Jeanne-Claude y Christo: el entorno como lienzo

Obras de arte efímeras y pasajeras con las que conquistaron el mundo e hicieron partícipes a millones de viandantes. Este es el legado que han dejado Jeanne-Claude Denat de Guillebon, fallecida en 2009, y Christo Vladimirov, que falleció este domingo a los 84 años en su casa de Nueva York por causas naturales, como ha confirmado su equipo a través de las redes sociales.

Hoy, algunas de las obras contemporáneas de la pareja solo se pueden ver a través de fotografías. La convencionalidad les quedaba pequeña, por lo que decidieron aprovechar el entorno y jugar con él para cambiar la realidad más visible por cortos periodos de tiempo.

Trataban de enlazar el paisaje y la obra que creaban en él, algo similar al «Land Art».

A pesar de que el último proyecto de Christo se vio truncado por la pandemia del coronvirus –envolver el Arco del Triunfo de París-, el búlgaro y su mujer han dejado imágenes en las que, a pesar de tratarse de obras efímeras, se han convertido en inmortales para la historia del arte.

UNA CORTINA EN MITAD DEL VALLE 

Un ejemplo de la utilización del paisaje para crear es la cortina gigante que la pareja desplegó en 1971 en mitad del Rifle Gap, un valle de montañas rocosas cercano a Rifle (Colorado, Estados Unidos).

Para poder sujetarla a cada ladera, utilizaron 200 toneladas de hormigón y 400.000 dólares. Pese a que hubo contratiempos, la cortina naranja terminó imponiéndose en el paisaje, aunque apenas durante un día, ya que tuvieron que quitarla por la amenaza de la llegada de una tormenta.

ORILLAS DE POLIPROPILENO

En 1983, la pareja rodeó las once islas de Bahía Vizcaína de Miami con más de 608.000 metros de cuadrados de polipropileno  color rosa.

Gracias a la ayuda de 430 ayudantes, el material rosado pudo abrazar a cada isla durante durante dos semanas, tiempo en el que fueron custodiadas por guardias en barcos.

EL PONT NEUF, EL PUENTE CUBIERTO 

Una de los puntes fuertes de Jeanne-Claude y Christo era establecer macromuseos al aire libre a partir de obras ya creadas por el ser humano.

Nueves años tardaron los artistas en que el alcalde de París le concediera el permiso para realizar una de sus obras más conocidas: envolver el puente más antiguo que cruza el río Sena.

En 1984, bajo la atenta mirada de la Torre Eiffel, El Pont Neuf fue cubierto por 40.000 metros cuadrados de tela color arena y captó la atención de más de tres millones de personas.

PARAGUAS EN CALIFORNIA E IBARAKI 

CALIFORNIA (ESTADOS UNIDOS)

En diciembre de 1990, se les ocurrió colocar simultáneamente más de mil paraguas amarillos en California (Estados Unidos) e Ibaraki (Japón).

Tres millones de personas pudieron observar cómo 1.760 paraguas amarillos resaltaban el color ámbar de las colinas californianas, y cómo el azul de los 1.340 paraguas resaltaban el color del agua del río nipón.

EL REICHSTAG COLOR PLATA 

En 1995, Christo y Jeanne-Claude consiguieron lo imposible. Ambos lograron que se les permitiera hacer una obra de arte colosal y jamás vista: envolver el edificio Reichstag, en Berlín. Tela, cuerda y mucho aluminio fueron los materiales que necesitaron los artistas para tapar durante quince días el Parlamento alemán.

LA MASTABA EN EL LAGO SERPENTINE (LONDRES)

Tomando las referencias de las construcciones funerarias del Antiguo Egipto, Christo, ya sin su mujer, creó su primera gran obra en el Reino Unido: The London Mastaba.

El artista búlgaro hizo flotar durante tres meses barriles de petróleo en el lago Serpentine (Hyde Park, Londres), que dieron forma a la mastaba. La obra fue financiada por el propio artista, como todas sus creaciones.

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