El teatro, el otro escenario (imprevisto) para educar en sexualidad y violencia sexual

Captura de un instante de la representación de “Jauría”, escrita por Jordi Casanovas a partir de material real: las transcripciones del juicio a “La Manada” y declaraciones de acusados y denunciante aparecidas en diversos medios de comunicación. (Vanessa Rábade)

por Miriam Márquez 


Con las manos se cubre las mejillas enrojecidas y las lágrimas le asoman a los ojos. “Es como si me hubieran violado a mí, estamos destrozados, conmocionados”, cuenta Paula Tapial, una de las alumnas del instituto madrileño de educación secundaria Juan de la Cierva que ha asistido a una sesión especial para centros escolares de la obra de teatro Jauría. A su lado, otros compañeros opinan: “te sientes impotente, no sabes cómo ayudar”; “ahora entiendo por qué cuesta tanto denunciar cuando te violan”; “es increíble que los agresores pensaran que no habían hecho nada malo”.

Estos chavales tienen en su mayoría 18 años, los mismos que contaba la chica que en 2016 denunció a cinco hombres por haberla violado en grupo en la fiesta navarra de los Sanfermines. La detención de los cinco miembros de La Manada inició un mediático proceso judicial que culminó el año pasado con una sentencia que no satisfizo a ninguna parte y que recientemente ha sido recurrida por la Fiscalía del Tribunal Supremo español. La pena de nueve años de prisión por abuso sexual (y no por agresión sexual –que conllevaría una pena de cárcel mayor–), sacó en masa al movimiento feminista a las calles.

Jauría, escrita por Jordi Casanovas y dirigida por Miguel del Arco, reconstruye el juicio del caso sirviéndose de las declaraciones de la víctima y de sus agresores. El resultado es una ficción documental que disecciona con crudeza y sin maquillajes las distintas aristas de la violencia sexual, ya que pone el foco no solo en los violadores, sino en el tratamiento que recibe la mujer agredida del conjunto de la sociedad. Según el director español, si decidió reservar una sesión exclusiva por semana para los institutos de secundaria que estuviesen interesados en verla es porque los jóvenes “son los protagonistas del mañana, aquellos que van a tener que reinventar y reconstruir las relaciones entre hombres y mujeres”.

“Nos parece muy interesante esta iniciativa, aunque lo que nos gustaría es que la educación sexual se abordase de forma sistemática y pautada en las aulas, independientemente de los deseos de cada profesor o centro. No queremos que una cuestión tan vital dependa de las inquietudes del docente”, explica, por su parte, Fernando Sanz, profesor del instituto madrileño que ha asistido a la representación.

Sus palabras expresan el pesar por un “vacío” en materia de educación sexual en España que los expertos denuncian cada vez con más vehemencia. “La cuestión está olvidada, huérfana a pesar de que organismos internacionales como la OMS y la UNESCO consideran la sexualidad un derecho humano y una materia central en el desarrollo de los individuos”, explica María Teresa Bejarano, investigadora en la Universidad de Castilla-La Mancha. “No existe en España ni una sola asignatura obligatoria y troncal que aborde la educación sexual. Se deja a criterio de las regiones, que suelen incluirla como una parte de otras asignaturas, por lo que el contenido se diluye”, explica.

“Cada centro educativo español decide qué quiere dar en cuestión de educación sexual y, muchas veces, solo nos llaman cuando existe ya en el instituto algún factor de riesgo o una preocupación concreta, como haber detectado prácticas peligrosas o embarazos no deseados”, explica Roberto Sanz, psicólogo de la Fundación Sexpol, una organización especializada que prepara talleres en centros de secundaria.

“Cuando actuamos abordamos las cuestiones más urgentes, normalmente de salud y prevención. Nos gustaría tratar en profundidad otros asuntos igual de importantes como la gestión del placer, el consentimiento, la autorresponsabilidad, la igualdad entre hombres y mujeres”, explica.

Esta “laguna” española en educación sexual deja, según los expertos, el terreno abonado a la irrupción de otros canales no escolares de iniciación. Solo el 22% de la información sobre sexualidad que recibe un joven español proviene de su centro educativo, esboza un estudio elaborado conjuntamente por la institución alemana Federal Centre for Health Education (BZgA) y la red europea International Planned Parenthood Federation European Network. Un dato que sitúa a España muy lejos de otros países europeos sensiblemente más evolucionados en educación sexual, como es el caso de Países Bajos, la parte flamenca de Bélgica y Austria (donde un 93%, un 86% y un 84%, respectivamente, de la información de los estudiantes sobre sexualidad procede de su colegio/instituto).

