El fin del dinero en efectivo

por Francisco Villanueva

Cada vez es más evidente que el uso de los billetes de alta denominación y el uso frecuente de efectivo es una manera de utilizar “dinero negro” y cada vez se plantea con más énfasis la eliminación de esta forma de pago como sistema de subsanar una ingente cantidad de economía sumergida que aún queda en el mundo.

Por otra parte, cada vez es más posible que si usted va a tomar un café en un futuro, y en el establecimiento habrá un cartel que indica “No aceptamos dinero en efectivo”. Esta manera rotunda de eliminar el efectivo en pequeñas cantidades parece muy difícil y quizá pensaría que se trata de una broma. Sin embargo, hay países como Suecia donde se usa muy poco el papel moneda y es común ver este tipo de advertencias. En un reciente viaje que realicé hace poco a Estocolmo pude comprobar que no hace falta ya pasar por el cajero a retirar coronas suecas porque todo se paga con el teléfono, con tarjeta… Se estima que en 2018 sólo el 5% de los pagos totales se han hecho en efectivo, según el Banco Central de Suecia, es demoledor.

Pero el futuro inmediato va a cambiar radicalmente; en primer lugar, la incursión de la iniciativa europea de Instant Payments, que permite transferir importes en euros en menos de diez segundos, es considerada como una herramienta con suficiente potencial como para contribuir al fin del efectivo. En segundo lugar, la opción de comprar y pagar con asistentes de voz, aprendizaje automático y el procesamiento de lenguaje natural, da puntos a la hora de usar las tarjetas. Se ha pronosticado que para 2020, el 80% de las marcas usarán chatbots para las interacciones con los clientes. Al vincular directamente una opción de pago al asistente de voz, la experiencia de compra es rápida y ahorra tiempo.

Además, el efectivo sale muy caro: su impresión y distribución puede conllevar costes de hasta el 1,5% del PIB para las economías nacionales, según estimaciones de MasterCard.

Los reguladores y los bancos también valoran los beneficios de una sociedad sin efectivo ya que aumenta la trazabilidad, un aspecto de gran interés para las autoridades fiscales, el uso de dinero es sinónimo de personas que evaden impuestos.

Algunos países ya se han subido al carro de la sociedad sin efectivo. Es el caso de Suecia, India y Corea del Sur. El Banco central sueco, el Riksbank, predice que las transacciones en efectivo representarán menos del 0,5% del valor de todos los pagos realizados en el país en 2021. Corea del Sur tiene como objetivo quedarse sin dinero en efectivo en 2020. Y desde noviembre de 2017, el Gobierno indio se ha embarcado en una política de desmonetización que se considera un paso importante para convertirse en una economía sin efectivo.

Por lo tanto hay una enorme diferencia aún. ¿Qué motiva a Suecia a tener una marcha más en el proceso de desaparición del dinero físico? Los principales argumentos para adoptar estas medidas de cambio tienen como prioridad eliminar por completo los robos y disminuir la evasión fiscal. Al pagar con tarjeta, todos los movimientos de compra o de transferencia quedan registrados.

En 2014, según datos del Ministerio de Economía sueco, sólo en 25% del total de las compras se hicieron en metálico. Dos años después, en enero de 2016, el Gobierno aprobó que los comercios podían cambiar la política de sus establecimientos y aceptar únicamente pagos con tarjeta o teléfono móvil, es decir, sin dinero en efectivo. Una medida que, a día de hoy, muestra una realidad que no parece que tarde en llegar al resto de economías.

Otros países también están incorporando esta tendencia o en este caso necesidad. En Kenia, la otra cara de la moneda a nivel económico si se compara con Suecia, más del 70% de la población adulta utiliza el procesador de pagos “M-Pesa”, según los últimos datos del Banco Mundial. “M-Pesa” es tecnología móvil que permite pagar y hacer transferencias mediante SMS (mensajes de texto), en lugar de utilizar el Chelín Keniano (moneda oficial del país).

Asimismo, la India está en proceso de quema del papel moneda. El segundo país más grande en número de habitantes, ordenó en 2016 que los poseedores de billetes de 500 y 1.000 rupias debían cambiarlos en las entidades bancarias, ya que a finales de año no serían de curso legal. Éstos eran los de mayor cuantía y representaban el 86% del efectivo total. La iniciativa se tomó como medida extraordinaria para evitar la economía sumergida y las actividades ilegales. El primer ministro, Narendra Modi, aspira a que en 2020 India sea completamente digital en cuestión de pagos.

La digitalización se mueve a grandes velocidades y hay quienes prevén que en unos años las monedas y los billetes serán obras de colección y fetiche. Las voces más críticas sobre estos cambios hacia el dinero de “plástico” argumentan que es una forma de controlar la privacidad de los ciudadanos y de este modo controlar qué compra, a qué hora y en qué lugar. Además, la información es el nuevo petróleo. Con tal cantidad de datos de los usuarios y la tecnología “big data” será muy lucrativo hacer estudios de mercado y definir mejor aún que ofrecer a los clientes.

En definitiva, sea por cultura o por necesidad, los procesos de pago están cambiando en el mundo. Si se hace un recorrido por Europa, se observa que en el norte apenas se usa efectivo. Sin embargo, en las economías del sur prefieren las monedas y los billetes. Hay beneficios e inconvenientes pero la tendencia es que el pago en tarjeta o móvil quiere ser el nuevo rey de la economía.

También hay que prestar especial atención al ocaso de las tarjetas de crédito, pues los expertos ya anuncian que perderán cuota de mercado en los próximos años. Esto es debido, sobre todo, a la llegada de PSD2, la segunda Directiva de Servicios de Pago de la UE, que permite a los comercios activar los pagos directamente de los clientes y eludir las tarifas y posibles fraudes relacionados con las tarjetas de crédito. En respuesta a ello, se están desarrollando servicios tales como pagos con tarjeta instantánea, wallets digitales y pagos integrados con el IoT. También se están expandiendo hacia pagos sin tarjeta, lo que es más notable con la adquisición de Vocalink por parte de Mastercard.

Se trata de un sector con muchos cambios, aunque cada país lo hace a un ritmo diferente. Es evidente que los procesos de pago se aceleran, y el procedimiento es cada vez más sencillo, por lo que el crecimiento de los pagos sin efectivo presenta oportunidades interesantes para emisores, adquirentes y comercios

Los usuarios ya gastamos más dinero con tarjetas que en efectivo. Según Euromonitor International, 2016 fue el primer año en el que se apreció este cambio. Y la tendencia continúa. Estas son algunas de las señales que explican este hecho, según Worldline, firma especializada en medios de pagos y servicios transaccionales.


Francisco Villanueva Navas. analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero.

En Twitter: @FranciscoVill87

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