¿Es conveniente poner un cordón sanitario a la extrema derecha?

Shutterstock / Alvaro Laguna
por M. Victoria Gómez

Martes, 22 de febrero de 2022. El resultado de las recientes elecciones en Castilla y León ha puesto en el primer plano de la actualidad la conveniencia o no de establecer un cordón sanitario en torno a la extrema derecha, práctica que supone acuerdos entre los demás partidos para impedir que alcance posiciones de gobierno.

Esta circunstancia invita a hacer un rápido examen sobre la existencia de tales acuerdos en otros países europeos. La primera conclusión que podemos extraer es que no se trata de un comportamiento generalizado en la escena política. En la mayor parte de los países europeos no hay cordones sanitarios.

En Eslovenia, en Rumanía y en los países bálticos los partidos populistas o de extrema derecha han sido incluidos en coaliciones de diversas administraciones. En Italia y en Austria han formado parte del Gobierno nacional.

En los países nórdicos Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia, la tradición de consenso, que viene de décadas atrás y ha dado lugar a coaliciones gobernantes, no ha cerrado las puertas a los partidos populistas, en alza desde los últimos cinco años.

En Hungría y Polonia, donde gobiernan partidos populistas o de extrema derecha, existe un fuerte bipartidismo entre los partidos gobernantes, el FIDESZ en Hungría y el PIS en Polonia, y dos amplias plataformas de oposición. No hay lugar para cordones sanitarios.

En Francia y en Alemania, por el contrario, sí existe esta práctica y funciona. En el primero de los países ha dado lugar a buenos resultados en las elecciones presidenciales y regionales. En Alemania ha impedido el acceso de la Alternativa por Alemania (AfD) al Gobierno estatal y a los gobiernos municipales en el Estado de Sajonia, donde tiene una fuerte implantación.

¿Existe en España la posibilidad de construir un cordón sanitario en torno a la extrema derecha? Una primera mirada a las relaciones existentes entre Vox y el PP permite vislumbrar las dificultades que encierra esa contingencia. Su relación, frente a la que existe entre las derechas convencionales y las radicales en otros países, tiene una particularidad que hace todavía difícil la creación de un cordón sanitario.

Vox y PP: ¿una misma familia?

La genealogía de la extrema derecha en otros países nos muestra un nacimiento de estas fuerzas en relación de exterioridad con respecto a la derecha convencional. En algunos casos, a partir de sectores electorales diferenciados, como ocurre con los partidos ruralistas en los países nórdicos.

En España, Vox nace como un desprendimiento del PP y tiene con este partido una relación simbiótica. Muchas personas de ambos partidos consideran que forman parte de la misma estirpe. Este sentimiento familiar tiene una importancia trascendental. Es difícil que Vox sea visto por los partidarios del PP como un cuerpo extraño al que hay que aislar.

Por otra parte, la política del cordón sanitario no tendría un efecto saludable sobre la democracia si viniera condicionada por el utilitarismo tacticista de resolver la cuestión de la gobernanza solamente en un lugar concreto.

En Alemania y en Francia esta política ha formado hasta ahora parte de su ADN de cultura política. A efectos prácticos, actúa como un principio para aplicarse en cualquier tiempo y lugar.

En países como España, la falta de esta cultura debería ser reemplazada por un acuerdo de principio entre los partidos. Es la única manera de que sea eficaz y de que las ideas sobre el aislamiento de la extrema derecha de la gestión pública y la defensa de la democracia impregnen el cuerpo electoral. La necesidad de un acuerdo de este calibre hace aún más difícil el cordón sanitario.

La política del cordón sanitario no agota, sin embargo, la política de la izquierda hacia la extrema derecha. Su crecimiento debe ser el motivo principal de preocupación. Elementos como las desigualdades, la crisis del modelo de globalización económico y los cierres nacionales derivados de ella, el crecimiento de las migraciones, la rapidez de la evolución cultural y las polarizaciones que produce, el distanciamiento de las élites políticas del resto de la sociedad y la consiguiente degradación de la democracia han sido a menudo citados como ingredientes del caldo de cultivo que permite el florecimiento de la derecha radical.

Algunos de estos escollos pueden ser subsanados a medio plazo, pero otros exigen más tiempo. Aun sin espacio suficiente para desarrollar esta materia, vale la pena detenerse en dos cuestiones que dificultan el aislamiento de la ultraderecha: la banalización de las diferencias entre los partidos políticos y la polarización ideológica, que entorpece un juicio ético objetivo sobre los valores en liza.

El discurso de “todos los partidos son iguales, hacen lo mismo, se comportan de la misma forma” no es ajeno a sectores de la izquierda y es una manera indirecta de contribuir a la subestimación del auge de la extrema derecha. En otro artículo que publicamos anteriormente enfatizamos la trascendencia que tuvo para el ascenso del nazismo el descrédito del sistema de partidos.

La polarización ideológica no es solo cosa de la derecha

Sobre la polarización ideológica cabe decir que no es cosa solo de la extrema derecha. La izquierda contribuye a ella cuando se deja llevar por cierto purismo y elitismo y pone el acento en marcar territorio. Existen desafíos que no se pueden ignorar, como el de la disputa con la extrema derecha en torno a contenidos de valores como la libertad, la familia, la tradición y el sentimiento de pertenencia. Existen también otras cuestiones pendientes que la izquierda no puede rehuir, por lo que necesita reflexionar sobre ellas y buscar soluciones.

Sheri Berman, politóloga británica, aborda problemas como la relación entre la nación y la inmigración y afirma que muchas élites de izquierda creen que la nación es un artificio “retrógrado” o incluso peligroso, mientras que la mayoría de los ciudadanos no está de acuerdo.

Según Berman, los europeos están orgullosos de sus identidades nacionales y creen que, por el bien de su país, es necesario que los inmigrantes adopten sus costumbres y tradiciones. Según Berman, no enfrentarse a estos problemas hace que a la izquierda le resulte más difícil afrontar la amenaza de la derecha, porque en lugar de tener en cuenta las inquietudes de los votantes muchas veces las desprecian.

En resumen, si bien el cordón sanitario aparece como una práctica política lejana para aislar a la extrema derecha, hay otros muchos terrenos por explorar para que la izquierda logre ese objetivo.


Este artículo ha sido realizado con la colaboración de Javier Álvarez Dorronsoro, ingeniero industrial e investigador independiente.


M. Victoria Gómez es profesora titular de Sociología de la Universidad Carlos III y docente del Departamento de Análisis Social en cursos de de grado y post-grado. Es doctora en Sociología por la Universidad de Stirling (Escocia) y MsC en Urban Planning Studies por Oxford Brookes University. Sus principales áreas de investigación son los estudios urbanos y la sociología del género. En los últimos años se ha interesado igualmente por la recuperación de la memoria histórica, siendo co-cordinadora de un grupo de investigación dedicado a este cometido en la Universidad Carlos III. Fue vicedecana de Sociología de 2008 a 2014 y ha publicado numerosos textos en volúmenes y revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del comité coordinador de la European Research Network 37 (Urban Sociology) de la ESA (European Sociological Association).

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