De sainetes y esperpentos: un tránsito de Arniches a Valle Inclán en la actualidad

por José Luis Pedreira Massa.

Se atribuye a Arniches el desarrollo y autoría de unas piezas de teatro con contenido costumbrista y orientación cómica denominadas sainetes, este costumbrismo tan digerible oculta, sin embargo, alguna trama dramática y expone situaciones del ámbito aparentemente conservador, pero de una forma tan mordaz que se convierte en una crítica social sutilmente paternalista. Ahí está su encanto provocador en sus descripciones sociales de la villa y corte, de sus corralas y de sus gentes, de sus costumbres y de sus raíces, de sus dichos y redichos.

Hace tiempo que Arniches parecía desaparecido, que su estilo estaba olvidado, la gente lo consideraba a los sainetes un “teatro menor”. De ese mantra del olvido lo han rescatado de la nube sempiterna nuestros actores preferidos de la faz patria. Un reparto inigualable de simplismo reduccionista de actores de tres al cuarto que ejercen la cosa pública.

Pero aún existe otro gran autor que desarrolló otro estilo fundamental aplicable a la situación actual, en un género literario caracterizado por la presentación de una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula, este género literario se denominó como esperpento, siendo D. Ramón María del Valle Inclán su representante más conspícuo.

Valle Inclán sí que representa la tendencia más rompedora,  ciertamente mordaz y sarcástica, para expresar a personajes y situaciones del suelo patrio, un género que no tienen nada de menor pues, además, se llenaba de imágenes y metáforas sin par de la Galiza más rural y mitómana. La aplicación a la situación actual es que ha pasado de la imagen metafórica a la clamorosa realidad de cada día.

Dos autores, Arniches y Valle Inclán que hoy se ven glorificados por el quehacer de muchos de nuestros magníficos representantes que les vanaglorian con sus intervenciones públicas, con sus actos. Han conseguido que la realidad sea un sainete sarcástico y esperpéntico, que nos aleja de la comprensión racional, para esbozar una sonrisa en mera mueca de incredulidad, cuando no de franca perplejidad. Más aún cuando es relevante su desconocimiento profundo de estas características y lo llevan a la sorpresa de ser autores y actores de tanta desfeita y tanta trapallada.

Nuestro elenco de representantes se empeñan, de forma contumaz, en ser autores, actores y críticos de un sainete elevado a la categoría de esperpento. Simplemente es cuestión de hacer un somero recuento de situaciones y circunstancias en las que nos encontramos viviendo en la actualidad como espectadores atónitos frente a tanta desfeita, como se diría en Galiza.

Resulta que quien tiene que velar por el cumplimiento del marco legal lo trasgrede y su ejemplo es pertinazmente el engaño, la rapiña, el hurto malintencionado, la mentira elaborada y alambicada. De tal suerte que utiliza los resortes de su ejercicio del poder para el personal enriquecimiento y luego mirar para otro lado, lanzando y proyectando hacia el exterior indeterminado la responsabilidad que le compete. De tal suerte que se mira al tendido por encima de los sujetos que atónitos miran esperando un desenlace que no llega, mientras ese otro sigue en su sitio pontificando sobre bienes y haciendas, sobre legalidades y constituciones.

Quien así se comporta, resulta que espera de forma cómodamente instalado en un tiempo infinito de dilaciones sin límites, de silencios imperturbables, de plasmas comunicativos, de defensas bunkerizadas que terminan por pudrir las resoluciones no tomadas y lanzar el hedor por doquier, por lo que todo lo que toca y le toca absorbe el cheire putrefacto.

Luego están sus producciones de discurso oral llenos de construcciones lingüísticas imposibles y con lapsus imponentes. Freud nos enseñó que el lapsus era una de las producciones del inconsciente reprimido y que por eso traducía la verdad oculta del sujeto. Las hemerotecas y las actas del Congreso de los Diputados están llenas de ejemplos que oscilan entre las intervenciones saineteras, llenas de un rancio costumbrismo, hasta las situaciones claramente esperpénticas y (pre)delirantes. Lo bueno que tiene ser ignorante con conceptos rigurosos, por ejemplo con lo que es y representa el lapsus, es que uno lo niega, lo ignora y, como consecuencia, lo expresa con todo su valor y pujanza, haciendo la delicia de algunos observadores más meticulosos.

