El drástico y eficaz método de China para contener el coronavirus

China se encuentra cerca de acabar con el coronavirus en su territorio, ya que este martes no registró ningún nuevo contagio local fuera de Wuhan, epicentro de la epidemia.

En el resto del territorio solo se identificaron dos casos importados nuevos: uno llegó a Pekín procedente de Reino Unido y otro aterrizó en la provincia sureña de Guangdong desde España.

China ha puesto en marcha una serie de drásticas medidas para prevenir la propagación del virus procedente del extranjero y le ha funcionado. Así lo ha explicado de primera Nyscalo, un usuario de la red social Twitter que vive en Shanghái. Pasamos a transcribir el hilo.

«Vivo en Shanghái. Parece que la crisis del coronavirus empieza a estar controlada por fin en China. Os

Voy a contar cómo se ha combatido el virus aquí y el efecto de las medidas tomadas en la población. Vais a flipar.

Primero habría que reseñar que China ya sufrió un brote de un coronavirus en 2003, con 349 muertos, que sobre todo se cebó con Hong Kong. El pánico se apoderó de la población y se hablaba de que la enfermedad podría matar a cientos de miles de personas.

Ya entonces se cerraron colegios, se pusieron hoteles en cuarentena y se generalizó el uso de las mascarillas. Asimismo, China ha sufrido otros brotes esporádicos de gripe aviar que han ido concienciando a la gente sobre cómo actuar contra los virus.

Sociológicamente, hablamos de otro planeta. La civilización china ha vivido oprimida casi siempre. Cultura de clases, emperadores absolutistas, dictadores políticos, etc. La dedicación, el esfuerzo y el bien común sobre las libertades individuales son valores asumidos en China.

Todo cambia la última semana de enero, unos días antes del Año Nuevo Chino, cuando el gobierno decide cerrar la ciudad de Wuhan, principal foco de la epidemia. Se cierran las oficinas, las fábricas, las escuelas; el aeropuerto, las estaciones de tren y las carreteras.Al lío. La crisis estalló en diciembre, pero hasta mediados de enero no se le dio apenas visibilidad. Por entonces, el gobierno se dedicaba a acallar las voces de los doctores que alarmaban de la situación mediante el uso de formas mafiosas.

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¡Ojo! La cuarentena de Wuhan, donde viven unos 10 millones de personas, se declara el 22 de enero, cuando el número de afectados era de tan solo 500 personas. Con una población de 7 millones, la Comunidad de Madrid tiene hoy 500 afectados. ¿Veis la diferencia?

De ahí en adelante, las restricciones se instauran en el resto del país y la maquinaria gubernamental se pone en marcha para controlar a la población. Los comités vecinales y las empresas deben enviar un informe diario al gobierno con datos precisos de los ciudadanos:

Nombre, apellidos, documento de identidad, temperatura a las 10am, lugares visitados en los últimos 14 días, contacto con afectados, síntomas, etc. Un formulario que todos los ciudadanos han de rellenar diariamente a través de sus teléfonos móviles.

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Usando el “Big Data”, el gobierno implanta un sistema de códigos “semáforo” que aparecen en el smartphone al escanear un QR: verde si no hay peligro; naranja para los que han visitado zonas sin riesgo durante los 14 días previos; rojo para los que deban permanecer en cuarentena.

Este sistema cruza datos del Ministerio de Sanidad, del de Transporte y de la policía, con la info que tu comité vecinal y tu empleador envían a diario al gobierno. Saben quién eres, dónde estás, con quién estás… Si viajas en un tren con un infectado, el gobierno se entera.

Te piden escanear ese QR en tu lugar de trabajo, en las urbanizaciones donde vives, en muchos restaurantes, etc. Así, si un vecino o un compañero de trabajo es ingresado por el virus, tu código saldrá rojo, te negarán el acceso y te mandarán a casa a hacer cuarentena.

Hace dos semanas, un vecino de mi urbanización llegó a Shanghái en un vuelo en el que se detectó un caso. La policía fue a buscarlo al día siguiente a casa y se lo llevó a pasar la cuarentena a un hospital/hotel. No es un sistema infalible, pero es rápido y bastante eficaz.
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Aunque no está prohibido, la gente no viaja fuera de sus ciudades porque es probable que al volver tengan que guardar cuarentena. En las urbanizaciones solo dejan entrar a los residentes; en los lugares de trabajo solo a los empleados. Prohibidas las visitas.

La situación es tal que una impresora de mi oficina lleva 2 semanas sin funcionar y no dejan entrar al técnico que tiene que arreglarla.

Muchos edificios de oficinas no utilizan la calefacción por miedo a que el virus se propague por los conductos del aire. La gente trabaja con el plumas puesto (y, por supuesto, con la mascarilla, ¡obligatoria!).

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La mayoría de restaurantes han estado cerrados prácticamente dos meses. A los que han abierto, una ordenanza municipal los ha obligado a reducir el número de mesas para aumentar la separación entre los comensales.
Las clases en colegios y universidades fueron suspendidas sine die desde el 24 de enero. Se ha montado un sistema de clases on-line para que los alumnos puedan seguir estudiando desde sus casas.

Ni que decir tiene que todos los lugares de ocio siguen también cerrados. Los cines, las discotecas, los polideportivos municipales, los gimnasios privados, los parques infantiles… La gente va de casa a la oficina y de la oficina a casa. No hay más.

A día de hoy no hay visos de reaperturas. ¿Os imagináis dos meses así en España?

En cualquier acceso, ya sea a un lugar público o cerrado, te toman la temperatura. En el metro, en las oficinas (obligatorio a las 10am y a las 3pm), para entrar al edificio en el que vives, en los pocos restaurantes que están abiertos.

El nivel de control es tal que en los ascensores han colocado unas marcas en el suelo que indican el lugar en donde te tienes que situar para evitar acercamientos indeseados.Cerca de mi casa hay un parque con un carril bici. Para acceder, te bajan de la bici y te toman la temperatura. Si das más de 37.3, un policía reporta tu situación, código rojo y para casa a hacer dos semanas de cuarentena.
Imaginaos que pedís un Big Mac y, cuando te llega a casa, un papelito te indica el nombre del cocinero y te asegura que su temperatura está por debajo de los 37,3 grados. (Fuente: @elgatochino)

El trastorno económico para China está siendo brutal. El output industrial en febrero se desplomó a la mitad y los perjuicios para el sector de los servicios fueron aún peores. Se estiman unas pérdidas de $196 mil millones de dólares.

Os he contado lo que está pasando en China. Todas estas experiencias se viven en Shanghái, una ciudad de 20 millones de habitantes en la que ha habido 342 casos y solo 3 muertos. Repito que en Madrid aún estamos en pañales, y con el doble de casos.Mientras tanto, en España, la vicepresidenta Nadia Calviño decía el pasado 4 de marzo que prevé impactos “poco significativos” en la economía por coronavirus.

Es difícil pensar que todas estas medidas se puedan implantar en España. Ojalá podamos contener el virus sin llegar a tanto. El problema es que aún hay gente que piensa (¡y predica!) que esto es una simple gripe… ¡Espero que abramos los ojos pronto! FIN #COVID19#coronavirus

 


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