El Congreso No Oficial de los Frutos Rojos denuncia «listas negras» en la contratación en origen de mujeres marroquíes

Los jóvenes onubenses del movimiento Fridays for Future y Ecologistas en Acción cuestionan que el modelo productivo de las berries sea «sostenible y respetuoso con el medio ambiente y recursos naturales como el agua».

Las mujeres que denuncian abusos e incumplimientos de contratos son descartadas para las siguientes temporadas, según las «conclusiones» del congreso alternativo.

Los colectivos convocantes escenifican el lado oscuro de la contratación «en origen».

Trabajadores subsaharianos obligados a vivir en asentamientos chabolistas, negros en su mayoría, preguntan por qué no hay viviendas dignas para ellos si pueden pagarlas.

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía: «Los incendios en los asentamientos son el resultado de una actitud temeraria por parte de empresarios y administraciones».

[Fotografías: Martín Naranjo. Vídeo: Carlos Sancho)

Los colectivos convocantes del Congreso No Oficial de Frutos Rojos (una performance reivindicativa realizada en la Plaza del Punto de Huelva), denunciaron el pasado miércoles, 19 de junio, la existencia de «listas negras» a través de las que los empresarios agrícolas onubenses descartan a trabajadoras contratadas en origen que hayan sido «conflictivas» en anteriores temporadas. Así, aquellas que han sido especialmente beligerantes al exigir respeto para sus derechos laborales y salariales, así como el cumplimiento de las condiciones de sus contratos y alojamiento, no pasan la selección de años posteriores. Según explicó el Colectivo Mujeres 24 Horas, esta organización tiene constancia de casos concretos que acreditan su afirmación, que explican por qué las mismas mujeres que les piden ayuda sean reacias a presentar denuncias ellas mismas ante los organismos pertinentes, aún contando con asesoramiento y apoyo.

Frente a la Casa Colón, donde a esa misma hora tenía lugar la sesión de tarde del 5º Congreso Internacional de Frutos Rojos (organizado por Freshuelva, la gran patronal de los productores de las apreciadas berries onubenses), Mujeres 24 Horas, Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad (Asnuci), Ecologistas en Acción y los jóvenes de Fridays for Future celebraban su propio congreso -alternativo- sobre la industria del «oro rojo». Una performance para completar una programación, la del otro congreso, el oficial, que «ha olvidado incluir la realidad social del sector».

El «seleccionador» observa la manos de la candidata en la performance de los colectivos

El grupo de activistas que promovieron la actividad escenificó, en primer lugar, «el proceso de selección y contratación en origen de mujeres marroquíes», atendiendo a la información que sus organizaciones han venido recabando en las campañas de recogida de berries de los últimos años. Testimonios coincidentes con otros que se han venido publicando en medios de comunicación y extranjeros (entre otros, La Mar de Onuba) desde hace años.

Un proceso en el que la parte contratante evalúa a las mujeres mirando sus manos y observando, in situ, que no tienen impedimentos físicos para agacharse. También verifica en el Libro de Familia (único documento que se exige a las candidatas) que son madres de hijos menores y dependientes. En la performance, las mujeres sin hijos son excluidas del proceso de selección. En las filas de candidatas no hay hombres, como no los hay, sostienen las organizaciones, en la vida real. Los empresarios sólo contratan mujeres en Marruecos. Como explicaba el año pasado Alberto Garrocho, presidente de Freshuelva (precisamente durante la presentación a los medios de comunicación del 4º Congreso Internacional), las mujeres están «posturalmente» mejor adaptadas para recolectar nuestras delicadas fresas. Otros, tal vez expertos en Mendel y alelos , llegan a decir «genéticamente adaptadas». Doctores tiene la iglesia del berrie.

La segunda parte de la performance, un ejercicio teatral tan admirable como desolador, llevaba hasta la Plaza del Punto un día del modelo laboral sobre el que quieren llamar la atención. Los colectivos sostienen que no es un modelo generalizado, pero que excede el apelativo de «caso aislado». También les sorprende que organismos como la Inspección de Trabajo o los sindicatos no hayan detectado estas situaciones como sí lo han hecho ellos.

