Incertidumbre ante la muerte repentina del hombre fuerte de Argelia

Ahmed Gaid Salah
por Paco Audije

El verdadero hombre fuerte de Argelia, jefe del Estado Mayor, general Ahmed Gaid Salah, ha muerto como consecuencia de un infarto. Eso acaban de decir la agencia APS y la televisión pública EPTV. En el instante en que escribo estas líneas, ese anuncio no se refleja en el sitio de la EPTV.

Y aunque el fallecimiento de Gaid Salah haya tenido su origen en la crisis cardiaca anunciada oficialmente, nada impedirá que los rumores de todo tipo empiecen a circular por las calles de Argel. El país tiene una vieja tradición de rumorología salvaje, a veces ultrasarcástica, que actúa como elemento dinamizador de la conciencia social. Nada es lo que parece, ni siquiera “le pouvoir”.

Ahmed Gaid Salah era en apariencia “únicamente” Viceministro de Defensa y Jefe del Estado Mayor. En realidad, desde el debilitamiento progresivo de Abdelaziz Bouteflika ha representado -de manera indisimulada- la recuperación visible del control militar del régimen argelino. Una recuperación pública y abierta que sólo se atenuó durante un tiempo en la larga era Bouteflika.

Gaid Salah pasó de las amenazas de represión masiva contra los manifestantes que se opusieron al quinto mandato de Bouteflika a posiciones intermedias: represión matizada, parcial -tenaz, eso sí-, con detenciones precisas, etcétera, y programación de una transición controlada y con celebración forzosa de nuevas elecciones presidenciales, según criterios preestablecidos.

La amplitud del movimiento de contestación popular (Hirak) lo impidió en un primer momento, pero el poderoso Gaid Salah terminó forzando la cita con las urnas el 12 de diciembre de 2019. Fue elegido presidente Abdelmadjid Tebboune (Abdelmayid Tebún, según otras transcripciones del árabe), un hombre de los círculos del poder. La abstención fue probablemente mayor de lo declarado por la autoridad electoral: más del 60 por ciento. Y calle no ha detenido su protesta.

El difunto general Gaid Salah fue decisivo para apartar al clan Bouteflika del poder, también en los procesamientos y encarcelamientos de dirigentes de las dos décadas anteriores. Pero no logró así evitar que las protestas siguieran y tampoco pudo eludir convertirse en objetivo de los manifestantes, que no han aceptado una transición “ilustrada” en la que nada cambiaba en la realidad.

Tras la caída del clan Bouteflika, en las calles prosiguieron los gritos contra el Jefe del Estado Mayor: «¡Gaid Salah lárgate!» o bien «¡Gaid Salah, estás con los traidores!». La persistencia de la revuelta callejera indica que los manifestantes no se conformarán con una transición teledirigida; tampoco con cualquier tipo de maniobras de la cúpula del poder que aparente modificar el sistema para -en el fondo- mantenerlo intacto.

La imagen mediática dominante es la de unas fuerzas armadas argelinas (ANP, Armée nationale populaire) en la que quienes disentían fueron apartados (o juzgados) hace tiempo. De modo que la transición en la ANP se ha producido de manera aparentemente mecánica. El Jefe del Ejército de Tierra, Said Chengriha (74 años), comandante de la 3ª Región Militar, ha sido nombrado nuevo Jefe de Estado Mayor.

Ahmed Gaid Salah, que era el verdadero dirigente de Argelia, ha muerto y quizá hasta sea cierto que lo ha matado un infarto. Las tensiones que lo rodeaban y su edad (casi ochenta años) no lo hacen imposible. Pero lo que en Argelia se ha llamado téléphone árabe (durante la guerra de la independencia) y radio-trottoir (durante la última guerra civil), la rapidísima circulación de versiones delirantes de lo sucedido, tenderán a desafiar -como siempre- la versión oficial.

El gran humorista, hombre de teatro y actor argelino Mohamed Fellag, lo resumió muy bien en su excelente sátira del país llamada Djurdjurassique Bled (algo así como  ‘Aldea del Jurásico’): “Nosotros, los argelinos, cuanto tocamos fondo, seguimos cavando”. Ojalá no sea así.


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