia se manifiesta también en China, en especial en la nueva clase media de 440 millones de integrantes con ingresos comparables a los norteamericanos. Lo que esta ocurriendo con las “startups” agrícolas es un fenómeno semejante al que sucedía en 2000, cuando aparecieron los primeros productores de automóviles eléctricos, uno de los cuales era Tesla, que es hoy una de las tres compañías más valiosas de mundo, con plantas automatizadas tanto en EE.UU. como en la República Popular.

Lo que está en discusión ahora, en el contexto de una economía mundial en expansión, es cuándo una de estas “startups” agrícolas se transformará en la Cargill o en la Bunge de la época, lo que puede ocurrir tanto en EE.UU. como en China.

En los grandes negocios agroalimentarios del sistema global la cuestión ya no es la eficiencia productiva, sino la sustentabilidad en relación no sólo a la producción, sino también respecto al medio ambiente y a la dotación de recursos.

Esta es la puesta de fondo de la producción agroalimentaria en el siglo XXI. Por eso en ella el acento está colocado ahora en la producción de frutas y hortalizas y en la carne de base vegetal, antes que en los commodities agrícolas, cada vez más alejados de una dieta saludable.

Las nuevas “startups” agrícolas emergen del espacio que se abre entre las dos pinzas de la eficiencia (productividad) y la sustentabilidad, entre ellas las destinadas a la producción vertical de agroalimentos, sobre todo en los grandes centros urbanos o megalópolis.

Este es un momento único de innovación y de salto cualitativo en la producción agroalimentaria mundial, y como es usual lo encabezan EE.UU y la República Popular.

Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero.

@FranciscoVill87

 

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