«Hay que aguantar», le recrimina la manijera, que acaba concediendo: «Anda, ponte ahí a un ladito, y lo haces». La trabajadora se aleja unos metros de la fila y orina a la vista de sus compañeras
En ese modelo, las mujeres portan una «ficha de identificación» individual; un código QR gracias al que un lector digital registrar la hora de entrada al tajo. Al menos en esta dramatización, la ficha no pasa por el mismo dispositivo para registrar igualmente la hora de salida. En la representación arranca la jornada laboral. Es un día de intenso calor, en pleno Ramadán. Las mujeres marroquíes, musulmanas, no comen ni beben nada hasta la hora de iftar, cuando el sol se pierde en el horizonte. «Más rápido, hay que ir más rápido», dice la manijera. «Señora, necesito ir al baño», dice una de las temporeras. «¿Ya?», responde la manijera. «Si no llevamos ni una hora. Todavía no; te esperas a la hora del bocadillo», añade. «Pero es que no puedo aguantar», se queja la trabajadora. «Hay que aguantar», le recrimina la manijera, que acaba concediendo: «Anda, ponte ahí a un ladito, y lo haces». La trabajadora se aleja unos metros de la fila y orina a la vista de sus compañeras.

La jornada avanza, el calor aumenta. Una de las mujeres tiene una bajada de tensión. «¿Y a esa qué le pasa? ¿No estás bien? Bueno, pues si no estás bien te vas a la vivienda. Pero mañana, no vengas. Ya te diré yo cuándo puedes volver. Eso si no te vas mañana mismo a Marruecos. Aquí la que no esté en condiciones de trabajar no se va a mantener aquí». Según la lectura de diversas fuentes consultadas por esta revista, el acuerdo entre los reinos de España y Marruecos, permite a los empresarios decidir los días que las súbditas marroquíes trabajan o no en las fincas a las que han sido asignadas. Los días que no se labora, no se cobran. Además, según esa misma, pueden en cualquier momento dar por concluida la relación laboral y poner fecha y hora al regreso a Marruecos de las temporeras.

El ritmo de trabajo, las altas temperaturas y el ayuno la han llevado a desfallecer…

La mujer abandona la fila acompañada por un par de jornaleras de confianza, y se dirige  hasta el habitáculo en el que reside, dentro de la finca, durante su estancia en ella. Ha sufrido un mareo. El ritmo de trabajo, las altas temperaturas y el ayuno del Ramadán le han llevado a desfallecer esta mañana. Un inoportuno mareo que igual pone fin a su estancia en España. Pasado un rato, regresa, por su propio pie, y pide continuar la faena. «¿Ya estás bien? Pues venga, a la fila». La trabajadora se incorpora al grupo y vuelve a recolectar frutos rojos.

La manijera indica la hora de bocadillo. Las mujeres paran y abandonan la fila. «Vamos a ver, ¿vosotras no estáis en Ramadán y ayunáis? Pues si no vais a comer nada tenéis que segur trabajando. La pausa es para comer, y la que no come, no para». Las musulmanas regresan a la fila y continúan trabajando.

La performance continúa. Los colectivos que la interpretan advierten a los asistentes. El acto prosigue con una recreación libre de otras historias que suceden, según los testimonios que han recabado y atesoran, en algunas fincas de fresas, moras o arándanos. Los colectivos inciden con énfasis en el algunas, pues su denuncia no es contra «el sector», sólo contra los «malos empresarios». También enfatizan el masculino de «empresarios». No han detectado el mismo nivel y gravedad de irregularidades en fincas de mujeres empresarias, y creen que es importante destacarlo esta tarde.