Lo que se inició en clave de sainete, haciendo una mueca de sonrisa por los lapsus, por las ocurrencias, porque se evitaba decir determinados nombres que originaban conflicto y se realizaba una paráfrasis sustitutiva. Ese sainete inicial ha llegado a desarrollar una verdadera situación grotesca pues se llena de negación, de desplazamientos, de proyecciones, de neologismos, de estereotipias, de tics, de argumentarios estrambóticos. Entonces ya no estamos en el sainete, sino en un sarcasmo tragicómico, ya que nos afecta a todos, dominado por mecanismos perversos ¡Qué cansino!

Qué decir de quien está sin estar estando. Alguien que quiere ser líder sin presencia.  Un tipo con tal megalomanía que pretende presidir algo en la distancia y que lleva a la práctica la presidencia del plasma parlante. Es inaudito que alguien, mínimamente responsable, pueda llegar a proponer similar despropósito sin sonrojarse y sin que sus conciudadanos no tengan vergüenza ajena. Vamos a recopilar: primero se salta la legislación vigente, crea una legislación paralela trasgrediendo sus propias leyes, se constituye una realidad virtual plena de un imaginario colectivo, cuando la ley va a solicitarle cuentas se fuga de forma cobarde, a esa huida se la denomina exilio, se dedica a lanzar proclamas aburridas y reiterativas, se inventa otra realidad virtual, utiliza de forma pomposa y perversa terminología de gran valor cultural en beneficio propio (p.e. democracia, libertad, independencia, represión,…), le hacen un “repaso” en una Universidad nórdica…pero este sujeto sigue y sigue con su matraca y un pueblo entero se ve prisionero de esa situación creada por un sujeto peculiar, de una forma peculiar, con una deriva peculiar y con unos corifeos que aplauden y azuzan el fuego utilizando de forma incoherente e inadecuada los conceptos, con lo que tenemos es una realidad perversa, extremadamente perversa.

Se hacen propuesta donde domina lo más grotesco en plan pantomima de una realidad neo-formada: Constituir una investidura a miles de Kms de donde debiera ser, solamente con una parte de quienes tienen derecho a realizarla y apelando a la manada para que acuda y luego realizar otro acto insólito de hacer un “como si…” donde la Ley corresponde creando estructuras paralelas. Una caricatura, una desfeita increíble, un querer que se normal lo ilógico, lo incoherente y lo inadecuado. Se pierde el control, el rigor, la seriedad y la sensatez, un gobernante sin estas cuatro características en un títere, un monigote lleno de esas características de grotesco esperpento con actuaciones más propias del Marqués de Bradomín que de alguien responsable y riguroso. Claro, que peor es quien le hace de corifeo hasta el punto de entrevelar la realidad y trasformarla en algo insustancial e inconsistente que posibilita y justifica otras acciones, en ocasiones no menos esperpénticas, en aras a lo inadecuado e incoherente de los contenidos que se proponen. Aquí el esbozo de sonrisa es la de tipo nervioso con rictus de incredulidad ¿hablará en serio? ¿delira? ¿qué se pretende?

La oposición quiere legislar, hace propuestas, se aprueban en el Parlamento, cumpliendo todos los requisitos y el Gobierno, haciendo uso de sus propias prebendas, paraliza con descaro y recochineo la acción parlamentaria. En resumen: una oposición que hace oposición, pero no se puede oponer. Seguimos en la inacción, en la parálisis total.

La subida de las pensiones culminan la acción esperpéntica: incremento del 0,25% y con toda la desfachatez del mundo nos dicen que así no se pierde poder adquisitivo. Pero el IPC sube el por encima del 1%, la luz… ni le cuento, el gas en consonancia con la luz, los alimentos en incremento constante… El problema no es que mientan, es que quieren que los demás les creamos, es decir nos realizan una solicitud esperpéntica al más puro estilo valleinclanesco de la relación entre Max Estrella y Don Latino en Luces de Bohemia.

Lo mejor de todo: la población sigue diciendo que les va a votar, haciendo cierto lo que Séneca avisó: apoyar a los corruptos es ser su cómplice. Pues así vamos. No sé qué más debe acontecer para reaccionar.

Con todo esto la acción política oscila entre el sainete costumbrista emisor de sonrisas cómplices y el esperpento de humor sarcástico al que muchos de sus actores ni alcanzan a comprender.

Conseguimos montar una realidad paralela, mientras otros siguen con  el tinglado de la antigua farsa.

José L. Pedreira Massa es Psiquiatra y Psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. UNED.

 

 

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