Elogio del optimismo (cuando parece que el planeta se va a pique)

por Dominic McAfee y Sean Connell (University of Adelaide) y Zoe Doubleday (University of South Australia).


A todos nos encanta el optimismo. Nos hace sentir bien y querer siempre más, nos hace la vida más fácil. Esta atracción tiene unas profundas raíces neurológicas que afectan tanto a nuestras funciones cerebrales como a la manera en que procesamos información que nos era desconocida.

Si nos atenemos a estas razones, apreciaremos el enorme poder del optimismo. Los individuos y grupos optimistas obtienen un mayor rendimiento en los deportes, despliegan mejor sus habilidades negociadoras y se recuperan más rápido de las enfermedades. Se podría decir que sentirse optimista es elaborar una profecía autocumplida.

Sin embargo, para los científicos el pesimismo puede ser una herramienta útil (y una respuesta lógica) a la hora de comunicar mensajes desalentadores. Los titulares que provocan un shock, además de reflejar (en ocasiones) la realidad con mayor precisión, llaman poderosamente la atención. Pero excederse en ellos puede derivar en cansancio y desinterés por parte del receptor.

Hace unas semanas se publicó nuestra investigación en BioScience. En ella describimos los pasos que debemos dar para combinar de manera útil el optimismo y el pesimismo al hablar de conservación ambiental. Para ello, nos sumergimos en diferentes disciplinas, desde la psicología hasta la comunicación, pasando por los negocios y la política, con el objetivo de comprender cómo los pensamientos positivos y negativos influyen en el desempeño de las personas en diferentes ámbitos.

Conozca su público objetivo

Para que el mensaje medioambiental que se pretende difundir cale en la audiencia, primero es necesario saber cuál y cómo es el público objetivo al que irá dirigido. ¿A qué teme, qué le preocupa? ¿Le interesa la naturaleza porque sí o solo cuando le afecta directamente? ¿Qué piensa de los científicos? Conocer sus valores facilita la elaboración de un mensaje a medida.

Por ejemplo, imagine que hay un plan para restaurar un bosque degradado cuya existencia ha sido ignorada durante mucho tiempo. Los beneficios de la recuperación de un hábitat olvidado son numerosos: el equilibrio mental que proporciona pasear entre viejos y fascinantes árboles, la ajetreada rutina de los animales que pueblan el bosque y revuelven su suelo para aumentar la productividad del ecosistema y limpiar los ríos, la abundante fruta que cae… En definitiva, la magna, brillante e inspiradora belleza de la naturaleza.

Parece claro que los beneficios que supone la conservación de un bosque pueden ser fraccionados de muchas maneras para alcanzar audiencias diferentes, independientemente de que sus principales preocupaciones sean de tipo ambiental, social, económico o personal. Conocer los valores y los temores del público objetivo ayuda a identificar qué información dejará poso en cada sector de audiencia.

Cree conciencia sobre la amenaza

El shock llama la atención, por lo que explicar sin cortapisas un grave asunto ambiental es una buena estrategia para agitar conciencias. La extinción de alguna especie, por ejemplo, tiene la capacidad de llamar mucho más la atención que una noticia positiva, especialmente cuando se pretende abordar las principales preocupaciones de la audiencia. Es entonces cuando el pesimismo (al que se podría llamar simplemente realismo) se torna necesario.

Los bosques que se encuentran en peligro han acusado la tala indiscriminada hasta tal punto que la madera con valor comercial está casi extinguida. Sin la sombra de los árboles, el suelo se ha endurecido y se ha vuelto tóxico bajo el impenitente sol, lo que ha provocado que la tierra no sea segura para el uso humano. La inaccesibilidad de las pocas áreas que no han sufrido daños hace que muy poca gente llegue a conocer la belleza de gran parte de la flora, por lo que pronto estos parajes desaparecerán de la memoria colectiva.

La accesibilidad de los bosques es importante para los senderistas. Shutterstock

Aquí es donde el primer paso, el conocimiento de los valores de la audiencia, adquiere importancia. En el caso de los excursionistas, la accesibilidad de los bosques será lo más importante. Para dirigirse a aquellos que se fijan en el coste de la vida por encima de todo, quizá lo mejor sea destacar que sin el filtro natural que supone el bosque, la limpieza del agua solo sería posible mediante la financiación de plantas de tratamiento del agua para su potabilidad.

