EDITORIAL: El ejemplo de nuestros mayores que debería avergonzarnos

Los mayores y pensionistas de Huelva dieron el pasado jueves una impresionante lección de movilización cívica. Sobre todo cuando se hace necesario alzar la voz contra gobernantes y leyes, que suponen un retroceso al modelo de Estado de Derecho que los españoles llevamos más de cuarenta años intentando construir.

El ataque deliberado al sistema de pensiones, así como las modificaciones para el acceso y el cálculo de las pensiones futuras (factor de sostenibilidad), no pretenden garantizar su viabilidad. Es lo que defiende el Gobierno del PP, que presenta a la ministra Fátima Báñez poco menos que como la salvadora de la Seguridad Social española. Esta misma semana la hemos escuchado ufanarse de que el organismo estatal vuelve a ingresar más de lo que gasta cada mes, “como antes de la crisis recibida del anterior Gobierno”.

El objetivo es inocular en la población que el sistema de pensiones está en permanente peligro. Y que sólo renunciando a una digna calidad de vida podrá seguir metiendo algo de dinero cada mes en el bolsillo de los jubilados, los incapacitados y los dependientes. El primer paso es devaluar el poder adquisitivo, y aunque se presuma de lo contrario, que esa devaluación sea bien perceptible, como un aviso de que podría ser peor sin las reformas impuestas por el Partido Popular. Lo ha dicho el Presidente este mismo fin de semana, que ha cargado contra quienes “piden lo que no se puede pagar”.

Es contra lo que se rebelan los mayores españoles que el jueves tomaron las calles de toda España. Las plataformas de pensionistas, con escasos recursos, y escaso y poco contundente apoyo las fuerzas sindicales y los partidos de izquierda, hicieron una poderosa exhibición de protesta nacional. Se contabilizaron por miles en todas las concentraciones de más de 80 pueblos y ciudades del España. Y no clamaban solo por sus pensiones.

Nuestros padres, madres, abuelos, abuelas, hacen una extraordinaria demostración de civismo cuando ponen al frente de sus reivindicaciones “las pensiones de mañana”. Cuando piden recuperar los 65 años como edad de jubilación, que no se penalice la jubilación con 40 años cotizados, la recuperación del subsidio para mayores de 52 años, la supresión de los nuevos requisitos, y la eliminación de las bases de cotización máximas.

Y, sobre todo, cuando reclaman una gran reforma, incluso constitucional, para blindar el pago de pensiones por parte del Estado. Claro, que en tiempos de vacas flacas, ese tipo de reforma -un 135 para las pensiones- igual obligaría al Estado a priorizar el pago de las pensiones dignas que exigen nuestros mayores, y limitaría la disponibilidad de caja para el recate de autopistas radiales que nunca fueron necesarias, o bancos y cajas de gestión irresponsable.

Por eso sorprende que la abrumadora movilización del pasado jueves destacara, en el lado negativo, por la ausencia de los que aún no son pensionistas. En Huelva, para centrar el ejemplo, hay tantísimas personas desempleadas que fue inevitable echar de menos en la multitudinaria manifestación su presencia acompañando a nuestros combativos mayores.

Es esta una provincia, además, que adolece de una notable cifra de afectados por el paro después de haber tenido una larga vida laboral. Miles de personas sin trabajo después de haber cumplido los 40, los 50 años. Las reivindicaciones que citadas un par de párrafos atrás, piensan más en esos trabajadores que en los propios colectivos que las reclaman. Son sus propios hijos, y dentro de muy poco, que el tiempo vuela, los que van a ser los verdaderos paganos de las reformas que la derecha política y económica lucha por ampliar y mantener a toda costa.

Las pensiones, por jubilación, viudedad, incapacidad o dependencia, no pueden plantearse como una gracia del Estado en tiempos de bonanza. Son un Derecho. Y los derechos no están sujetos a criterios de “viabilidad” o “sostenibilidad”. Nuestros mayores saben la importancia de su lucha para dibujar el modelo de país que queremos. Debería avergonzarnos no haber estado con ellos el pasado jueves. La movilización acaba de empezar. ¿Se quedarán solos en su defensa? En la de todos.

La rebelión de los pensionistas: Huelva se suma multitudinariamente a la “ola de indignación” que recorre España

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