José Menese, homenaje a un referente del flamenco y de la libertad

Teresa Fernandez Herrera

El productor Antonio Benamargo ha dedicado año y medio a coordinar un homenaje a José Menese [1], un artista considerado único, que sumaba a su voz la sabiduría que imprime  pertenecer a una tierra humilde y comprometida, con el magnífico y emocionante resultado de tres horas de concierto presentados el Auditorio Nacional de Madrid por Juan Ramón Lucas: tres guitarras solistas empezando por la de Antonio Carrión, quien durante veinticinco años fue su guitarrista ‘de oficio’ y que ayer fue pura pasión. La de Tomatito, que no podía faltar, toque de alma profunda y, ya acabando el concierto, la de Rafael Riqueni, un pozo de jondura y clasicismo.

José Menese cantaor payo de La Puebla de Cazalla, Sevilla, alma gitana, voz clara y rotunda, revolucionario del cante y revolucionario por la justicia y el compromiso social en época de silencios, quien se fue un día de julio de 2016, ha vuelto adonde estuvo hace veintisiete años, al Auditorio Nacional de Madrid, esta vez a la Sala Sinfónica, en un homenaje dedicado a su memoria, rodeado de músicos que actuaron con él, o de los que fue mentor, y también por los muy jóvenes que siguen cantando por sus palos favoritos, por un catedrático, un flamencólogo, un juez, su biógrafa y una estrella de la radio para presentarle.

Guitarras acompañantes donde Jerez estuvo muy presente en representación de otros ilustres jerezanos que fueron parte de la vida y el arte de Menese: Bola de Jerez, Manuel Valencia, Nono Jero; también las guitarras poderosas del granadino Miguel Angel Cortés y el cordobés Niño Seve .

El cante de compañeros que hicieron historia con él, como José Mercé, quien le dedicó una soleá acompañado por la guitarra maestra de Tomatito o Carmen Linares, que, como él, ha sabido dar categoría al flamenco y ponerle en el sitio que por arte e historia le pertenecen, un sitio en el mundo. También Carmen cantó por soleá, ‘porque le gustaba mucho a José’ y terminó con una toná de las que tanto gustan a Carmen.

No podía faltar un histórico como Jorge Pardo, quien atribuyó a Menese ‘haberle dado otra visión del flamenco’ y le dedicó un ‘cantecito’ con su flauta inimitable por seguiriya, de raíz morisca, muy al estilo y gusto de Pardo, que electrizó la abarrotada Sala Sinfónica del Auditorio. También actuó Pardo con El Pele, que casi impersonó al homenajeado, ‘que está aquí esta noche’. El Pele se emocionó hasta la lágrima cuando se abrazó a Jorge Pardo y a su guitarrista Manuel Valencia y así, juntos y abrazados, dejaron la escena.

Entre las veteranas, La Macanita, ‘la señora del cante de Jerez’ hija de La Macana, quien agradeció a Menese haber existido y haber sido maestro no solo de cante, también de dignidad flamenca. Una bulería jerezana por todo lo alto acompañada por las palmas de Chicharito de Jerez Macano y la guitarra de Bola de Jerez. Ella, como suele hacer, se levantó de la silla y paseó por la escena a paso de baile.

Las jóvenes cantaoras estuvieron representadas por la gaditana Laura Vital, la jovencísima María Terremoto, hija y nieta de Terremotos que compartieron jirones de vida y arte con Menese. Dos grandes damas de la versatilidad del cante actual, Rocío Márquez y Marina Heredia, hijas artísticas del maestro. Una fiesta de voces muy distintas, muy flamencas, equiparables en jondura.

No es un flamenco, pero si es un paradigma de la lucha por la libertad: Paco Ibáñez quien con su voz y su guitarra participó en el homenaje a su admirado amigo José Menese con el poema de León Felipe, Ya no hay locos/en España ya no hay locos/Todo el mundo está cuerdo/ horriblemente cuerdo./Se murió aquel manchego/aquel estrafalario fantasma del desierto/ Ya no hay locos…

Muy especial fue la emocionada lectura del profesor Pedro Martínez Montávez, de una carta dedicada a Menese en ‘recuerdo de vivencias compartidas y de su vinculación con la universidad en un tiempo en que ésta andaba muy necesitada  de voces que luchasen por la libertad, la justicia, la cultura y la democracia’.

Un emocionado José María Vázquez Gaztelu recitó un poema dedicado a la memoria del cantaor. Y también intervino el juez Baltasar Garzón, quien se destapó como admirador de ‘ese cante profundo’ de un hombre comprometido y valiente. Y dos mujeres, la catedrática Fanny Rubio y su biógrafa Génesis García Gómez, que le definió como hombre del pueblo y añadió que él se definía a sí mismo como ‘cantaor de tierra adentro’ y que cantaba ‘gitano, macizo y pesao’.

Pero lo más emocionante de todo fue ese final en el que sonó la voz clara y recia de José Menese en uno de sus cantes más emblemáticos, el Romance de Juan García, un grito universal contra la opresión y la peor de las injusticias, la de arrancar la vida por pensar diferente. Un martinete editado en 1971, cuando aún faltaban años para poder expresarse con libertad…

Anoche sonó en un escenario con una única silla vacía dentro de un círculo rojo. José Menese estuvo allí.

José Menese a Juan García

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