En Huelva, la cultura se llama lunes

El lunes siempre fue un pobre huérfano, nadie lo quería y, como al niño tarado de la escuela, todos lo despreciábamos, nos reíamos de él, no soportamos nunca su rostro mal encarado. Tantas décadas estuvo abandonado, convertido en un objeto inservible, que se convirtió con el tiempo en un mal trago, sombrío aunque reluciera el sol, que habíamos de deglutir a la fuerza cada semana, deseando siempre que acabase ya y despuntara ya ese jueves que todos se disputaban. Pero, en la Tertulia Cultural Trastero Dispar-Arte, pensamos hace tres años que lo verdaderamente estúpido era competir con las asentadas actividades culturales que, de jueves a sábado, otras entidades celebraban y, conscientes de que lo único imposible de conseguir es aquello que jamás se intenta, nos aventuramos a celebrar nuestros eventos en ese día, el más gris, decían. Y ahora que comienza a vislumbrarse desde sus rincones un amplio arcoíris, ahora, comienzan a contraprogramarnos algunas asociaciones; todos se disputan los lunes, sin caer en la cuenta de que, como dice el verso del poeta Juan Carlos Mestre, las estrellas son para el que se las trabaja.

Ayer, lunes agrio como ninguno, tras la efusividad festiva y febril de la Magna rociera y la caída de temperatura nocturna, esperábamos un descenso en la afluencia de asistentes a nuestro evento, pues a la misma hora en la que ensayaban Mario Pousada y Marian Yanchyk sobre la tarima del bar Trastero, comenzaba otro acto de gran enjundia, también –cómo no- sobre la Pastora de las Marismas. Y, conociendo la idiosincrasia de nuestra ciudad, nos resignamos a lo evidente, eso pensábamos, sin adivinar siquiera lo equivocado que estábamos. A las 20.30, hora de comienzo anunciado, surgió una riada de personas que provenían de todas las calles; minutos después, ya no quedaban sillas libres, los que permanecían de pie acabaron triplicando a los sentados y el camarero no daba abasto sirviendo los pedidos. Cuando comenzaron a sonar las notas del violín y la guitarra, ya el local estaba atestado de personas ávidas de Cultura musical, esa que se escribe con mayúsculas, desde la humildad, el sano ejercicio de la crítica y la constancia del esfuerzo en mejorar cada día.

El concierto… fue mayúsculo. Ya nos sorprendió este dúo cuando lo descubrimos en YouTube, tocando en las calles de Lisboa, en terrazas de edificios, en locales portugueses de jam sesión. El virtuosismo de ambos es inefable. Cada vez que veo a Mario Pousada pulsar las cuerdas de su guitarra, rememoro a Max Suñé, aquel músico mítico del grupo barcelonés Iceberg, al que era imposible, de veloces, ver sus dedos sobre los dos mástiles de su guitarra. Lo de Marian Yanchik es inexplicable, si Malikian está pisando los mejores escenarios del mundo, Marian debería estar como él. Este ucraniano, que se gana la vida en Lisboa como operador telefónico es un virtuoso impresionante del violín, habla seis idiomas y, tanto él como Mario, cargan sobre sus hombros muchos años de fructífero estudio musical, de calles, sí, y de locales nocturnos y diurnos, sí, pero también de universidad, de conservatorio, de ese para nosotros extrañó lenguaje de fusas y difusas. Comenzaron con una sección primera de melodías jazzísticas de los clásicos de Broadway, enervando el suelo de tarima del Trastero al compás oscilante de los pies; poco a poco las armonías derivaron a un jazz más europeo, más de geografías del Este y más gitano, floreciendo el recuerdo de Django Reinhart del alma de sus instrumentos; luego algo de tango con un toque romaní; y finalmente música tradicional rusa, rumana, húngara, griega, turca. Mario soltaba la guitarra y tocaba ahora el laúd, que soltaba después para dominar con idéntica maestría el saz turco, tocando magistralmente un instrumento eléctrico y uno acústico después. Marian solo usó el violín, sí, pero un violín que, dependiendo de la pieza musical, lo mismo se transformaba en contrabajo punteado con los dedos, que en viola, en el arco de firme temblor que sostenía su diestra. La noche fue gloriosa, el público, al igual que la semana pasada con la obra de teatro, estuvo aplaudiendo durante largos minutos, pidiendo un bis tras otro. Y al final, se quedaron muchos para conocer y hablar con los músicos invitados. No sabemos cuándo volveremos a ver tocar a estos monstruos de sus instrumentos en Huelva, juntos. Marian Yanchyk volverá a Lisboa hoy martes, pero intentaremos, pasado un tiempo, que algún día vuelva a nuestra tertulia, aunque pensándolo bien, tanto él como Mario Pousada tienen un nivel tan excepcional que ya merecen mejores escenarios. Un concierto en el Gran Teatro, por ejemplo. Una pena que ninguna autoridad cultural de la ciudad estuviera presente anoche. Mario es onubense y con solo 23 años es un instrumentista magistral. Cuidemos algo más, por favor, nuestro joven patrimonio cultural, pues ellos son el único futuro.

Cambiando lo que ya es pasado por el inminente futuro de otro lunes cultural en el Trastero, comunicarles que el próximo día 12 nos visita el escritor jerezano Carlos Frontera, que nos presentará su libro de relatos “Andar sin ruido”, editado por la prestigiosa editorial Paginas de Espuma, 2017, reciente finalista del Premio Andalucía de la crítica, y celebrado por ésta en los más importantes diarios y revistas literarias del País, por su fino humor y sus novedosas técnicas narrativas. Carlos Frontera nació en 1973 y vive en Sevilla. «Andar sin ruido» es su primer libro, publicado por la editorial Páginas de Espuma, recientemente galardonada en la Feria del Libro de Guadalajara como la mejor editorial del mundo. Carlos Frontera es profesor de talleres de escritura de Casa Tomada. Algunos de sus cuentos se han publicado también en diversos medios —Cuentos para el Andén, Revista Narrativas, El Topo Tabernario, La Nave de los locos…

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