La guerra contra las mascarillas en Estados Unidos se remonta a principios del siglo XX

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La pandemia de Estados Unidos está lejos de irse: los casos siguen aumentando en varios estados del país y, también, los fallecimientos.

Mientras la situación se recrudece y la mayoría de la población estadounidense se preocupa por cumplir las medidas para evitar rebrotes, varias personas emprenden una lucha contra el uso de las mascarillas en algunas ciudades del país.

Por si fuera poco, algunos alcaldes han manifestado su intención de no implementar las normativas de uso de la que es una de las medidas de prevención más importantes frente al nuevo coronavirus.

Lo cierto es que esta es una piedra con la que el país no está tropezando por primera vez. En 1918, durante la mal llamada gripe española, mientras las comunidades implementaban medidas de seguridad públicas para frenar la propagación de la influenza -bastante parecidas a las actuales-, muchos se revelaban contra una medida: llevar mascarilla.

POR EL PAÍS 

En otoño de ese año, en medio de la peor pandemia del siglo XX, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos se afanó por repartir información y recomendar a la población llevar tapabocas para cortar la propagación de la influenza.

Muchos carteles tildaban el uso de las mascarillas de deber cívico y una responsabilidad social, una mentalidad fuertemente implantada en la sociedad estadounidense desde comienzos de la Primera Guerra Mundial.

El por entonces alcalde de San Francisco, James Rolph, aseguró que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” de esta medida de prevención.

MEDIDA OBLIGATORIA 

A pesar de utilizar la técnica de llamar al patriotismo individual, a muchos les seguía pareciendo una incomodidad lo de llevar mascarillas.

Ante esto, a las autoridades no les quedó otra que imponer el uso del tapabocas y declarar a los que no lo llevasen como “negligentes peligrosos”, como aseguró la Cruz Roja entonces. Algunas comunidades llegaron a condenar a estos desobedientes con breves penas de cárcel y multas que podían llegar a los 200 dólares.

CENTROS POLICIALES LLENOS

Sin embargo, no todos los rincones de Estados Unidos implementaron la obligatoriedad de su uso y las comunidades que sí lo lograron, se enfrentaron a incumplimientos y desafíos.

Los trabajadores se quejaban de que la mascarilla les resultaba un impedimento para trabajar bien y las tiendas no rechazaban a la clientela que no las llevara puestas.

Entre quejas y protestas, lo de no llevar mascarilla en medio de la pandemia fue lo habitual en el país, por lo que las autoridades, nuevamente, tuvieron que tomar medidas.

En Sacramento, el jefe de Policía obligó a detener a todas las personas sin tapabocas. En cuestión de minutos, las comisarías estaban a rebosar de infractores.

LIGA ANTIMASCARILLA 

Mientras la pandemia iba a peor, muchos civiles tacharon de infracción de los derechos civiles la imposición de llevar mascarilla.

A principios de 1919, alrededor de 2.000 miembros de la denominada Liga Antimascarilla se manifestaron en contra de esta medida.

A pesar de que desde entonces han cambiado mucho las cosas y, realmente, no se sabe el grado de efectividad de las mascarillas durante la pandemia de la influenza, actualmente se sabe que una buena mascarilla es una de las principales maneras para protegerse de la COVID-19.

Los ideales de libertad individual y la desinformación generalizada han contribuido a que parte de la sociedad estadounidense todavía se muestre reacia a su uso, pese a que el país ya registra más de 162.000 fallecidos por coronavirus.

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