De la decisión de aceptar presentarme a las elecciones en un puesto suplente

El panorama político actual defrauda y desanima, los políticos actuales desacreditan el ejercicio de la política y enfrían el compromiso de muchas personas de la ciudadanía, inclusive de gente con compromiso ideológico. Les confieso que en esa especie de desidia, en una colaboración sectorial contradictoria me he estado moviendo durante decenios.

Los convulsos movimientos acontecidos en el PSOE en 2016 y 2017 me despertaron de ese letargo marasmático en el que me veía sumido. Hasta entonces me limitaba a escribir algo, a pensar en soledad, a acudir a tertulias intelectualizadas. Sí, participaba de un lamento sin objeto ni circunstancia, pareciera que fuera una especie de angustia vital en lo político y social. Me limitaba a firmar los manifiestos que me llegaban y acudir a manifestaciones donde siempre veía a las mismas personas, fueran por una u otra razón.

Lo acontecido en el PSOE me despertó. Podíamos hundirnos como en tantos países europeos por desidia y lisis, por impotencia y lamento. Pero también podíamos despertar, luchar, recomponer un partido y sus ideas, asumir contradicciones, realizar propuestas en pleno desarrollo y, por ello, cambiantes, asumir las contradicciones y volver a realizar propuestas, hacer autocrítica y asumir contradicciones. Me sentí con fuerzas, insufladas por la confianza de amistades, en su mayoría mujeres, grandes mujeres con un gran compromiso y una gran capacidad de trabajo, hoy día algunas son ministras y representan un orgullo compartido.

Hasta me animé a recopilar trabajos realizados y publicar “Escritos políticos de un psiquiatra despistado” y, para que no hubiera ninguna duda, solicité el prólogo a Adriana Lastra. En la contraportada del libro, se me describía con lo siguiente: “un veterano psiquiatra y psicoterapeuta de niños y adolescentes. Un veterano de la militancia en la izquierda, con o sin carnet. Un veterano de la vida que le hace ser descreído, escéptico y mirar la vida con cierto sarcasmo. Un veterano de la opinión socialmente comprometida. Un veterano en cien batallas con 99 derrotas y… sigue luchando. Un veterano que sigue pensando, porque sin pensar la gente se embrutece. Un veterano con más conocidos que amigos, pero que sigue buscando la amistad. Un veterano que cultiva el disfrute lúdico de aquello que le ha tocado vivir. Un veterano que le gusta sonreir, a pesar de las circunstancias adversas. Un veterano que se emociona, a veces, en silencio. Un veterano que quiere seguir aprendiendo y por ello sigue escribiendo”.

En este verdadero maremágnum me sentía personalmente. Tener una edad de “veterano” y sentir las ganas de actuar de un jovenzuelo más o menos maduro, de romper con esa desidia y esa inercia un tanto catastrofista de “no se puede hacer nada”. No quería continuar realizando la crítica por la crítica para satisfacer una inquietud intelectual personal. Si todos, todas y todes hiciéramos un poquito la suma sería, cuanto menos, un muchito.

Así surge la propuesta de ser candidato suplente de, nada más y nada menos, Cristina Narbona al Senado por Madrid. Acepto el honor y participo allí donde era requerido en la campaña.

Luego pasó lo que pasó y estamos donde estamos… He vuelto a aceptar la propuesta, la misma propuesta y voy a pelear con toda mi determinación y con todas mis veteranas fuerzas para ganar estas elecciones.

Llegué a la conclusión de aceptar esta oferta tras mucho tiempo de intentar evitarlo. Reflexioné con las aportaciones de Platón: “Si los ciudadanos formados y con criterio se retiran de la política, quedarán el camino libre para los mediocres”. Miré a mi alrededor y realicé un poquito de introspección y acepté.

Realizar una sutil e incluso superficial mirada a la Alcaldía de Madrid puesta en evidencia por unos pocos niños de 10 años de edad. La Presidenta de la Comunidad de Madrid y sus frases incendiarias de un twiter barato, con menos contenido que una botella llena de humo. El relamido vicepresidente de la Comunidad de Madrid expresión de la más pura y dura envidia ¿Qué decir del señor fra-Casado? Sin una sola idea salvo la mera repetición. D. naranjito-c’s que somatiza con diarreas sin fin las sobreactuaciones provocadoras e irrespetuosas. Por no hablar de la “torrá” del “torrao” o de Waterloo sin fronteras. Lo dejo, no quiero ser prolijo.

Decididamente creo, con sinceridad, que por formación y experiencia vital y profesional puedo hacer algo en la cosa pública por mi conciudadanía. Cuarenta y cinco años escuchando el sufrir de las personas y sus dificultades vitales creo que me podían facilitar dejar de ser un “psiquiatra despistado” para pasar a trabajar por la colectividad. Pasar del abordaje individual y familiar a la actividad colectiva y social.

Podré guardar silencio, pero no diré tonterías ni caeré en las fáciles demagogias o sobreactuaciones. Una buena amiga repite que valgo más por lo que callo que por lo que digo, quizá sea así porque la discreción y el saber guardar un secreto es consustancial al ejercicio de mi profesión durante casi medio siglo.

Estoy convencido que el proyecto socialista liderado por Pedro Sánchez representa, con todas sus contradicciones que asumo, una opción clara y de progreso con posibilidad de cambio y de avanzar para nuestro país, de conformar una idea de desarrollo tranquilo, de pragmatismo socialdemócrata de cara al siglo XXI. Muchas van a ser las dificultades que, como decía Michael Emde en la Historia interminable, serán abordadas en otra ocasión.

En el capítulo 10 de El Péndulo de Foucault, Humberto Eco nos diferencia los cretinos de los imbéciles, los estúpidos y los locos. No creo que haga falta repetir esas diferencias de forma muy pormenorizada y detallada, basta con recordar que los cretinos resultan inofensivos, los imbéciles son abundantes, los estúpidos se manifiestan de forma insidiosa y los locos suelen ser muy divertidos. Por ello toda mi vida profesional y cívica la he dedicado a sortear a los cretinos, oir pero no escuchar a los imbéciles, soslayar y no caer en las trampas de los insidiosos y a estar, intentar comprender y convivir con los locos, no digo más.

Por ética y coherencia personal y profesional debía exponer mis razones con los lectores habituales de este medio, que con tanta generosidad me acoge. Dicho queda.


José Luis Pedreira Massa, el "Don Galimatías" de La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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