Esperanza Aguirre, el temible cerebro de la trama Púnica

El renovado PP de Pablo Casado ya puede presumir de no solo parecerse en apariencias faciales al viejo PP de Mariano Rajoy. La reciente dejada barba de Casado, al estilo Mariano, pareciera invocar al temible y presuntuoso fantasma de la corrupción que, de forma penetrante, abre portadas y cierra paulatinamente incógnitas de una de las etapas más oscuras de nuestro ciclo político democrático. En esta ocasión, la que por la puerta grande consiguiera esquivar todos los focos de corrupción que la iluminaban y la que se jactaba con altanería de haber destapado la Trama Gürtel, por una puerta estrecha y de metal -se presume- entrará, para reflexionar, una de las principales investigadas de la Operación Púnica. Aunque no la única. Ni la primera. Ni la última. Es más, junto a la “lideresa” y a la “destacada académica” Cristina Cifuentes, se sentarán, en octubre, treinta y ocho personas más en el banquillo de los investigados.

La trama de corrupción Púnica no es un caso de corrupción más del “Partido Podrido”. Es su caso de corrupción por excelencia. Es la trama, se prevé, a la que más enfermas neuronas insaciables de poder y de dinero destinaron los -de momento- investigados del PP madrileño. Como si de un argumento de una película de Hollywood se tratase, el Caso Púnica responde a un artificio de corruptela política destinado a proporcionar fondos públicos a altos cargos de la Administración Autonómica de Madrid para satisfacer las necesidades -electorales o no- del PP y, además, de paso, enriquecer a consejeros y directivos de los entes públicos. En verdad, todo sea dicho, era una auténtica y muy bien ejecutada empresa de corrupción movida a través de la Fundación Fundescam. Este ente privado creado por el propio Partido Popular y disuelto en el año 2015, se usó, concretamente, para instrumentalizar el desvío de fondos públicos bajo el pretexto de contribuir a asentar el desarrollo social y económico de la Comunidad de Madrid. Como veis, no podrían haber buscado un cometido más descarado para delinquir de la forma más impía posible. Y de toda esta inmoralidad, Aguirre era la directora y el cerebro.

La protagonista de esta columna, la fría y calculadora Esperanza Aguirre, fue no solo la Presidenta y Patrona de la citada fundación Fundescam sino que, además, la cotitular de sus cuentas bancarias. Todo lo que la fundación hacía, incluida la procedencia de sus fuentes de financiación, debían contar con el beneplácito y la dirección de Aguirre. Por ello, sin ningún remordimiento, podemos afirmar que la muy señora Aguirre fue el cerebro de la financiación ilegal del PP de Madrid y la ejecutora de su dirección. Lo cierto, no me lo puedo callar, subestimé a Esperanza. Aún no me creo que tuviese una mente tan perversa y retorcida. Es obvio, sin embargo, que, sin sus validos, el exconsejero Francisco Granados y el gerente del PP de Madrid, Beltrán Gutiérrez (que era la mano derecha de Esperanza Aguirre), nada de lo que ahora es realidad pudiera haberlo sido. La mayoría absoluta de Aguirre entre los años 2003 y 2011 también ayudó. Está más que claro.

Quiero terminar esta columna con dos sinceras anotaciones. En primer lugar, como no podría ser de otra forma, felicitar y reconocer públicamente el brillante trabajo del juez Manuel García-Castellón. No me quiero ni imaginar todas las presiones a las que debe estar sometido. Y, en segundo lugar, quiero demonizar las previsibles intervenciones de políticos que usarán, como ayudas retóricas, los ya tópicos “y tú más”, “casos aislados” y “ranas”. Me da verdadero pudor las inéditas lecciones anti-corrupción que a diestra y siniestra emiten los políticos socialistas. Como si ellos no tuvieran multitud de vergüenzas que esconder y callar. De verdad, hacéroslo mirar.

En cualquier caso, jugar al “y tú más” es profundamente dañino pues conseguiremos, tarde o temprano, convertir en una tenebrosa diversión la lucha contra la corrupción y prevaricación política; su desvirtuación y su inmaterialización llegarán tan pronto cuando focalicemos su lucha en una retórica constante y superficial y no en una batalla sin piedad y sin constreñimientos a lo que ya es una de las grandes lacras de nuestro país. La corrupción y el delinquir no entiende de ideologías. No es, por ello, un buen contraataque político. Porque no responde a una lógica política-ideológica. Sino a la psicología y a la tendencia megalómana inherente en algunos humanos. Tu ideología no impedirá, de ningún modo, que prevariques y te ofrezcas para ser actor activo de una trama de corruptela política. En fin, tan dañino es usar la corrupción como argumentario político como intentar esconderla y eclipsarla. El PP debiera responder con contundencia y firmeza y, sobre todo, diseñar los mecanismos necesarios para impedir, de raíz, que más casos de delito político aparezcan en su seno. Y no malgastar sus fuerzas en idear palabras y eufemismos que taponen, exclusivamente en un corto plazo, la oleada de críticas y el palpable malestar ante el descubrimientos de nuevos corruptos y entramados. Si no se elimina el problema de raíz, es obvio, una nueva planta puede brotar. Y el problema se cronificará en vez de desaparecer.

Esperanza Aguirre, la que has liado.

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