El informe de la OIT “Trabajar para un futuro más prometedor”: una primavera de esperanza para los trabajadores

por Philip Jennings


Se celebra este 2109 el año del centenario de la OIT y, con él, la publicación de un histórico informe de la OIT sobre el futuro del trabajo. Hace 15 meses se estableció una Comisión Mundial de la OIT, presidida por el primer ministro sueco Stefan Löfven y el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, con el objetivo de plantearse el futuro del trabajo. Desde el principio se aspiraba a elaborar un informe para cambiar la manera de pensar, la política y la acción, lo cual aparece reflejado en el título del informe de la Comisión: Trabajar para un futuro más prometedor.

Justo hace 160 años se publicaba la novela de Charles Dickens Historia de dos ciudades, y sus primeras líneas resuenan hoy: “Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos… era la época de la luz, era la época de las tinieblas… era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación”. Avancemos hasta el día de hoy: la Encuesta Mundial de la CSI 2018 corrobora un invierno de desesperación cuando más del 75% de los encuestados afirman que tienen dificultades financieras, que temen perder su trabajo, que los salarios mínimos son insuficientes, que el sistema económico favorece a los ricos y que a sus hijos les va a ir peor que a ellos. El Índice Global de los Derechos de la CSI confirmó una época de tinieblas para la libertad sindical, la negociación colectiva y la violencia contra los sindicalistas, ámbito donde los ataques están aumentando.

La Comisión tuvo en consideración estas y otras tendencias clave: los 200 millones de desempleados, los 300 millones de trabajadores que sobreviven con unos pocos dólares al día, casi la mitad de la mano de obra con empleos vulnerables, los 150 millones de niños que trabajan, las crecientes desigualdades, la persistente desigualdad de género, los estragos del cambio climático, los cambios demográficos, la transformación digital, los miles de millones de personas que carecen de una protección social adecuada, y el predominio que está adquiriendo el poder económico de las empresas alejándose de los trabajadores.

Para evitar que el informe pase desapercibido, la Comisión solicita a cada uno de los Estados miembros de la OIT poner en marcha conversaciones tripartitas nacionales para discutir a fondo un plan de acción nacional sobre la aplicación de las recomendaciones del informe, e informar a la OIT como corresponde. Es fundamental que todos los sindicatos contribuyan a ello. La Comisión, con llamamientos a la acción dirigidos a gobiernos, empresas y sindicatos, no ha dejado sitio para excusas. La Comisión Mundial ha concebido un plan y ha propuesto muchas ideas.

Martin Luther King dijo: “Nos enfrentamos al hecho de que el mañana es hoy. Nos enfrentamos a la urgencia extrema del ahora”. El tono del informe de la Comisión no es en absoluto complaciente; no transmite al mundo un mensaje reconfortante.

Rechaza que las cosas sigan igual. Exige un cambio de las reglas para ofrecer un contrato social revitalizado. Reconoce que los sindicatos tienen un papel clave que desempeñar, que nuestras ideas son parte de la solución para hacer frente al cambio, que los sindicatos son colaboradores clave para la creación de un nuevo contrato social.

El informe envía al mundo político y empresarial una advertencia de que, a menos que hagamos los reajustes necesarios para posibilitar un contrato social revitalizado, las divisiones económicas y sociales van a seguir aumentando. La desesperación de la inseguridad económica trae consigo el peligro de continuar alimentando la ola populista.

“La brecha entre los ricos y todos los demás se está ensanchando. (…) Muchas de nuestras sociedades se están volviendo cada vez más desiguales. Millones de trabajadores siguen estando excluidos, privados de derechos fundamentales y no pueden hacer oír su voz. (…) El aumento de la inseguridad y la incertidumbre dan pábulo al aislacionismo y al populismo”, afirma el informe.

La frustración con un mundo que parece haber dado la espalda al progreso social y económico para los trabajadores se refleja así: “si no intervenimos con resolución estaremos deambulando hacia un mundo donde la desigualdad irá en aumento, la incertidumbre se acentuará y la exclusión se fortalecerá, con repercusiones demoledoras a nivel político, social y económico”. El informe transmite un mensaje muy claro y contundente: sin justicia social peligran la paz duradera y la estabilidad.

El trabajo no es una mercancía

El punto de partida para el futuro pensamiento político fue la observación de que los contratos sociales no son suficientemente inclusivos y que es necesario volver a examinar las razones que condujeron al nacimiento de la OIT. Partiendo de las cenizas de la guerra, la revolución, la miseria y la terrible explotación de los trabajadores, la Comisión se confiesa impresionada por la constitución fundadora de la OIT, que, concluyó, “sigue siendo el contrato social universal más ambicioso de la Historia”.