Si los árboles se extinguieran, la industria maderera vería su fin, lo que reduciría las cifras de empleo. Esto tendría una incidencia directa en la desigualdad intergeneracional, ya que supondría que las generaciones anteriores habrían extraído un beneficio a expensas de las venideras.

Genere optimismo mediante historias exitosas

Aunque las noticias con un cariz negativo llaman la atención, la ausencia total de esperanza puede conducir rápidamente a la desesperación y al desentendimiento de la población. Sin embargo, al introducir elementos optimistas en la lucha contra la crisis medioambiental es más probable que la gente se mantenga concienciada e ilusionada ante la posibilidad de alcanzar el desenlace perseguido.

De hecho, las expectativas de obtener resultados positivos son un elemento motivador clave para el compromiso con una causa. Pero, ¿cómo se puede ser optimista cuando todo parece perdido?

El optimismo se puede construir en torno a historias sobre el medio ambiente con un final feliz. En el ejemplo que proponemos, explicamos que los árboles en peligro de extinción producen más semillas de las necesarias para sustituir a los viejos árboles. Gracias a estos granos, una comunidad autóctona ha reforestado el terreno donde antes existía un bosque, lo que ha producido señales que invitan a pensar en el éxito de la restauración del ecosistema. Una historia como esta genera optimismo en otras comunidades para visualizar estos mismos logros en sus entornos.

Ofrezca un camino por el cual transitar

Ni la esperanza ni el miedo cambiarán el comportamiento de la gente por sí solos. Para hacerlo, las personas deben creer que sus acciones pueden tener una influencia decisiva. Por lo tanto, nuestro próximo paso será infundir optimismo con el ofrecimiento a la audiencia de un camino que les sirva para involucrarse plenamente.

El éxito inicial de la restitución del bosque insufló optimismo a otras iniciativas remodeladoras. Aun así, sin la presión popular cabe la posibilidad de que las administraciones locales consideren innecesaria la inversión en restauración.

Sin embargo, cuando los equipos de gobierno están de acuerdo y las comunidades están comprometidas, podemos sembrar las semillas de la recuperación y contribuir al cuidado del entorno a largo plazo.

Cree sentimiento de comunidad

El último paso es construir un sentimiento de comunidad. Creer en la capacidad colectiva de un grupo unido nos proporciona motivación y nos anima a comprometernos. La pertenencia a un conjunto empodera a los individuos y les ayuda a enfrentarse a problemas que no abordarían por su cuenta.

Un espíritu positivo compartido por la comunidad es un gran apoyo. Mike Lemmon/flickr, CC BY-NC-SA

Incitar al público objetivo a formar redes comunitarias puede aumentar la presión popular, lo que haría que la fuerza se multiplicase. Los administradores locales pueden hacer caso omiso de las demandas de uno o dos amantes de la naturaleza, pero no pueden ignorar a un grupo de votantes que pretenden que se lleven a cabo acciones concretas.

El poder del pensamiento positivo se ha reconocido ampliamente, pero el optimismo en cuestiones medioambientales no es la panacea. Es necesario que exista un equilibrio entre el entusiasmo y el pesimismo, ya que ambos poseen virtudes motivadoras que atraen la atención e inspiran el movimiento a largo plazo.

El ejemplo incluido en el artículo surgió de nuestra experiencia al restaurar arrecifes de ostras desaparecidos en el sur de Australia. La restitución, de una extensión de 20 hectáreas, fue posible gracias al entusiasmo de una comunidad rural, ayudada por una ONG que puso su vasta experiencia a su disposición, y por varios departamentos gubernamentales que trabajaron para encontrar soluciones; todo ello sustentado por la credibilidad aportada por la investigación universitaria.


  Dominic McAfee, Postdoctoral researcher, marine ecology, University of Adelaide; 

Sean Connell, Professor, Ecology, University of Adelaide  

Zoe Doubleday, Research Fellow, University of South Australia
Este artículo fue publicado originalmente en 

Patrocinadores de La Mar de Onuba

Sea el primero en desahogarse, comentando

Deje una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.