El Ángel de Valverde del Camino

Por Richard Villalón.

Este  texto es del año 2002 cuando el Sacerdote José Mantero declaró públicamente su homosexualidad en la revista Zero:” Gracias a Dios por ser gay” Este pequeño homenaje es porque acaba de morir a los 55 años en el Hospital onubense de Riotinto. Ayer, sábado 18 de Agosto del 2018. DEP.

Ahora cantan los ángeles por las esquinas, en cada vidriera llenan con vaho su felicidad recién estrenada en Valverde del Camino.

Ahora los ángeles han tomado al sexo por asalto y aunque dicen que son zurdos, estos ángeles son los que más me hacen recordarte y recordarte como un poseído.

En Lima había un colegio de curas agustinos donde me mandaban para hacerme un niño menos rebelde, donde la resignación nos la daban a cucharadas sordas y donde mis primeros años florecieron cantando misas y callando más de lo que mi alma podía soportar.

Era pupilo y cantante en un colegio de curas, delgado y oscuro como una guadaña, un niño solitario y un niño falto de guaridas.

Una tarde cuando me castigaron en medio pasadizo y con piedras bajo las rodillas apareció como un ángel extraterrestre: el padre La Fuente.

La Fuente era español y era peor que un pecado capital. Quien lo miraba quedaba hipnotizado por esas pestañas, esos labios, ese cuerpo de demonio domesticado. Y esa tarde mi corazón entendió por qué Dios nos ha creado tantas mierdas de mandamientos y tantos credos eternos. Dios había puesto al cura la Fuente en mi camino de perfecto suicida. Desde esa tarde nadie sospechó que cuando yo cantaba mirando al altar, era la cara de La Fuente quien se ponía en el rostro del Jesús crucificado. -Ya sé que esto se llama outing pero el cura la Fuente seguro me lo agradecería.-

Y después de casi tres años de misas y maitines, de saber cantar en todos los actos religiosos, desde bautizos, bodas, comuniones, entierros y un resto de patrañas. Mi pasión hacia esas faldas negras y largas, crecía.

Esa bragueta inmensa desde el cuello hasta los pies, esos botones serios y ese deseo contenido se hizo carne y verdad. Caímos…, caímos como no sé qué parte de la Biblia lo cuenta, rodamos, embrutecidos de nosotros mismos.

¿Quién sería el pecado y quien el pecador? Compulsivamente, las campanadas de la iglesia me traían su sabor a saliva célibe, las palomas blancas eran la sal de su cuerpo sudoroso y las flores de muerto me traían su barba lisa y su cuerpo fibrado como un íncubo agradecido.

Nuestro pecado fue lo más dulce que me dio la vida. Abrí mil puertas como en esos castillos medievales, volé por el aire y supe que el infierno es otra cosa.

Ahora que los ángeles cantan le escribo esta carta de la que nunca se enterará. Le recuerdo y le digo que nada está perdido. Que dejaré de odiar tanto las reliquias y que mi alma creció y se enteró de lo que era otra vida cuando él me inicio en amar la naturaleza sin importar sus señas identificativas.

Ahora Valverde del Camino será un lugar de peregrinación para ver que allí también ocurren otros milagros. Gracias a Dios que también creo el “outing” o la salida del armario. Si no, en verdad, que sería de nosotros los que somos el rebaño. Los que no queremos ser obispos, ni diputados, presidentes de gobierno, ni Papas. Nosotros que estamos poblando el mundo, libres de esas apetencias más sucias que el propio pecado.

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