Quiere que se reconstruya ese contrato. La Comisión se sintió impresionada por la Declaración de Filadelfia de 1944 de la OIT, que determinó la dirección de la OIT después de la guerra, cuando declaró que “el trabajo no es una mercancía”. Se llamó la atención de la Comisión sobre las repetidas declaraciones del G20 de que no debemos dejar a las personas atrás.

A muchos preocupaba que estemos efectivamente presenciando la mercantilización del trabajo, donde el derecho de los trabajadores a su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad, seguridad económica y en igualdad de oportunidades, no se está satisfaciendo hoy en día. Es decir, el contrato social está desgarrado.

La Comisión, al reflexionar sobre esta situación, observa que “la ausencia de un contrato social perjudica a todos” y exhorta a que se adopte un nuevo enfoque “que sitúe a las personas, y el trabajo que realizan, en el núcleo de la política social y económica y de la práctica empresarial: un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo”.

Asesta un golpe a las Big Tech (grandes tecnologías) y a los nuevos modelos empresariales de plataformas digitales, que “podrían recrear prácticas laborales que se remontan al siglo XIX y futuras generaciones de jornaleros digitales”. La Comisión tiene una visión clara acerca de un “contrato social revitalizado” dirigido a “renovar los fundamentos democráticos de nuestros mercados de trabajo y reforzar el diálogo social, para que todos puedan opinar sobre la forma que adoptarán los cambios en curso y la calidad de su vida profesional”.

Los modelos empresariales que favorecen la “uberización” se están viendo perjudicados al reconocer la Comisión que las relaciones de trabajo son la piedra angular de la protección laboral, añadiendo que el cumplimiento de un contrato social significa “garantizar los derechos fundamentales del trabajo, velando por que TODOS los trabajadores gocen de la protección laboral adecuada y administrando de manera activa la tecnología para garantizar trabajo decente”. La Comisión es tajante en su llamamiento a favor de una Garantía Laboral Universal y un nivel mínimo de protección social universal, desde el nacimiento hasta la vejez, para todos los trabajadores.

El marco político; la primavera de esperanza

Las recomendaciones del informe identifican tres pilares de acción: invertir en las capacidades de las personas, invertir en las instituciones del trabajo e invertir en trabajo decente y sostenible. El plan requiere que el mundo del trabajo sea clave en la acción de los Gobiernos sobre el futuro funcionamiento de nuestras economías. El informe de la Comisión es una advertencia contra el riesgo que supone dejar las cosas al arbitrio de las fuerzas del mercado. Aunque a muchos les habría gustado que el informe fuera más allá, los cierto es que este reclama una reforma empresarial por parte de las empresas, para que no solo estén al servicio de los accionistas, se alejen del cortoplacismo y hagan hincapié en la necesidad de ampliar la presencia de las partes interesadas en la toma de decisiones empresariales, señalando asimismo la necesidad de que las empresas paguen efectivamente la cuota de impuestos que les corresponde.

El informe expresa la preocupación de que quienes pierdan su trabajo en la transición podrían ser los peor preparados a la hora de aprovechar las nuevas oportunidades –que las competencias de hoy en día no van a encajar con los trabajos del futuro– de lo que se deriva el llamamiento a favor de un derecho al aprendizaje permanente. Es necesario reconfigurar el sistema para proporcionar a los trabajadores el tiempo y la ayuda financiera que necesitan para aprender, e introducir un seguro de empleo que permita a los trabajadores tomarse tiempo libre remunerado de sus trabajos para participar en formaciones. Las posibilidades de formación digital deben basarse en el acceso a una educación universal de calidad, impartida por docentes bien formados y bien pagados.

El informe reconoce que durante las transiciones las personas tienen que recibir apoyo a través de políticas activas del mercado de trabajo, donde constatamos niveles lamentables de inversión, y que en cada uno de los sectores de la economía sindicatos y empleadores deberían estar negociando acuerdos de transición para facilitar una “intervención temprana, asesoramiento y ayuda financiera”.

En las inquietantes transiciones futuras, subraya que “la negociación colectiva desempeña un papel clave en el fomento de la resiliencia y la adaptación”.

El informe destaca y detalla una agenda transformadora para lograr la igualdad de género, incluyendo una referencia a la satisfactoria conclusión de las conversaciones en favor de un instrumento normativo de la OIT contra la violencia y el acoso en el trabajo. El informe reclama iniciativas específicas para los jóvenes y los trabajadores de edad avanzada destinadas a favorecer una sociedad activa a lo largo de toda la vida.