Horario vs. productividad

Exterior tarde. Ya han pasado seis horas y media desde que comenzó la jornada laboral. «¿Nos vamos ya, no?», se oye desde una de las filas. [A todo esto, es conveniente precisar que, en el contexto «dramatúrgico» de la performance, el árabe, y no el castellano, sería el idioma predominante de los protagonistas.] «Las que hayan recogido las cajas que les corresponden, se pueden ir. Las demás, cuando acaben de recogerlas».

Las mujeres de cuyo testimonio ha surgido la escena se quejan de que es humanamente imposible recoger en seis horas y medias las cajas de fresas, moras o arándanos que su manijera les ha indicado
Tanto la oferta de trabajo que conocieron a través de la Anapec (el inem de Marruecos), como el propio Convenio Colectivo del Campo de la Provincia de Huelva, establecen una jornada laboral de seis horas y media diarias, que incluyen media hora de descanso, la conocida como «pausa del bocadillo». Con un día libre cada seis, remunerado en igual cuantía que los laborales. Un total de 39 horas semanales. Sin embargo, no pocos testimonios denuncian que, una vez en el tajo, las manijeras (en esta función, únicas enlaces entre las trabajadoras y sus contratadores) establecen otra metodología.

En la historia que los colectivos están recreando este miércoles en Huelva (mientras al otro lado de la plaza el congreso oficial debate sobre biotecnología que produce más y mejores fresas), a las trabajadoras se les exige una «productividad» que se mide «por cajas». Es la consecución de ese objetivo, verificada por la manijera, la que marca el final de la jornada laboral. No el reloj. Las mujeres de cuyo testimonio ha surgido la escena, se quejan de que es humanamente imposible recoger en seis horas y medias las cajas de fresas, moras o arándanos que la manijera les han indicado. A medida que el sol aprieta y las fresas brotan con mar fuerza y rapidez, sus jornadas se han estado alargando una, dos, tres y hasta cuatro horas. Aseguran que sus patrones no les abonan ese trabajo extraordinario como establece el Convenio Colectivo. No lo consideran «horas extras», sino la consecuencia merecida de una «baja productividad».


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Acaba la jornada. «Esto que vamos a representar ahora no es muy común que suceda; de hecho no suele ocurrir», advierten las intérpretes. Si la función está siendo interpretada por las mujeres de las organizaciones que han convocado el congreso no oficial, es porque las protagonistas reales prefieren no exponerse públicamente. Sólo tres de ellas están presentes en la Plaza del Punto, y asiente con la cabeza ante la  dramatización de las activistas.

Exhausta, una de las trabajadoras se planta al final de la jornada: «¡Quiero mi pasaporte! ¡No quiero seguir en esta finca». El público parece contrariado. Saber que las protagonistas de esta historia no están en posesión de su identificación personal, «su identidad», parece haberles perturbado. Las actrices de la performance hacen un inciso. Sí, en el relato que han ido conociendo de las mujeres a las que han prestado ayuda, asistencia y compañía, sus pasaportes han sido requisados, retenidos, custodiados, por sus contratantes. «¿Eso es legal?», pregunta alguien del público. «No, no lo es. Pero estas mujeres cuentan que así les ha sucedido». Se les ha hecho creer que, mientras estén es España, «pertenecen» a la empresa, y que su estancia termina cuando esta dé por finalizado su contrato. Entonces recuperarán su documentación y deberán volver a su país obligatoriamente.

Sus visados, empero, vencen el 31 de julio. Los colectivos consideran que si las fresas han dejado de brotar en una finca, las mujeres tienen derecho a buscar trabajo en otras. Las empresas que protagonizan la performance de esta tarde no lo ven así. Cuando «devuelven» el pasaporte antes de lo esperado, suelen incluir un billete de regreso forzoso a Marruecos. En casos documentados, han contado con la ayuda de agentes de la Guardia Civil para abortar «resistencias» a la marcha.


