El Brexit rompe el gobierno conservador May y la UE equipara a Reino Unido con Turquía

No es nada fácil lo que está ocurriendo en nuestro país hermano del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Es un papelón del que cualquier político no sabría tener una hoja de ruta definida; Cameron dejó a May el mayor problema desde hace décadas para un país al que los europeos no terminamos de ver fuera de la Unión Europea. Pero, por fin, Bruselas respiró el miércoles aliviada después de que la primera ministra británica Theresa May lograra, tras seis horas de reunión, que una mayoría de los 29 miembros de su gobierno diera el visto bueno al acuerdo alcanzado con la Comisión Europea para la salida británica de la UE. Sin embargo, en Londres se desató el caos y Gobierno y Partido Conservador no saben cómo armonizar posturas.

El acuerdo es básicamente el que quería Bruselas porque Londres no tiene palancas para hacer peso en la negociación está en posición de debilidad extrema. Theresa May lo han intentado explicar ante la prensa y la Cámara de los Comunes al reconocer que su gobierno acepta la menos mala de tres opciones: este acuerdo, un no acuerdo que destrozaría la economía británica o anular todo el proceso y seguir en la UE.

Con May en la cuerda floja para salvar su cabeza política, los conservadores se dividen entre un pequeño grupo pro-europeo al que no le gusta el ‘Brexit’ pero que entiende que este es el mejor acuerdo que May podía sacar de Bruselas y los más nacionalistas que maniobran para hacer caer a May.

El acuerdo no gusta a los más acérrimos defensores del ‘Brexit’ porque sus promesas no aparecen por ningún sitio. El Reino Unido, de aprobarse este pacto, tendrá con respecto a la Unión Europea una relación casi idéntica a la que hoy tiene un país como Turquía.

La realidad se topa en el camino con las demagógicas afirmaciones que se vertieron día a día en la campaña en la que salió vencedor, por apenas dos puntos, el Brexit. Prometieron que seguirían disfrutando de los beneficios de pertenecer a la Unión Europea sin tener que cumplir con las obligaciones que acarrea y terminarán cumpliendo muchas de las obligaciones para conservar unos pocos beneficios.

Será únicamente parte de la unión aduanera europea (podrá exportar a Europa sin aranceles ni cuotas) sólo durante un período determinado y a cambio de aceptar mantener su legislación alineada con la europea. La mayoría de los conflictos los resolverá el Tribunal de Justicia de la Unión Europea e Irlanda del Norte tendrá un trato privilegiado por parte de Europa, rompiendo así la unidad de mercado británica.

Las 585 páginas del texto, con sus 185 artículos, tres protocolos y anexos varios, son una muestra de la potencia de la maquinaria de Bruselas cuando se trata de negociar con un socio más débil. Londres no podrá negociar acuerdos comerciales con terceros países, como habían prometido los partidarios del “leave” UE.

Londres podrá pedir una sola vez una extensión del período transitorio que va del 29 de marzo próximo al 31 de diciembre de 2020, pero sólo la obtendrá si a la Unión Europea le parece bien. Si el Reino Unido no encuentra para entonces una forma de mantener la frontera norirlandesa abierta tendrá que seguir indefinidamente en la unión aduanera europea o permitir que lo haga Irlanda del Norte, echando a esa región en los brazos de Irlanda, lo que siempre rechazó UK.

El gobierno británico tuvo que aceptar que más de tres millones de europeos residentes en el Reino Unido tengan los mismos derechos que tienen ahora. El negociador europeo Michel Barnier lo resumió anoche en Bruselas: “podrán seguir sus vidas como antes en su país de residencia”. Se impone la máxima de que Bruselas obliga a Londres a nunca discriminar por nacionalidad y a tratar a los europeos como a los británicos en cuestiones como las relaciones laborales.

Los conservadores más radicales que empujaron hacia el Brexit prometían dejar de pagar a Europa. Pero la factura llegará pronto a Londres. Entre 50.000 y 60.000 millones de euros como ticket de salida. 7.000 millones de euros en 2019 y 2020, la contribución anual británica a la UE. El 13% de los compromisos de pago europeos a medio plazo (los comprometidos en los presupuestos plurianuales 2014-2020) y el 13% del pago, durante décadas, de las pensiones de miles de empleados de las instituciones europeas.

También prometieron que el Reino Unido competiría con la Unión Europea convirtiéndose en una especie de Singapur, un territorio ultraliberal que haría dumping fiscal, laboral y medioambiental para competir con los otros 27 países europeos. El acuerdo también lo impide al obligar a Londres a mantenerse “alineado” a Bruselas en todo lo relativo a normativa de mercado.

Mientras en Londres vuelan los cuchillos contra May, en Bruselas el ‘Brexit’ acelera. La Comisión Europea anunció ya al Consejo Europeo (el órgano que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno) que se habían logrado “progresos suficientes”. El presidente del Consejo Europeo Donald Tusk convocó este viernes a una cumbre extraordinaria para el domingo 25. En ella los dirigentes europeos deberán dar su visto bueno al texto.

En diciembre llegará el momento de las ratificaciones parlamentarias. La del Parlamento Europeo es un mero trámite. La bronca estará en Londres, donde May difícilmente podrá sumar una mayoría para aprobar el texto. A la primera ministra, si para entonces su gobierno sigue en pie, le queda un argumento de peso: o este acuerdo o el salto al vacío del no acuerdo o suspender el Brexit. Antes de que acaben con ella, a May le quedará siempre un arma para convencer a los eurófobos de su partido. La primera ministra puede enviar otra carta a Bruselas suspendiendo el ‘Brexit’ y a continuación convocar elecciones.

Sinceramente creo que una convocatoria electoral anticipada con una posición pro europea desataría la razón en el electorado y me recuerda mucho al la convocatoria realizada en España en cumplimiento de una promesa electoral por parte de Felipe González de salida de la OTAN. Se convocó se pidió la permanencia, se ganó de calle y el reconocimiento de los socios de España fue enorme.


Francisco Villanueva Navas, analista financiero de La Mar de Onuba, es economista y periodista.

@FranciscoVill87

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