La ciencia se muere

El Instituto de Salud Carlos III de Madrid, principal organismo de investigación biomédica en España, ha lanzado en un manifiesto bajo el lema, “la ciencia se muere”.

El grupo de científicos de dicha organización, denuncia la situación en la que se encuentran los investigadores en España y advierten que existe una parálisis de la ciencia española que repercutirá a todos los efectos a medio plazo en el tratamiento de enfermedades y de la salud de la población española.

Bajo el lema la ciencia se muere, señalan en su carta que ciertamente que “la ciencia muere de inanición, parálisis, asfixia, precariedad, extinción y sobre todo, falta de interés”, apuntan.

Trescientos científicos, es decir, una tercera parte del personal del Instituto, que cuenta con un millar de trabajadores, critican las dificultades que están sufriendo desde ya hace años, para desarrollar sus proyectos de investigación y lanzan una advertencia acerca de los resultados para los enfermos españoles. Este documento se enviará al ministro Ramón Escolano y también a Carmen Vela, responsable de la Secretaría de Estado de Investigación y al director general del Instituto de Salud Carlos III.

De este organismo cuelgan también, el centro nacional de Microbiología así como el centro nacional de Medicina Tropical, que fue muy importante cuando se presentó en España un caso de ébola, así como el Instituto de Investigación de las Enfermedades Raras, los centros de Investigación Biomédica en red (CIBER) o el registro nacional de Biobancos, entre otras organizaciones.

El ligero aumento de inversión en I+D que se ha reflejado en los presupuestos generales del estado del año en curso, no compensan los años de recortes dentro de este área.

“Los presupuestos de investigación real –no financiera- [subvenciones] han disminuido en un 40% en los últimos años (de más de 4.000 M€ en 2009 a menos de 3.000 M€ en 2016)”, comentan los firmantes del Instituto de Salud Carlos III.

Los firmantes denuncian la imposibilidad de gastar los presupuestos que se dedican a la investigación dado que mientras el gasto en ciencia respecto al PIB, ha aumentado en Europa casi un 30 % entre el año 9 y el 16, en España es alarmante cómo se ha reducido en un 9.1 % durante el mismo período de tiempo, aunque alegan que la disminución del presupuesto no es el único problema. De los 4.635 millones de euros de presupuesto público para I+D+I disponibles en 2017, finalmente se ejecutaron 1.376, un 29,7%, la tasa más baja en I+D+I desde que se registra este dato (2000).

El resultado de toda esta falta de inversión supone que con los retrasos acumulados, sumando todos los contratos convocados y los meses perdidos en tramitaciones, se representen cerca de 150 años de ejecución de proyectos y la pérdida de cerca de 50 investigadores jóvenes que se han tenido que marchar fuera de España. Una situación insostenible que nos lleva a pensar que con las medidas excesivas de fiscalización de cada proyecto por la corrupción, la imposibilidad de llevarlos a cabo por la burocratización y la pérdida de investigadores haga que la ciencia en España, efectivamente, se muera.

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