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Abuso y acoso sexual

Acaba la función, pero el Congreso No Oficial de los Frutos Rojos continúa. Hay más temas que tratar. Por ejemplo, los casos puntuales de abuso y acoso sexual denunciados en alguna finca onubense. En esta que acaba de terminar y en anteriores campañas. Son más conocidos. Han tenido cierta repercusión y han desatado algunas olas de protesta ciudadana. Están en manos de la Justicia. A los colectivos les inquietan algunas informaciones. Ven como una buena noticia que la Audiencia Provincial de Huelva haya levantado el «sobreseimiento provisional» en una de las dos causas iniciadas por las conocidas como Temporeras contra la esclavitud. Los colectivos comparten la información de la que disponen sobre casos que han gestionado directamente («pocos y puntuales»), y comentan los que se conocen a través de medios de comunicación.

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Más ponencias

Continúa el «orden del día» del Congreso No Oficial de los Frutos Rojos. La siguiente ponencia no requiere «dramaturgia». Sus protagonistas han venido a contar su experiencia en primera persona. Son otros trabajadores, esenciales, que echan de menos su situación en la programación del cónclave oficial. Trabajan en esta industria. Son «temporeros» residentes en España que, en buena parte, desfilan por diferentes campañas agrícolas. Naranjas en Valencia, aceitunas en Jaén, melocotones en Aragón… uvas en Francia. En esos lugares no les pasa, dicen, lo que en Huelva.

Cuando el fuego arrasó decenas de esas chabolas, algunos trabajadores tuvieron que ir a trabajar la mañana siguiente. Los colectivos no entienden que ni un solo empresario acudiera al lugar del suceso para interesarse por el estado de sus trabajadores
Algunos son estables. Trabajan en la industria agrícola de la provincia todo el año. Retiran los plásticos de la temporada terminada, preparan la tierra, vigilan los terrenos… A efectos prácticos, se podría decir que son fijos en algunos campos. Pero no tienen casa. Los municipios en los que residen no han resuelto aún lo de asumirlos como vecinos, permanentes o eventuales, y no han desarrollado planes de vivienda o alojamiento para ellos. Y nadie les alquila un piso o una casa, a pesar de que pueden pagarlas. ¿Por qué? «Porque somos negros», afirman con rotundidad.

No lo entienden. Son trabajadores. Tienen sus papeles en regla, contratos, nómina, cuenta en el banco… Alguno tiene coche propio, que paga, como el resto de los mortales, en «cómodos plazos» adaptados a la medida de sus ingresos acreditados. Pero viven en asentamientos chabolistas que ellos mismos erigen como alojamiento.

Se saben una pieza del engranaje que mueve la economía agrícola. Ana Mateos, de Asnuci, está convencida de que si «estos trabajadores hicieran huelga de brazos caídos, las empresas que los contratan tendrían un serio problema». Es por eso que el miércoles portaban impactantes fotografías de sus «viviendas». Y un cartel que decía: «¡Señores! ¿Tienen pensado qué hacer con vuestros trabajadores que malviven en chabolas?». Como muchos de los asistentes, no conciben una industria próspera como la de los frutos rojos que no se sonroje por las condiciones en las que se ven obligados a vivir algunos de sus empleados para poder trabajar en sus empresas.

Hace unos días, el fuego arrasó decenas de esas chabolas en dos de los asentamientos en los que malviven. En el de Lepe, algunos trabajadores lamentan haber tenido que ir a trabajar la mañana siguiente. Los colectivos tampoco entienden que «ni un solo empresario» acudiera al lugar del suceso para interesarse por el estado de sus trabajadores. El Ayuntamiento de Lepe acogió ese día en unas instalaciones deportivas municipales a quienes habían perdido sus viviendas. Pero una apenas una semana después ordenó el desalojo para celebrar un campeonato de fútbol. El consistorio les permitió quedarse los colchones que les habían facilitado, pero para usarlos en otro sitio. Asnuci les alojó en una nave desalojada que han conseguido alquilar con sus escasos recursos económicos. El edificio no cumple los requisitos básicos de habitabilidad; carece de agua corriente, duchas o váteres. «Estos chicos pagarían ahora mismo 50 euros, y pueden hacerlo, porque lo ganan con su trabajo, por ducharse con agua caliente». Otros han levantado ya nuevas chabolas donde ardieron las que habitaban antes. Lamentan que el 5º Congreso Internacional no haya tratado cómo encaja el empresariado de los frutos rojos que decenas, tal vez cientos, de sus trabajadores no tengan dónde vivir dignamente.

