El 32% de los españoles que viven en situación de pobreza severa tiene un empleo

Las personas son pobres cuando no pueden disponer de los recursos materiales, culturales y sociales necesarios para satisfacer sus necesidades básicas y, por tanto, quedan excluidos de las condiciones de vida mínimamente aceptables para el Estado en el que habitan.

Operativamente, se define a las personas que están en pobreza severa como aquellas que viven en hogares cuyos ingresos por unidad de consumo son inferiores al 40 % de la mediana de renta nacional. Esto es, con ingresos inferiores a 5.914 € al año, 492 € mensuales, para hogares de una persona y 12.419 € anuales para hogares con dos adultos y dos menores.

Los datos de pobreza severa siempre han sido relativamente altos y, desde el año 2008, según el informe «El paisaje del abandono» desarrollado por European Anti Poverty Network, han oscilado entre el 7,4 % y el 11,2 % de la población total. Como muestra el gráfico, durante el periodo de crisis sufrió un incremento importante y, a partir del año 2015, comenzó un período de reducción que, sin embargo, no ha sido suficiente para volver a las cifras iniciales.

En España, 4,2 millones de personas en España se encuentran en esta situación de pobreza severa, lo que quiere decir que tienen privaciones importantes en su día a día, como no comer pescado, carne, verdura o frutas en la frecuencia recomendada por las autoridades sanitarias, incapacidad para hacer gastos imprevistos, hacer frente a facturas atrasadas o tener cortes de suministros básicos.

La pobreza no entiende de géneros. Las tasas específicas para hombres y mujeres son prácticamente iguales. En los últimos 10 años las diferencias han sido siempre inferiores a un punto porcentual y, para 2018, son del 9,1 % para los hombres y del 9,2 % para las mujeres. Para ambos sexos, la tasa es aproximadamente un 25 % (1,8 puntos porcentuales) más elevada que la registrada en el año 2008, antes de la crisis económica.

La inestabilidad en el empleo del colectivo es alta: el 7,2 % de las personas de 16 o más años en pobreza severa cambiaron o perdieron su empleo en el último año por fin de contrato o causas empresariales, y esta cifra es el doble de la del resto de las personas (3,7 %). Por otra parte, algo más de una de cada tres personas que están en pobreza severa (36,7 %) residen en hogares con Baja Intensidad de Empleo7 (BITH), cifra que contrasta notablemente con el 8,2 % correspondiente al resto de la población.

Cuando se trata de luchar contra la pobreza, es cierto que para no ser pobre hay que tener un trabajo, pero la inversa es falsa: como demuestran los datos siguientes, se puede conseguir un trabajo y ser pobre e, incluso, trabajar y ser muy pobre. La relación entre pobreza y trabajo está bien estudiada en el informe “El Estado de la pobreza” 9 del año 2019, donde se indica que el 13,8 % de las personas con trabajo son pobres, y que el 32,6 % de las personas que son pobres y están en edad de trabajar, disponen de un trabajo. Estas cifras son altas, y también incompatibles con el significado protector del empleo para el inconsciente colectivo. Pero, no se trata solo de que no todo el trabajo protege contra las estrecheces de la pobreza, sino que, además, en un importante porcentaje de casos ni siquiera permite abandonar las situaciones más extremas.

Un dato a tener en cuenta es que un millón de menores de 18 años está en situación de pobreza severa y el 40% de los 4,2 millones de personas pobres tiene menos de 29 años, lo que indica que la gestión de la crisis de 2008 se ha cebado con la población joven.

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