En España, el hueco que deja la escuela lo ocupan sobre todo las redes: internet vehicula un 33% de la información que reciben los jóvenes españoles, según el mismo estudio. Una tendencia que preocupa a los profesionales de la esfera educativa. “La pornografía es el contenido sexual mayoritario que los jóvenes ven online y en ella se perpetúan comportamientos sexistas y prácticas muy machistas que denigran a la mujer. Esos contenidos pornográficos, que han existido siempre pero ahora son más accesibles, no se neutralizan con ningún tipo de educación dirigida por profesionales para desmontar los estereotipos y subrayar el terreno de lo afectivo”, explica Roberto Sanz, de la Fundación Sexpol.

¿El resultado de este fenómeno? Jóvenes, en realidad niños, que creen saber mucho sobre sexo por haber contemplado pornografía con regularidad.

El Instituto Psicológico Desconecta, especializado en adicciones al móvil, cifra en 10 años la edad de la primera exposición a la pornografía en línea en España. Para los expertos, este contacto habitual sin escudos ni preparación puede suponer un retroceso en material de igualdad, favorecer la violencia sexual e incluso generar patologías si el uso es compulsivo y enfermizo.

“Hay categorías específicas de violación en la pornografía, nos estamos volviendo locos”, cuenta el psicólogo Alejandro Villena, especializado en el abordaje de dificultades sexuales. “La pornografía elimina cualquier rasgo de afectividad, da una imagen exclusivamente física y sesgada de lo que es una relación sexual”, detalla.

A la consulta de Villena acuden algunos jóvenes que han desarrollado disfunciones sexuales por el abuso de la pornografía. Uno de ellos, ahora con 27 años, nos cuenta su lucha por abandonar esta adicción: “Al principio mi vida sexual fue bien, pero después las erecciones fueron fallando. Sentía indiferencia por los cuerpos reales, buscaba una perfección física imposible”, detalla. Salir de esta situación le ha llevado años de tratamiento y esfuerzo. Las recaídas siguen siendo frecuentes.

Una Europa a dos velocidades

El miedo ante el impacto de la pornografía sin control y la proliferación de otros casos de violaciones múltiples, de otras “manadas”, ha relanzado en España un debate sobre la educación sexual ya abierto o ampliamente superado en otros integrantes de la Unión Europea.

“Hay una gran diferencia entre España y otros Estados europeos, como Alemania o los países nórdicos donde la educación sexual está plenamente integrada desde hace años y cuenta con un gran respaldo”, explica Irene Martínez, investigadora de la Universidad de Castilla-La Mancha.

“En muchos de estos países se está trabajando ahora para dar un paso más e incluir contenidos que desborden el enfoque meramente biológico y formen en problemáticas como la violencia sexual, la lucha contra el machismo y los Derechos Humanos”, explica.

Suecia es un ejemplo de esta Europa que encara esta segunda fase de la educación sexual. En el país europeo que antes introdujo la formación sobre sexo en las aulas (1955), colectivos feministas se esfuerzan ahora para que los contenidos sobre violencia sexual y machista conformen una asignatura obligatoria e independiente en el currículum académico.

Por el momento, esta formación sobre violencia sexual y machista se presenta únicamente en el programa dedicado a la educación sexual. Y esta es la tónica en la mayoría de países europeos, incluidos algunos de los más aventajados en educación sexual en las aulas, como Alemania o Suiza.

Solo un escaso número de naciones europeas (Austria y República Checa, entre las excepciones) forma a sus alumnos específicamente para prevenir abusos, violaciones o cualquier comportamiento sexual violento. Y, en países como España, este tipo de contenidos está totalmente ausente de las aulas.

“Tenemos que hacer que la educación sexual se fundamente en el principio de igualdad entre hombres y mujeres. Y para ello necesitamos un cambio de mentalidad y la adecuada formación de los docentes, que no se está llevando a cabo de manera oficial. Actualmente tenemos profesores que se están autoformando por propia iniciativa”, explica la investigadora María Teresa Bejarano.

En la Unión Europea, los crímenes sexuales aumentaron un 8% entre 2015 y 2016, según cifras de Eurostat, la oficina europea de estadística. En España, una mujer denuncia una violación cada cinco horas, al tiempo que las agresiones sexuales con penetración aumentaron un 23% en 2018 respecto al año anterior, según datos confirmados por el Ministerio del Interior. Este repunte tiene que ver, según los expertos, con una menor tolerancia y una mayor conciencia sobre la necesidad de denunciar. A pesar de esta creciente visibilización de los abusos, las investigaciones siguen considerando estos datos la punta de un iceberg –y es que en torno al 70% de las víctimas de un delito de este tipo no denuncia los hechos–.


Miriam Márquez es periodista de prensa y televisión. Ha cubierto hitos como la caída de Hosni Mubarak en Egipto en 2011, los ataques de 2015 en Francia o la elección del Papa Francisco. Su debilidad es, sin embargo, por esas "pequeñas historias que lo dicen todo sin hacer un gran ruido".
Twitter: @miriam_marquez
Artículo publicado por cortesía de 

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