El resto de participantes en el encuentro alternativo también lo lamentan.

INTERVENCIONES FINALES: SOSTENIBILIDAD Y CONCIENCIA MEDIOAMBIENTAL

El Congreso No Oficial de los Frutos Rojos promovido por el colectivo Mujeres 24 Horas y celebrado el pasado miércoles en la Plaza del Punto, contó con la participación de, entre otras, las organizaciones Ecologistas en Acción, Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad (Asnuci), los jóvenes del movimiento internacional Fridays for Future, y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA).

«La población debe reivindicar esa dignidad en torno a un producto que, según los empresarios va muy bien y enriquece a todos»
El portavoz de esta última reivindicó «derechos humanos» para todas las personas -«con o sin papeles»- que viven en «condiciones indignas en torno a un mundo de riqueza» y que «no tienen ninguna justificación». APDHA sostiene que «si hay trabajo pero no hay viviendas, se crean; porque es riqueza lo que estas personas están generando al campo onubense. «Es una reivindicación muy vieja, de 10, 15 o 20 años atrás», recuerdan. «Los actores implicados», entre los que señalan a los poderes públicos, «son más que conscientes de que deben reivindicar de sus empresarios un trato más digno para personas que acaban siendo nuestros vecinos en los asentamientos. Los incendios de este año son el resultado de una actitud temeraria por parte de empresarios y administraciones». Y añade que «la población debe reivindicar esa dignidad en torno a un producto que, según ellos», por los empresario de los frutos rojos, «va muy bien y enriquece a todos».

En el mismo sentido se expresó la portavoz de Asnuci, la asociación que trabaja de forma más cercana con los «inquilinos» del gran asentamiento de Lepe. «El problema de los alojamientos es una realidad que se acentúa más durante la campaña de recolecta». La asociación estima que los diferentes asentamientos diseminados en las localidades productoras de frutos rojos, llegan a sumar hasta 5.000 temporeros. «Prácticamente todos están trabajando. Vienen autobuses cada mañana a recogerles para llevarles a sus campos». Asnuci entiende que, cómo las contrataciones en origen, los asentamientos evidencian una industria que no ha resuelto aún un problema real de mano de obra; cuya oferta laboral no despierta el interés de los demandantes de empleo españoles, lo que les obliga a contratar trabajadores y trabajadoras, extranjeros en su mayoría, a los que el salario del convenio del campo onubense (el más bajo de Europa según las organizaciones sindicales) y las condiciones sociolaborales sí resulte atractiva. «Si estos trabajadores vienen a hacernos ricos a la gente de Huelva, hay que darles alojamiento y condiciones dignas», sentencian desde APDHA.

Un modelo de cultivo y explotación discutible

El portavoz de Ecologistas en Acción se dirige al «plenario» del Congreso No Oficial de los Frutos Rojos
Ecologistas en Acción:; «El modelo de cultivo y  explotación en nuestra provincia deja mucho que desear en su relación con el Medio Ambiente»
Por su parte, Ecologistas en Acción, cuyo portavoz celebró la organización del congreso alternativo, planteó su preocupación por la «sostenibilidad» de la industria de los frutos rojos, «El modelo de cultivo y  explotación deja mucho que desear en su relación con el Medio Ambiente en nuestra provincia». Ecologistas denuncia «desde el uso de agua de forma masiva e irregular, hasta las desforestaciones para ganar terreno para el cultivo», situación sobre la que alertó en la comarca del Ándevalo, «que se está llenando de regadíos». La organización también alertó por «los residuos que genera la producción agrícola» y la deficiente regulación de su tratamiento. «Abogamos por unos frutos rojos respetuosos con el Medio Ambiente y los derechos de las personas», concluyó.

