Edadismo, discriminación por razón de edad: ¿esta violación de derechos humanos sí es aceptable?

Por Nena Georgantzi y Estelle Huchet


¿A quién le gusta imaginarse a sí mismo cuando sea mayor? A nadie le apetece pensar en el envejecimiento. Porque cuando lo hacemos, solemos caer en los estereotipos negativos sobre la tercera edad. ¿Será por nuestra reticencia a recordar que también nosotros envejecemos que tendemos a etiquetar a quienes son más mayores que nosotros como un grupo de edad separado, en un ejercicio de “otredad”?

Ante esta negación ambiental, no es de extrañar la relativa incapacidad de nuestras sociedades de hacer frente a las desigualdades en las personas mayores. Peor aún, nuestros prejuicios y el miedo al envejecimiento nos impiden reconocer que la desigualdad de trato por razones de edad es una forma de discriminación.

Según un Informe de 2017 del Grupo de Trabajo de Composición Abierta de las Naciones Unidas sobre el Envejecimiento: “Si bien la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales, es evidente que el disfrute de todos los derechos humanos disminuye con la edad, debido a la idea negativa de que las personas de edad son, de algún modo, menos productivas y menos valiosas para la sociedad y representan una carga para la economía y las generaciones más jóvenes”.

El edadismo (o discriminación por razón de edad) es omnipresente: está arraigado en nuestras culturas, instituciones y políticas. Lo encontramos en la publicidad de productos para “combatir el envejecimiento”, en las bromas sobre la muerte de las personas mayores como solución a la crisis de salud o en los cuentos de hadas que presentan a los mayores como sinónimo de olvido, fragilidad, malhumor y muerte.


El lenguaje vehicula también la discriminación por edad. En general, nuestras sociedades tienden a alabar a los jóvenes como “más inteligentes, más dinámicos, más capaces” que los séniors.


En algunos Estados miembros de la UE, a las personas mayores de 70 años se les niega el derecho a alquilar un coche, independientemente de su capacidad para conducir. Las personas con discapacidad tendrán acceso a servicios de apoyo relativamente buenos hasta los 60 o 65 años de edad, pero a partir de esa edad es posible que ya no puedan acceder a los servicios de rehabilitación, a la prestación por movilidad o a los cuidados fuera de una residencia de ancianos. Algunas leyes excluyen a las personas a partir de cierta edad del acceso a tratamientos quirúrgicos punteros o a beneficiarse de la formación laboral. En el mercado de trabajo, un desempleado de más de 55 años es más probable que no vuelva a tener empleo.

Para la mayoría de las leyes y tribunales nacionales, estas restricciones basadas en la edad están “objetivamente justificadas”, al igual que no hace mucho sucedía con las distinciones por razones de sexo. Hasta la década de los setenta, por ejemplo, las mujeres irlandesas tenían que renunciar a sus empleos en la administración pública cuando se casaban. Si bien en las sociedades occidentales de hoy resulta impensable privar a las mujeres de su derecho fundamental al trabajo, seguimos obligando a jubilarse a las personas una vez que alcanzan una cierta edad. Si las discriminaciones por motivos de sexo o etnicidad son inaceptables, ¿por qué se permiten por motivos de edad?

Una nueva campaña mundial contra el edadismo

Cometemos un fallo de base al considerar más aceptable la discriminación y exclusión de las personas mayores que la discriminación y exclusión de las personas por razón de su género, etnia o capacidad. Por el contrario, la discriminación por edad se suma a la carga discriminatoria que padecen a lo largo de la vida estos grupos (como las mujeres, los migrantes, el colectivo LGBTQI, etc.), lo cual multiplica su riesgo de precariedad y de exclusión social en la vejez.

Algunas de estas distinciones por motivos de edad ni siquiera tienen sentido. Es tentador pensar que la jubilación anticipada o la edad de jubilación obligatoria son necesarias para dar paso a la juventud en el mercado laboral. Sin embargo, según varias investigaciones, no hay pruebas de que tales políticas conduzcan a tasas de ocupación más elevadas entre los jóvenes.

Por un lado, estas políticas no abordan el problema del desempleo juvenil que pretenden abordar y, por otro lado, perdemos la experiencia y las aptitudes de las personas de más edad como posibles mentores. Las políticas de jubilación anticipada o de jubilación obligatoria contribuyen, además, a estereotipar a las generaciones, enfrentando a los grupos de edad entre sí y alimentando el temor de las generaciones más jóvenes a formar parte, algún día, de las generaciones sénior.


Si vivimos lo suficiente, el edadismo es la única discriminación que todos experimentaremos con toda probabilidad, así que todos podemos beneficiarnos de la lucha contra ella. Como individuos podemos ganar un promedio de 7,5 años de vida si mantenemos actitudes positivas hacia los séniors.


Como sociedad, podemos beneficiarnos de las habilidades, la experiencia y los conocimientos de las generaciones mayores, si las involucramos activamente en la toma de decisiones, en nuestras comunidades y en el trabajo remunerado o no remunerado.

Debemos repensar el edadismo, en beneficio de los séniors de hoy y de las personas mayores que seremos mañana. La campaña mundial #AgeingEqual, lanzada por la Plataforma Europea AGE, la red de personas de más de 50 años que pretende concienciar sobre la discriminación por edad y sus consecuencias negativas sobre la capacidad de las personas mayores de disfrutar de sus derechos humanos y contribuir plenamente a la sociedad.

Iniciada el 1 de octubre de 2018, Día Internacional de las Personas de Edad, la campaña se prolongará durante más de 70 días y culminará el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos y aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Setenta años después de su aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Declaración es tan pertinente hoy como lo fue el primer día, y sirve para recordarnos que los derechos humanos no disminuyen con la edad.

Debido a lo profundamente arraigada que la discriminación por la edad se encuentra en nuestras culturas, comportamientos y actitudes institucionales, sólo podrá eliminarse mediante un esfuerzo colectivo. Dada la magnitud del edadismo, abordarlo pasa por alcanzar una masa crítica de activistas. Podemos hacerlo mucho mejor: ¡Unamos nuestras fuerzas para crear una sociedad sin distinción de edades!


Estelle Huchet Campaign and Project Officer for AGE Platform Europe. Twitter : @EsHuchet
Nena Georgantzi. Policy Coordinator for Rights and Non-Discrimination at AGE Platform Europe. Twitter : @NenaGeorgantzi

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