La desaceleración económica en la Unión Europea tiene un causante: Donald Trump

por Francisco Villanueva
No le busquen más explicaciones, no intenten buscar chivos expiatorios; que si las revueltas de los chalecos amarillos, que la gran coalición conservadora-socialista de Merkel, que si la vuelta de la izquierda a la mayor parte de los gobiernos de la UE, que si la inmigración en Bulgaria, que si la nueva derecha en Grecia, que si la falta de gobierno estable en España……olvídense de buscar culpables y todos los economistas se lo diremos. La verdadera razón del parón económico que afecta a muchos países de Europa es el terror de muchos sectores económicos ante la brutal ola de aranceles que impone Trump y su gobierno a productos europeos como el aceite de oliva, el vino, los coches, los aviones, todo un mundo de intereses que esta derecha estadounidense quiere aplastar desde el lado favorable que el mercado le ofrezca.

La disputa de Estados Unidos y Europa tiene al presidente Emmanuel Macron que no quiere responder airadamente después del choque que el francés tuvo con el presidente estadounidense Donald Trump el 11 de noviembre de 2018 en París. Es un niño, decía la delegación francesa sobre Trump, y un niño siempre quiere tener la última palabra.

Europa descubrió hace tiempo que el niño Trump puede tener arranques de cólera y decisiones intempestivas y que es mejor no tomarlo demasiado en serio, como cuando amenazó con hacer que Estados Unidos abandonara la OTAN. Pero los europeos tampoco se van a quedar de brazos cruzados si Trump usa contra ellos el arma arancelaria y pretenden responder aún sabiendo que una guerra comercial no beneficia a nadie.

Europa es un enano militar porque no tiene por ahora la voluntad política de poner en conjunto sus 28 fuerzas militares nacionales. Pero es un gigante económico (su PIB es superior al estadounidense) y sobre todo la primera potencia comercial del planeta. Por eso, entiende, no se puede dejar pisar y responde con represalias a quien le toque los aranceles, aún si es el niño malcriado del Despacho Oval.

Los EEUU anunciaron que usarán el dictamen de la OMC que le permite aplicar nuevos aranceles a los europeos por valor de 7.500 millones de dólares como compensación a los subsidios ilegales que cuatro países europeos, Alemania, España, Francia y Reino Unido, han dado a la constructora de aeronaves Airbus. Esos cuatro países serán los más afectados por los nuevos aranceles.

Las aerolíneas estadounidenses pagarán un 10% extra por comprar aviones Airbus, pero el consumidor estadounidense pagará hasta un 25% más por el whisky escocés, el queso manchego español o el champagne francés. Así hasta completar una lista de 150 productos.

Washington no anunció todavía más aranceles a los coches europeos. Esa sería la línea roja que desataría la cólera europea. La automotriz es una industria clave para los europeos en términos de desarrollo de nuevas tecnologías, producción industrial, superávit comercial y empleo.

Bruselas respondió el jueves con el discurso oficial preparado desde hace días ante la eventualidad de que Washington anunciara aranceles nuevos. Un portavoz del brazo ejecutivo de la UE dijo que el bloque “lamenta que EE.UU. parezca haber tomado la decisión de imponer aranceles adicionales a las exportaciones europeas” y que “es un paso que, en primer lugar, golpeará a los consumidores y empresas estadounidenses y que hará más complicados los esfuerzos por llegar a un acuerdo negociado”.

Europa tiene sus represalias diseñadas, incluso la lista de productos estadounidenses a los que se impondrían nuevos o más altos aranceles. Ahora la decisión es política. Bruselas debe decidir si responde al golpe con otro golpe o, como recomendaba Francia, se lo piensa dos veces porque no hay manual de instrucciones para tratar con un niño.

En Europa se dice que se va a mirar todas las posibilidades, pero eso no quiere decir que vayan a ser utilizadas en este momento. Bruselas lo piensa mientras los aranceles adicionales estadounidenses no sean efectivos, mientras ofrece negociaciones a Washington y mientras sus servicios de Comercio ultiman la lista de los productos estadounidenses a los que impondría nuevos o más altos aranceles.

Si EE.UU. impone contramedidas, estará empujando a la UE a una situación en la que tendremos que hacer lo mismo. La amenaza está sobre la mesa y algunas capitales empujan a hacerla efectiva. El ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, dijo que prefiere “rebajar las tensiones y evitar represalias arancelarias que no harán más que dañar a nuestras economías en el momento en que China refuerza su industria aeronáutica”. Pero advirtió: “Si (EE.UU.) elige imponer sanciones, será un error económico y político y estaremos preparados con nuestros socios europeos para responder con firmeza”.

Washington anunció que entre la subida de aranceles incluirá un 10% a los aviones de Airbus, en el origen de la crisis. La otra gran constructora mundial de aeronaves comerciales es la estadounidense Boeing, que, según el Wall Street Journal, había pedido a la Casa Blanca que ese arancel fuera del 100%.

Trump frena y apenas impone un 10% porque las aerolíneas estadounidenses, entre ellas gigantes como Delta o American Airlines, habían advertido que les provocaría grandes pérdidas y porque Boeing está metida en plena reestructuración después de los accidentes de su nuevo modelo 737 MAX y no está en condiciones de competir con Airbus a plenorendimiento.


Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero.

En Twitter: @FranciscoVill87



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