La deflación puede llegar a toda la Unión Europea

por Francisco Villanueva

 

Es un temor que gusta poco a los economistas y técnicos de Europa pero la inflación en la Eurozona fue negativa por primera vez desde 2016, cuando tuvo dos meses en territorio negativo para rápidamente recuperar unas pocas décimas. Se cree que esta vez puede ser diferente y más grave porque a los problemas estructurales que tiran los precios hacia abajo (envejecimiento, desarrollo del comercio online) se unen los efectos económicos de las medidas para controlar la propagación de la enfermedad del coronavirus.

El banco central europeo lleva años con la impresora del dinero funcionando a marchas forzadas. El BCE tiene en funcionamiento varios programas de compra de bonos públicos y privados que suman más de un billón en menos de año y medio y con los que ha conseguido que el riesgo-país de los países de la Eurozona esté en tasas históricamente bajas. El crecimiento de la deuda, con esas tasas a 10 años rozando terreno negativo, parece un problema a muy largo plazo.

Esa masiva creación monetaria debería, según los libros de economía, generar inflación. Pero no hay manera. Hace más de siete años que el BCE es incapaz de poner la inflación en el objetivo que le marcan los tratados europeos: cerca pero por debajo del 2% anual. La costumbre es tal que en cuanto se superó en algún año el 1% anual se empezaron a oír los gritos desde el Bundesbank alemán advirtiendo de la inminente hiperinflación. Fantasmas del pasado en esta UE donde los precios llevan años estancados.

El dato (-0,2% en tasa anual) según Eurostat, la Oficina de Estadísticas de la Comisión Europea, fue además una sorpresa porque los analistas esperaban que se mantuviese en territorio positivo. Y porque la inflación subyacente, la que mide la evolución de los precios descontando los precios más volátiles, como los de la alimentación y la energía, está en apenas el 0,4%, su nivel más bajo desde la creación de nuestra moneda única que es ocho décimas por debajo de julio. Una caída del 0,8% de la inflación subyacente en un solo mes es algo que no se había visto nunca en la Eurozona.

La comisión europea advierte que no se puede hablar todavía técnicamente de “deflación”, definida como una bajada continua y persistente de los precios y anticipada por hogares y empresas en sus decisiones económicas, pero sí ve un riesgo si los precios no remontan en los próximos meses. También espera que el efecto de la bajada del IVA en la República federal de Alemania que pasó del 19% al 16% y empujó los precios hacia abajo) sea temporal. La economía alemana representa el equivalente a un tercio de la Eurozona. La ligera subida del euro frente al dólar en los últimos meses tampoco ayuda a que crezcan los precios porque el petróleo y el resto de productos importados se compran más baratos.

Varios países de la Eurozona podrían empezar a hablar de “deflación”. España, Grecia, Irlanda y Eslovenia cumplen cinco meses con precios en territorio negativo. Francia roza esa zona con una inflación anual en agosto del 0,2%. Los analistas estiman ahora que el fin de los confinamientos disparó el consumo a finales de mayo y en junio pero que ese efecto rebote ya acabó y provoca que las empresas no puedan subir precios y que, como en Bélgica ni las rebajas funcionen. Las tiendas belgas dejaron sin vender el 40% de lo que estimaban vender en el período de rebajas de verano.

El fin de los programas de desempleo temporal (los gobiernos pagan una gran parte de los salarios de millones de personas que tuvieron que dejar de trabajar por la pandemia), que se espera en muchos casos para finales de este año, provocará una subida repentina de la tasa de desempleo, que ya en julio iba en la Eurozona por el 7,9% cuando al inicio de la pandemia estaba en el 7,2%. Eso además aumenta el ahorro de los hogares que pueden ahorrar porque temen que su situación económica empeore.

Los Banco Central Europeo aseguran que empresas y hogares de los 19 países de la Eurozona están aumentando considerablemente sus ahorros depositados en bancos hasta el punto de que los depósitos bancarios de la Eurozona superaron en julio por primera vez los 12 billones de euros.

Las empresas no financieras son las que más están ahorrando. Sus depósitos crecieron un 20,4% en un año mientras los de los hogares lo hicieron un 7,4%. Sólo en julio los depósitos bancarios en la Eurozona crecieron en 184.000 millones de euros. Si se tiene en cuenta el año entre julio de 2019 y julio de 2020, el aumento en esos 12 meses (un 10,3%) es el mayor en la historia del euro y sólo se parece al ocurrido a finales de 2008 tras el estallido de la crisis financiera, primero en los Estados Unidos y seguidamente en Europa.

Si desde países con una elevada inflación se puede ver la deflación como una buena noticia, es un problema con difícil solución y efectos devastadores sobre la economía: los precios caen, la demanda cae a la espera de que los precios caigan más, las empresas ni invierten ni contratan a más empleados a la espera de vender una producción que no venden porque los ciudadanos esperan que sigan bajando los precios. Poco a poco van despidiendo empleados porque no producen a falta de ventas. Y menos empleados significa más desempleo y menos dinero en los hogares para consumir, por lo que cae la demanda y con ella los precios. Un círculo vicioso de difícil solución.


Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba es economista y periodista financiero.

@FranciscoVill87

 

 

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