Ibsen: innovador teatral y visionario de Noruega

Por Adriana Blanco.

El gran escritor noruego Henrik Ibsen, fue un revolucionario teatral que criticó a la burguesía imperante, denunció la corrupción política y fue consciente del devenir histórico de su patria.

La vigencia de su dramaturgia se comprueba ya que se escenifica en la actualidad en los teatros del mundo. Ibsen mantiene su legado teatral e influye en nuevas generaciones, marcando a sus conciudadanos con sus conceptos sobre la soberanía de Noruega y la conciencia de unidad nacional.

Fue durante el Siglo XIX, el siglo en que vivió Ibsen, cuando se consolidó Noruega como país independiente. El 17 de mayo de 1814 obtiene una Constitución, proclamando su independencia y el príncipe Carlos deviene en el rey Haakon VII de Noruega.

Museo Casa Ibsen Escritorio

Ibsen vivió esa épica y sus obras de teatro acompañaron, en parte, el proceso patrio, los cambios y la independencia soberana. Sus primeros trabajos recogen tradiciones, leyendas y el folclore nacional. Sus primeras obras son una “mirada” hacia su propio país y sus costumbres y un rescate de esa idiosincracia, en relación con el gran movimiento nacionalista europeo.

En Peer Gynt ahonda el carácter noruego: un soñador que aún no ve la soberanía de su nación. Fue su amigo músico Grieg quien musicalizó esta obra que destaca el alma escandinava y recoge el sentir nacional y se convierte en un icono nórdico.

Su teatro pasa por diferentes etapas: la etapa nacional, de fuerte tendencia romántica donde rescata cuentos y leyendas. Su segunda etapa relacionada con sus viajes y con una actitud crítica a la burguesía europea, en la que destacan sus obras de realismo social provocando reacciones polémicas en sus estrenos.

“Casa de Muñecas” nos presenta la emancipación de la mujer, los conceptos feministas que serán precursores del gran movimiento. “El enemigo del pueblo” cuestiona la honestidad de los políticos, pone en evidencia la corrupción y enfatiza los aspectos éticos del gobierno. Recuerdo que conversé en Nueva York, con Arthur Miller de la adaptación de esta obra, y de la admiración que sentía por el autor noruego.

Su última etapa se inicia con “El pato Silvestre”, un teatro mas intimista de temática simbólica. Al final de sus años el aspecto filosófico se adueña de su dramturgía con obras como “La dama del mar”, “Hedda Gabler” y “Juan Gabriel Borkman”. Extrañamente su última pieza se llama “Al despertar de nuestra muerte”.

Ibsen esta bien despierto en nuestra sociedad contemporánea: en 1981 se presnta una versión en Madrid, en el Teatro Espronceda, en 1993 otra en el Theatre Vidy-Lausanne, en el 2012 en New York, en el Teatro Harvey y en 2018, en Argentina están actualmente en escena El enemigo del pueblo y Borkman.

Ibsen nació el 20 de marzo de 1828 y murió en Cristiania (Oslo) el 23 de mayo de 1906. Vivió todos los avatares del surgimiento de la burguesía, la transformación europea a la sociedad industrial y la afirmación de independencia de su país.

Ibsen no tuvo una vida fácil. Su padre perdió su fortuna cuando el escritor tenia ocho años y desde entonces tuvo penurias que siempre lo acompañaron.  Joven comenzó a trabajar y fue en Grimstad donde despierta su vocación literaria, cuando se traslada a Cristiania decide dedicarse a la literatura. Coincide con el encuentro y casamiento con Susannah Thoresen, una dama culta y refinada. En Oslo asume la dirección del Teatro Nacional, donde su visión teatral se vuelve más  polémica. El teatro quiebra y se exilia en Roma, con estancias en Alemania, donde escribe y hace conocer su teatro innovador. Alcanza la fama estrenando en toda Europa. Viaja a Egipto a la inauguración del Canal de Suez, y es invitado como jurado a la Exposición Universal de Viena. Es una figura de prestigio y un intelectual considerado en toda Europa y Estados Unidos. En 1878, regresa a Roma donde escribe gran parte de su teatro más controversial.

En 1891, retorna a Noruega y se instala en un amplio departamento en la calle llamada actualmente Ibsen.

Camino por el vecindario de anchas avenidas, encuentro el Instituto del Premio Nobel de la Paz, el Palacio Real y sus jardines y llego al Museo Ibsen. Fue en esta casa donde el autor pasa la última estancia de su vida, once años, revisando manuscritos, y concluyendo la etapa simbolista iniciada con El pato Silvestre. En este departamento muere en 1906 y luego su esposa en 1914. El piso pasa a manos de la Municipalidad de Oslo que reacomoda en otros museos el acerbo. Hasta que en 1990, el actor Knut Wigert lucha para que se convierta en la Casa-Museo de Ibsen, recuperando el mobiliario original. La familia de Ibsen participa activamente, asimismo instituciones públicas y privada para reconstruir el departamento. Tancred Ibsen, embajador y descendiente directo, hace una importante donación y en el Año Centenario Ibsen-2006, se abre el museo al público, en relación con otros museos del escritor en Skien, Begen y Grimstad.

Museo Casa Ibsen

Amablemente la joven guía Gjest me acompaña contándome secretos y maravillas de la vida de Ibsen. En la primera planta se pueden observar afiches, fotos, manuscritos y publicaciones de las obras teatrales y sus representaciones en distintas partes del mundo. Son conmovedores los objetos personales de Ibsen, su famosa galera, su bastón y sus anteojos.

En el Segundo piso encontramos la residencia, se reconstruyó el empapelado y se dispuso el mobiliario según la época, luce la gran sala donde recibía amigos, entre ellos a Grieg, quien lo visitaba y tocaba el piano para él. Vemos el escritorio donde trabajaba, con la ventana que da al parque. Según me relata la guía, el Rey, al enterarse que Ibsen solía ir al parque enfrente de su casa, le dio las llaves para que fuera cuando deseaba. En su biblioteca de libros encuadernados aparece Shakespeare, textos de historia, filosofía y poesía.

En el gran comedor, Ibsen saboreaba su plato de pescado preferido y solía discutir con su esposa que tenía mucho temperamento pero que acompañaba con entusiasmo la carrera literaria del marido, imponiendo a veces sus ideas, especialmente en relación a los personajes femeninos de las obras teatrales. Recordando “Casa de Muñecas”, parece que el famosos portazo final fue sugerido y exigido por su esposa.

Su cuarto nos muestra austeridad y la cama donde murió. Aún no han terminado de montar la cocina, el museo necesita mayor apoyo gubernamental para mantenerlo en las buenas condiciones en que se encuentra. No solo es “la casa del gran dramaturgo” es parte de la “Historia de Noruega”.

Caminar por su vecindario, llegar a su hogar fue como entrar en el mundo de Ibsen, uno de los grandes creadores teatrales y de uno de los más lúcidos intelectuales de Europa, que tomó conciencia de los cambios del mundo, apoyó los valores éticos y supo luchar por la identidad Nórdica y la soberanía de su país, la brava tierra de los vikingos.

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