La esperanza europeísta de Francia se diluye ante el malestar social de los chalecos amarillos

Es evidente que no corren buenos tiempos para la moderación y para la mesura, y el mayor desaguisado se está viviendo en la estructura política y económica de la Unión Europea. El desastre de Trump de los EEUU unido a otras hecatombes de emergentes como Brasil con Bolsonaro, han ayudado a movilizar movimientos que tienden a la radicalización de sus ideas y sus formas.

Ha ocurrido en la madre de la UE, Francia. Hace tan solo un año, un triunfante Presidente, ministro socialista del anterior gobierno de Hollande, ganó a todas las derechas radicales que inundaban de populismo Francia. Emmanuel Macron con su movimiento liberal venció a Marine Le Pen y permitió ver una salida política europeísta a los desgastados partidos tradicionales franceses, que tanto sufrieron la mayor crisis económica de Francia desde los años 30.

El nuevo presidente, un joven que se declaraba convencido de la necesidad de profundizar el proyecto europeo, traía aire fresco a las instituciones europeas. Macron, contra la tendencia, hizo campaña ondeando tanto la bandera europea como la francesa. Europa esperaba un giro en París y lo tuvo. La Francia de Macron era el aliado que necesitaba la Alemania de Angela Merkel para poner en marcha las reformas que necesita la Unión Europea, principalmente en materia económica y de las estructuras de un euro que salió temblando de la crisis financiera de 2008.

A Macron se le esperaba en otros dossieres, como la fiscalidad paneuropea de las multinacionales que escapan al control de los fiscos nacionales, la lucha contra el cambio climático y la transición energética, la política migratoria o la amenaza para Europa de la ofensiva proteccionista lanzada por el presidente estadounidense Donald Trump.

Macron debía, en fin, ser un baluarte contra el ascenso de los ultras, sobre todo tras la llegada al poder en Italia de los neofascistas de la Lega con Matteo Salvini y la deriva autoritaria de países como Hungría y Polonia. Año y medio después las instituciones del bloque saben que la ventana de oportunidad histórica también corre peligro.

Las protestas de los chalecos amarillos y la marcha atrás de un Macron que prometió no ceder pero tuvo que hacerlo ante la presión de unas manifestaciones que llegaron a momentos de revuelta tumultuosa, se ven desde Bruselas y las cancillerías del bloque como el fin de aquella ilusión. Macron, estiman diplomáticos europeos, tendrá ahora que centrarse en contener las protestas y perderá peso como dique contra los ultras.

A menos de seis meses de las elecciones europeas, que marcarán la vida política del continente durante un quinquenio con el posibleascenso de los nacional-populistas y su retórica xenófoba y contra la construcción europea, con Merkel de retirada, las fuerzas ultras del bloque aplauden las calamidades del líder francés.

Macron prometió un “renacimiento europeo” y pretendió que Francia fuera la vanguardia. Ahora, para los grandes medios europeos, empieza a ser un presidente asfixiado y bloqueado que no se juega sólo su cuello político; se arriesga a pasar tres años y medio conteniendo una crisis que termine por colocar en el Elíseo a la ultraderechista Le Pen, una amenaza existencial para la UE.

El gobierno ruso, dedicado desde hace años a alimentar cualquier crisis política que debilite a la UE, desde el ‘Brexit’ hasta el separatismo catalán, se frota las manos. Los medios rusos con difusión en Europa en inglés, francés o español cuentan las protestas francesas como si el país estuviera al borde de la guerra civil por culpa de un presidente al que tratan de peligroso internacionalista.

Los ultras europeos alimentan las protestas de los Chalecos Amarillos. No porque los defiendan sino porque el debilitamiento de Macron les fortalece. El italiano Matteo Salvini llegó a decir esta semana que Macron ya no es su problema sino de los franceses y los nacionalistas ingleses partidarios del ‘Brexit’ muestran la crisis francesa como un tropiezo mayor para la UE.

Diplomáticos europeos reconocen que parte de las protestas son genuinas pero estiman que están siendo manipuladas por la ultraderecha. Entienden además que la revuelta contra la élite parisina por parte de los sectores de la población que no ven beneficios en la globalización y sienten amenazada su identidad cultural, es un fenómeno general en muchos países europeos.

Nadie en Bruselas esperaba que Macron reformara Francia en año y medio, pero tampoco nadie imaginaba que apenas año y medio después de su llegada podría pasar de esperanza a amenaza para Europa. Las elecciones europeas en Francia van camino de convertirse en un plebiscito contra Macron y en trampolín para que los ultras intenten el asalto a las instituciones de la UE.

Lo que considero inaudito es que la Francia de Macron tiene un crecimiento estable y ejemplar, la tasa de paro es muy baja, la cobertura social impresiona, la cohesión del Estado es enorme, las multinacionales francesas copan los mercados internacionales, en definitiva, que Francia va bien y para los europeos es nuestro dique de contención contra el populismo. ¿A quien hay que implorar para que vuelva la razón a esta Europa convulsa?. Por favor, repasen día a día los libros de historia, de lo que nos pasó cuanto dejamos de creer en la moderación en nuestra idílica Europa en los años 30….la convirtieron en el infierno más grande que conoció la humanidad.


Francisco Villanueva Navas, analista financiero de La Mar de Onuba es economista y periodista financiero.

@FranciscoVill87

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