Emite también un claro llamamiento a que los Gobiernos garanticen una protección social universal para todos los trabajadores desde el nacimiento hasta la vejez. La protección social debe cubrir a todos los trabajadores, incluidos los que trabajan por cuenta propia. El informe solicita una protección constante para los trabajadores en todas las circunstancia de empleo.

El texto de la Comisión deja claro el abandono que han sufrido las instituciones del trabajo, que considera como “los elementos básicos de las sociedades justas y comprenden, entre otros, la legislación, los reglamentos, los contratos de trabajo, las organizaciones de empleadores y de trabajadores, los convenios colectivos y los sistemas de administración del trabajo y de inspección laboral”. La Comisión hace un llamamiento favorablemente recibido para fortalecer y revitalizar las instituciones del trabajo, que están consideradas un “bien público”.

La Comisión recomienda el establecimiento de una Garantía Laboral Universal aplicable a todos los trabajadores independientemente de su modalidad contractual o de su situación laboral. La Garantía Laboral Universal deberá incluir derechos fundamentales y condiciones de trabajo básicas. La Garantía Laboral Universal deberá seguir desarrollándose a través de la negociación colectiva.

Tales derechos fundamentales tienen que incluir el reconocimiento de un nuevo derecho fundamental a la salud y la seguridad en el trabajo.

La Comisión solicita una mayor soberanía sobre el tiempo, admite que millones de personas querrían trabajar más horas de las que se les ofrece, y exige el derecho a la desconexión digital, así como medidas para proporcionar a los trabajadores un número garantizado y predecible de horas, horarios de trabajo que se negocien, y una remuneración extraordinaria para los que trabajan fuera de horario. Aquí no hay cabida para los contratos de cero horas.

Negociación colectiva: el componente crítico

La Comisión reconoce que la representación colectiva a través del diálogo social es un bien público que “se fundamenta en la esencia misma de la democracia”. Se necesita un cambio de políticas para reconocer que “la negociación colectiva es un derecho fundamental y una herramienta poderosa para conseguir el éxito económico y la equidad social”.

La Comisión reconoce que el crecimiento de la desigualdad de ingresos puede abordarse invirtiendo en instituciones de fijación de salarios, “ámbito en que las políticas actuales no han sido suficientes”, y que las políticas salariales tienen que revitalizarse “mediante una aplicación adecuada de los salarios mínimos legales y de los salarios negociados colectivamente”. Todos los trabajadores deberían disfrutar de libertad sindical y de asociación, así como del reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva.

El informe exhorta a que los modelos empresariales se ajusten a un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo.

Así pues, plantea una pregunta a los empleadores antiguos y, en particular, a los nuevos, para que pongan orden en su propia esfera de “contrato social”, para que fomenten el respeto por los derechos fundamentales, para que desarrollen un diálogo social y para que reconozcan el derecho de los trabajadores a afiliarse a sindicatos y a negociar. En su conjunto, estas recomendaciones constituyen una comprobación de diligencia debida para los empleadores, y resulta útil que en el informe se haga referencia a los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU.

La Comisión desarrolla lo que equivale a un “contrato social digital” con varios elementos, en favor de, por ejemplo, la eliminación de los sesgos de género en la inteligencia artificial y de un enfoque de la inteligencia artificial “bajo el control humano”; de reglamentos que garanticen la confidencialidad de datos y su uso, y la responsabilidad en cuanto a la utilización de algoritmos; y acoge con satisfacción las tentativas por parte de las autoridades para examinar las consecuencias de la concentración empresarial en el sector de la tecnología. Se solicita prestar especial atención a la evidencia –por ejemplo, la huelga de 30.000 trabajadores de Google para protestar contra el acoso y el sesgo de género– de que los modelos empresariales en la economía digital están perpetuando las brechas de género, y recomienda la adopción de medidas específicas para garantizar la igualdad de oportunidades y de trato para las mujeres en los puestos de trabajo del mañana que las nuevas tecnologías harán posible.

La Comisión abre nuevas perspectivas al recomendar el desarrollo de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo que establezca y exija que las plataformas respeten ciertos derechos y protecciones mínimos, y recurre como modelo al Convenio sobre el trabajo marítimo de 2006 de la OIT. En efecto, pone fin a la clasificación errónea de trabajadores, y, al igual que en la regulación de plataformas y la garantía laboral universal, la Comisión quiere que se hagan esfuerzos para garantizar su urgente operacionalización.

