‘El séptimo sello’ en el centenario de Ingmar Bergman

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Por Jesús Cabaleiro Larrán.

“Y cuando el cordero abrió el séptimo sello, en el cielo se hizo un silencio como por media hora. Y vi a siete ángeles que estaban de pie delante de Dios y se les dieron siete trompetas, y los siete ángeles que tenían siete trompetas se dispusieron a tocarlas”, con estas palabras en off, recitando el texto bíblico del Apocalipsis de San Juan, bajo una imagen de un oscuro cielo, da inicio ‘El séptimo sello’.

Con motivo del centenario del nacimiento de su autor, el director sueco Ingmar Bergman (1918-2007) se ha recordado por todos los medios del mundo su trayectoria cinematográfica, compuesta por unos 70 filmes entre cine y televisión.

‘El séptimo sello’ (en el original sueco, Det sjunde inseglet) figura en lugar de honor en su filmografía. Ha sido votada como la que mejor refleja el juego del ajedrez y elegida como una de los 45 mejores filmes de la historia del cine. Fue premio del festival de Cannes en 1957 y recibió reconocimientos en España, en el precedente de la actual Seminci de Valladolid en 1960 y en los premios Sant Jordi, que otorga Radio Nacional de Barcelona, en 1962.

A lo largo de los más de 60 años desde que se estrenó, ha sido objeto de amplios análisis y estudios de todo tipo, incluido el intento de reproducir la partida entre el caballero y la muerte. El diario británico The Guardian la definió como “una película intachable de seriedad artística y moral”.

Pero la historia de la película, calificada como poema filosófico o alegoría existencialista, se inicia cuando Bergman vio en la iglesia protestante de Taby, en Estocolmo, la pintura ‘La muerte jugando al ajedrez’ de Albert Malare también llamado Albertus Pictor o Alberto el Pintor (1440-1507) realizada sobre 1480.
El autor de la pintura aparece en la película conversando con Juan, el escudero del protagonista, el caballero Antonius Block. Estaba pintando la danza de la muerte que enlaza con la última escena del filme, donde llama la atención la figura del escudero Juan de espaldas, siendo coherente con su actuación escéptica y discurso final.

La danza evoca a la iglesia románica de la Santísima Trinidad de Hrastovije, en Eslovenia y la pintura ‘La danza de la muerte’ de Johannes de Castuo, llamado Juan de Kastav,- en alusión a esa localidad, hoy croata- pintada en 1490, contemporánea de la de Taby.

La película está llena de simbolismos sobre el ajedrez y la muerte, e intenta reflexionar sobre la pregunta, entre otras, que todo ser humano ha pensado en algún momento de su vida, qué hay detrás de la muerte “aunque la mayor parte de los hombres no piensa ni en la muerte ni en la nada” como cita la propia Muerte en el filme.

En cuanto al gusto de la muerte por el ajedrez, cita el caballero “lo he visto en pinturas y en canciones”. “Después de puesta la vida tantas veces por su ley al tablero”, al igual que vino “la muerte a llamar a su puerta”, escribió nuestro Jorge Manrique (1440-1479). La vida no es más que un juego haciendo la metáfora con el ajedrez, referencia escrita desde los versos de Omar Jayam (1048-1131) hasta Borges(1899-1986).

Sobre la partida otra mención es a una “combinación de alfiles y caballos, una jugada más y le arrebataré la reina”, estrategia que desvela el propio caballero en una confesión a la propia Muerte. Asimismo, en otra jugada, el propio Antonius Block toma la iniciativa del juego haciendo jaque a la Muerte, que muestra su extrañeza ante el buen talante de su adversario.

Se produce la escena tras la bucólica imagen campestre del caballero y los comediantes –con los simbólicos nombres de José y María- tomando fresas (precisamente la siguiente película de Bergman fue ‘Fresas salvajes’) y leche en una exaltación de la felicidad y la amistad. Antonius Block los salva aunque es José con sus visiones quien ve lo invisible al igual que en su primera aparición, mientras luego recitaba “…canta Jesucristo y en el cielo reina santo regocijo”.

En austero blanco y negro se observa cómo se sostiene la fe ante el mal y la miseria humana. La peste evoca al apocalipsis nuclear que en la etapa del rodaje era una de las preocupaciones mundiales en un ambiente donde se desarrollaba la guerra fría.

Bergman sobre el mensaje de la película citaba: “El miedo nos hace buscar una imagen salvadora y esa imagen es Dios” El director sueco indagaba en aquello que al ser humano le causaba temor. El guión fue reescrito cinco veces y dio a conocer internacionalmente a Max Von Sydow, uno de los actores, actualmente con 89 años, de los más longevos y respetados en la industria cinematográfica.

Como curiosidad, el juego de ajedrez utilizado en el filme fue vendido en 2009 por un millón de coronas suecas (Cerca de 100 000 euros, un precio más de 50 veces superior a su precio real) en una subasta con 337 objetos pertenecientes a Bergman y usados en sus películas. A los 32 trebejos le faltaba el rey blanco ya que se partió durante el rodaje. El mítico director había solicitado que se vendiera tras su muerte. Una fundación pervive el legado del que fue definido como el mejor director de cine de todos los tiempos.

También mencionar finalmente que el filme ha inspirado incluso un poema, del chileno Waldo Rojas, exiliado en Francia tras al golpe de estado de 1973 y donde aún vive. Se titula ‘Ajedrez’ y cuyo inicio empieza: “Antonius Block jugaba al ajedrez con la Muerte junto al mar sobre la arena salpicada de alfiles y caballos derrotados”….

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