De la dificultad para saber gestionar los triunfos

Ya ha pasado el día D de las elecciones, mucha gente estábamos presas de emoción contenida durante todo el día, la apertura de las urnas fue todo un subidón de adrenalina y el desgranar las papeletas todo un ejercicio de metabolismo adrenalítico. A medida que los datos afianzaban el indiscutible triunfo de la socialdemocracia española, parecía como que los ánimos se tranquilizaban y bajaba las tasas circulantes de aminas.

Por fin el triunfo llegó, se confirmaron los buenos augurios, quizá no eran los mejores, pero enjugaban los peligros y describían a un claro y rotundo vencedor. Una victoria con doble dirección: hacia adentro del partido para señalar la capacidad de resiliencia y de liderazgo de alguien que permanentemente era discutido por muchos de los prebostes y miembros del santoral laico de la organización. La segunda dirección se dirigía hacia afuera del partido, hacia la población, con un guiño de tranquilidad para decir que sabe lo que tiene que hacer y va a pelear por conseguirlo.

En medio de esa doble dirección un hombre que pilota con decisión y tesón desde hace 10 meses el gobierno legítimo y constitucional de España. Desde ese lugar recibía todo tipo de insultos, infundios, fake news, chanzas e intentos de chirigotas, tanto hacia él como hacia sus amistades y su familia, incluida su propia compañera sentimental y madre de sus hijas.

Así fue: si viajaba porque lo hacía en avión y salía mucho de España, si sabía callar y trabajar en silencio porque no daba explicaciones, si era doctor pues poner en duda lo realizado por él y por el Tribunal docente que lo calificó en tiempo y forma, si revaluaba los planteamientos entonces era que mentía, no cumplía o cambiaba de parecer constantemente, si tomaba decisiones se le bloqueaban en la mesa del Congreso de los Diputados, si entraba porque no salía y si salía porque no entraba, si nombraba a los cargos de libre disposición y confianza era porque colocaba a sus amistades. Vamos, un sin vivir, siempre en el ojo del huracán.

Pero lo más sangrante fue el dirigirse, como gobernante de todo el Estado Español, al President de la Generalitat de Catalunya con quien, a pesar de una situación de grave tensión política, estaba siendo ignorado y ninguneado. Hablar se transformó en negociar cuando no claudicar, tratar los temas candentes se transformó en dividir y vender España. Entregar una carta se transformaba en negociar su contenido. Con todo ello resultó que el Presidente del gobierno español había “pactado” con independentistas. Se pasaba de lo superficial a afirmaciones con contenidos de verdad absoluta como que ellos hubieran estado presentes en la conversación. El tiempo se encargó de hacer el desmentido, pero esa caverna política y mediática no cejaba en su empeño de odio, rencor, mentiras, envidia y mala baba que orquestaban un ataque sin cuartel hacia la persona del Presidente del Gobierno, adornado con insultos de baja estopa y una actitud inadecuada y mal educada.

Esos grupos políticos y mediáticos, amantes de las fake news, no acababan de integrar que la moción de censura fue un acto de dignidad porque el partido pp había sido condenado por prácticas corruptas de las que se había lucrado. No era un pacto con independentistas y terroristas, sino que los grupos de la cámara decidieron que m.rajoy y el pp no siguieran en el gobierno. Por lo tanto no hubo pacto, sino un grito de dignidad política para desposeer al pp de sus responsabilidades institucionales porque no las merecía.

Diez meses, sí 10 largos y duros meses hasta que se convocaron elecciones. Entonces empezaron los insultos fuertes y personales (los famosos e increíbles 18 insultos en 1 minuto y 30 segundos, las descalificaciones, intentar poner en ridículo los que hacía y/o lo que decía el Presidente del Gobierno. Los medios de comunicación de la caverna y sus secuaces hacían lo demás, amplificando cada situación hasta niveles intolerables e insoportables para una persona cualquiera.

La campaña electoral dura y bronca, por momentos se hacía interminable. El Presidente del gobierno argumentaba, aportaba datos concretos, gobernaba con Decretos Ley, en definitiva: se responsabilizaba de su lugar y de su representación institucional y seguía trabajando con su Gobierno.

Los otros, los de siempre, gritaban más y más. Presos de rabia y envidia (sí, claramente envidia según los síntomas que mostraban) se echaban en brazos de otro grupo emergente muy peligroso por representar posiciones anticonstitucionales, filofascistas, homófobas, machistas, xenófobas y con ideas ancladas en tiempos pretéritos, con actitudes de matón barato de barrio.

Ante este pobre panorama la ciudadanía reaccionó democráticamente, con gran valor de aleccionar, acudió a votar y lo hizo con el lenguaje de la concordia y de la decisión democrática: el voto de la ciudadanía resultó inequívoco y otorgó el triunfo al partido que representa la socialdemocracia del siglo XXI de transformación y avance, de cambio e integración.

Bueno y ahora… ¿qué?

Ahora viene lo más difícil, consiste en saber asumir con dignidad y humildad los resultados. Hay que profundizar en los cambios y las transformaciones sin perder el norte de lo que se ha prometido en justicia social e igualdad.

Bien está no tener líneas sanitarias de seguridad, bien está hablar con todos (es hacer y desarrollar la política), pero… todo tiene un límite.

No se deben forzar situaciones, existe un partido naranja que se niega a pactar, que se ha desplazado hacia la derecha de forma peligrosa, que elimina los contenidos de justicia social redistributiva, que ha insultado y mentido de forma descarada en relación al Presidente del Gobierno y ganador de las elecciones. Verán, resulta que uno de los medios de comunicación de la caverna más cavernaria ya habla de un pacto por “responsabilidad”. En estas condiciones yo me lo daría un par de vueltas más antes de plantearme un pacto con alguien que no es fiable. Míster naranjito ha insultado gravemente en muchas ocasiones, y Doña naranjita ha sido más reiterativa aireando, escenificando y programando fake news.

En estas condiciones ni se debe ni se puede pactar salvo que:

  1. Petición de perdón, cuanto menos de disculpa potente, explícita de tanta desfeita cometida verbalmente y por acción.
  2. Explicitación de compromisos claros donde las políticas de justicia social sean prioritarias.
  3.  Romper toda relación implícita y explícita con el partido de extrema derecha extrema.

Con estas tres condiciones es suficiente para iniciar las conversaciones, antes no es posible. La militancia y los votantes no lo entenderían, porque la responsabilidad incluye la coherencia. Sed integra que en lka campaña se dicen muchas cosas, pero lo que ha hecho míster naranjito viene de antes, de mucho antes. Con gente rabiosa y envidiosa es imposible negociar nada. Eso que llaman “responsabilidad” no es más que una razón grandilocuente del Ibex-35.

Sigue indemne mi confianza en Pedro Sánchez, pienso que es una persona formada y con entereza ética, pero con gran fortaleza que, en ocasiones, podría acercarse o aparentar cierta rigidez que debe amainar. Su entorno se muestra impenetrable y le aleja de la espontaneidad que le caracteriza en el trato. Su entorno le encubra, pero en ocasiones podría hacerle caer. No se puede rectificar de forma permanente, rectificar es cosa de sabios, si se hace con criterio.

Para pactar hemos de mirar a la izquierda y después…  i després ja parlarem.


José Luis Pedreira Massa, columnista de La Mar de Onuba, es psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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