¿De verdad no les produce vergüenza ajena verse representados por tamaños iletrados?


Jovenzuelos desprejuiciados resueltos a moverse sin vergüenza en el mundo de las barbaridades, las mentiras, las frases hechas, los chistes fáciles y las inexactitudes históricas.

Tengo amigos de derechas que acreditan una sólida formación universitaria. Algunos son bibliófilos empedernidos, de esos capaces de gastar mañanas enteras de domingo rastreando libros en la madrileña Cuesta de Moyano o de peregrinar sin descanso de exposición en exposición hasta tenerlas vistas todas. Otros han publicado libros imprescindibles, y también suelo frecuentar viejos profesores de quienes aprendí a trabajar con solidez y seriedad y a no dar un dato por bueno hasta tenerlo completamente verificado.

Por lo general son intelectuales solventes y rigurosos, a menudo insatisfechos con su nivel de conocimientos y cuya aspiración, a lo largo de su carrera, ha sido esforzarse duro, con rigurosos y acreditados trabajos, para hacerse respetar en el ambiente intelectual al que pertenecen.

Investigadores exigentes con los demás, pero también consigo mismos, que votan al PP desde que los conozco, antes a Alianza Popular o a UCD, pero cuya insatisfacción intelectual y ganas de contribuir a avanzar en las materias en las que se especializaron marcaron siempre sus ocupaciones diarias. Algunos, en tiempos, llegaron a dedicarse a la política y siempre hemos discutido y discrepado con firmeza, pero jamás de una manera estridente ni superficial.

A muchos de ellos, la vida te va dispersando, hace tiempo que no los veo pero a otros, con quienes aún coincido les pregunto, con el respeto que merecen y sin ninguna intención de hacer demasiada sangre, cómo han permitido que las cosas en su partido hayan degenerado tanto, cómo es posible que quienes ahora parecen llevar la batuta apuesten por el encanallamiento analfabeto y no tengan ningún pudor en subirse a las tribunas para soltar auténticas barbaridades que luego los telediarios magnifican para mayor vergüenza y oprobio de la derecha civilizada y culta de toda la vida.

No tienen respuesta para esto, mis amigos de derechas. Ellos también están avergonzados, y algunos entienden que es un mal menor del momento que nos toca vivir y parecen aceptarlo resignados.

El PP de los gestores con currícula solventes, que los hubo, la derecha de intelectuales como Calvo Sotelo, Alfonso Osorio, Ruiz Gallardón, Luis Alberto de Cuenca, Areilza, Antonio de Senillosa, incluso el mismísimo Manuel Fraga, políticos con reconocida y sólida formación, se ha transmutado en el PP de Egea, Casado o Levy,  jovenzuelos desprejuiciados resueltos a moverse sin vergüenza en el mundo de las barbaridades, las mentiras, las frases hechas, los chistes fáciles y las inexactitudes históricas.

Las cosas que dice y hace Pablo Casado desde que fue ungido líder del PP solo son comparables a las monstruosidades que profiere Albert Rivera, ambos mediocres universitarios cuyos pobres y cuestionados curricula devalúan el prestigio de las universidades donde presuntamente estudiaron. Tales comportamientos deprecian la dignidad de las instituciones que albergaron alumnos, ahora líderes políticos, que no parecen tener ningún interés en respetar la dignidad y la importancia de los puestos que  ocupan.

Mis amigos ilustrados de derechas comparten conmigo estos análisis y reconocen el bochorno que sufren de un tiempo a esta parte viéndose representados por tamaños indocumentados. Pero como la guerra es la guerra, negarán siempre haberme admitido lo que yo ahora cuento que les tiene avergonzados. ¡Pena!


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