Coherencia política para los empleos del mañana; el futuro de la OIT

El informe relaciona sus recomendaciones a la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y recuerda que la comunidad internacional ha adoptado el objetivo del pleno empleo y el trabajo decente para todos. El informe expresa preocupaciones por las amenazas al multilateralismo, y para contribuir a revertir la tendencia recomienda en particular “el establecimiento de relaciones de colaboración más sistémicas y sustantivas entre la Organización Mundial del Comercio (OMC), las instituciones de Bretton Woods y la OIT”. Hace un llamamiento en favor de una mayor coherencia de las políticas para generar un crecimiento centrado en las personas, y señala que “las políticas comerciales y financieras son medios significativos para lograr el bienestar social y el desarrollo espiritual de la persona a través del trabajo decente”.

El informe identifica los ámbitos donde existen valiosas oportunidades para la creación de empleo en las que el mundo tiene que invertir, como por ejemplo en el trabajo de cuidados, en la mitigación del cambio climático, en la sostenibilidad rural y agrícola, y en infraestructuras físicas, digitales y sociales que incluyan “servicios públicos de calidad”.

Hay decenas de millones de puestos de trabajo por crear –y mediante una transición justa–. En las deliberaciones también se hizo un llamamiento a que las empresas mantengan el empleo, no se dediquen a contratar y despedir, e inviertan en su mano de obra para que las personas sigan trabajando.

El informe propone medidas urgentes para transformar el trabajo informal en trabajo formal.

Indica a los Gobiernos ir más allá del PIB a la hora de medir el progreso económico, de manera que se incluya el trabajo no remunerado, que se reflejen las externalidades de la actividad económica como la degradación ambiental y los gastos sanitarios, que se incluyan indicadores de la distribución y la equidad a partir de la renta familiar y que se incluya el acceso a la educación, la sanidad y la vivienda.

El informe proyecta un futuro optimista para la OIT y su cometido de lograr un futuro más prometedor en el mundo del trabajo. Admite que nuestras políticas e instituciones necesitan una reorganización general para garantizar que nadie se quede atrás. Incluye una advertencia sobre la transformación digital que se está situando a la cabeza de nuestra capacidad para asumir las consecuencias. La OIT debería proseguir con su función normativa, reforzar el tripartismo, estar en el centro de la encrucijada de políticas para configurar el futuro del trabajo, establecer un laboratorio de innovación y crear un grupo de supervisión de expertos para analizar las tendencias y contribuir al desarrollo de políticas. El sistema de la ONU debería ser el motor de las medidas de transición justa para conseguir un mundo del trabajo mejor.

El llamamiento en favor de acuerdos de transición en los sectores económicos proporciona nuevas oportunidades para el programa sectorial de la OIT. Habiendo identificado las tendencias mundiales, es también hora de que la OIT invierta recursos para desarrollar el diálogo transfronterizo y la promoción de normas fundamentales del trabajo en las cadenas de suministro donde la experiencia del Acuerdo de Bangladesh será de máxima utilidad.

En conclusión, del informe se desprenden numerosas vías constructivas a emprender. Es importante que los sindicatos exijan participar en la elaboración de planes de acción nacionales. Este informe incluye muchos elementos para ayudar a las personas durante la futura transformación. El informe será examinado por el Consejo de Administración de la OIT y durante la CIT de junio. Se mantendrán intensas deliberaciones sobre la Declaración del Centenario de la OIT, que tiene que alcanzar el nivel de la Declaración de Filadelfia.

El presente artículo repasa únicamente los temas principales, de manera que se solicita a los sindicatos que dediquen la máxima atención al informe. Es importante movilizarse en torno a su seguimiento práctico, y la CSI hará que esto suceda.

De una Historia de dos ciudades a una historia de dos mundos del trabajo, la inacción política supondrá una época de tinieblas para muchos. Este informe brinda las semillas de una “primavera de esperanza” para los trabajadores.


Philip Jennings

Philip Jennings fue secretario general de FIET de 1989 a 1999 y de UNI Global Union de 2000 a 2018. En 2017 fue nombrado miembro de la Comisión sobre el Futuro del Trabajo de la OIT. Como copresidente de la Plataforma sobre el Trabajo Infantil de la OIT, ha intensificado la expresión para la eliminación del trabajo infantil y ha subrayado la urgente necesidad de abordar este tema a través de las cadenas mundiales de suministro. Es integrante del Consejo del Pacto Mundial de las Naciones Unidas (desde 2011), ha asumido puestos de liderazgo dentro del movimiento sindical internacional general y fue presidente del Consejo Global Unions y miembro del Consejo General de la CSI.

Twitter : @PJenningsUNI

Este artículo ha sido traducido del inglés por 

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