Cerraron las intervenciones las dos jóvenes portavoces del movimiento internacional Fridays for Future  (Juventud por el Clima en muchos países de habla hispana). el creciente movimiento internacional de estudiantes, en su mayoría menores de edad, que están liderando la lucha ciudadana global que reclama de los gobiernos del mundo «acción contra el calentamiento global y el cambio climático».

El manifiesto que leyeron decía:

Dos jóvenes del movimiento internacional Fridays for Future en Huelva hacen oír «nuestra voz»con motivo del 5º Congreso Internacional de los Frutos Rojos

Con motivo de la celebración del Congreso Internacional de Frutos Rojos, nos hemos concentrado hoy; 19 de junio; para hacer oír nuestra voz junto a compañeros y compañeras de Mujeres 24HEcologistas en Acción HuelvaAsnuci nuevos ciudadanos por la interculturalidad.

Los campos de Huelva, uno de nuestros bienes económicos más importantes, se asfixian. Es por esto que exigimos una remodelación del sistema productivo, empleando de forma responsable y sostenible nuestros recursos.

Uno de los cultivos de mayor impacto económico en nuestra provincia es el de fresas y frutos rojos. Sin embargo, el suelo es un recurso finito, a pesar de que se intente aumentar su vida útil mediante el uso de diferentes productos químicos. Cuando sus recursos y nutrientes se agotan, ya no hay más. Si no hacemos nada por avanzar hacia un nuevo modelo de agricultura más respetuoso con el entorno, especialmente el suelo, el agua y las personas, Huelva tendrá más y más espacios degradados, como ya pasa con la balsa de fosfoyesos o los cabezos.

Fridays for Future: Los campos de Huelva, uno de nuestros bienes económicos más importantes, se asfixian. Exigimos una remodelación del sistema productivo, empleando de forma responsable y sostenible nuestros recursos
A pesar de la existencia de Planes para la Agricultura Ecológica, emitidos en múltiples ocasiones, parece que estos no llegan a todos los sitios a los que debería. Aún seguimos viendo cómo hay más de mil pozos que secan los acuíferos de Doñana, cómo nuestros productos agrícolas están llenos de fertilizantes, que pasan al suelo y al agua envenenándolo. Es por todo esto que el gobierno autonómico y el provincial deben actuar, e impulsar un modelo de agricultura basado en la conservación del suelo y el agua, empleando técnicas y productos que sean beneficiosos; y en el respeto a los trabajadores. En definitiva, un modelo que cuide a la gente y a la Tierra, un modelo que se preocupe por las necesidades de nuestro medio ambiente. Para ello pedimos que se cree un plan eficaz y realista para obligar a las empresas a modificar sus medios de producción, creando una red de empresas agrícolas ecológicas y sostenibles.

El Congreso No Oficial de los Frutos Rojos fue clausurado por el colectivo Mujeres 24 Horas, quien mostró su satisfacción por haber podido abordar en el evento «la realidad de las contrataciones en origen, las condiciones de vida de algunas personas que forman parte del engranaje productivo del sector agrícola onubense, y la preocupación por la sostenibilidad del sistema».

Para cerrar el acto, Mujeres 24 Horas quiso hacer mención expresa a los empresarios y empresarias que «son ejemplo de buenas prácticas». El colectivo se muestra convencido de que «son mayoría» en una industria próspera y que crea riqueza para productores, municipios y trabajadores. Pero en la que aún persisten algunos comportamientos empresariales que dañan la imagen de sector, y al sector en sí. Acabar con estos, estiman los participantes en este peculiar encuentro alternativo, «es tarea de todos». También de esa mayoría  de empresarios que lamentan, con razón, que la buena imagen y excepcional calidad de los berries onubenses se vean empañadas por las puntuales y preocupantes prácticas que el Congreso No Oficial de los Frutos Rojos ha denunciado este miércoles en Huelva.

Temporeras contra la esclavitud: los testimonios que la Audiencia Provincial obliga a escuchar al juez Serrano de Moguer

Huelva en La Mar de Onuba

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