De la crónica en dos canchas de juego

Nuestro colaborador, José Luis Pedreira, durante una sus intervenciones la pasada en la Universidad de México
José Luis Pedreira Massa

Ha sido una semana intensa de trabajo, de viajes, de elaboraciones docentes. Ha sido un verdadero trajín, bien es cierto que este tipo de trabajos me agradan particularmente y, por lo tanto, disfruto con los cambios. No obstante reconozco que es cansado.

México está distante, pero los sistemas de comunicación han avanzado y se han desarrollado una barbaridad, así que estaba al loro de lo que por estas tierras acontecía. Bien es cierto que lo veía con cierta … distancia.

Con mis colegas mexicanos mantuve cordiales debates e intercambios acerca de las noticias de España y de México. Fueron suculentos intercambios llenos de flexibilidad y acercamiento de posiciones. Nos interesaba el trasfondo político que subyacía en los posicionamientos.

A lo largo de la semana me percibí que existían dos canchas de juego, dos competencias que se dilucidaban y de su resultado dependía el resultado final de la contienda. Hay que adelantar que no se puede analizar con una lógica formal, puesto que existen tantos contenidos emocionales que es difícil realizar un acercamiento racional, incluso mediando una distancia tan relevante, al menos geográfica.

Primera cancha: el trifachito en acción

 Ya no existe duda alguna, las tres derechas son una trinidad realista en la unidad de intención. Cuanto más apartadas parecen, cuanto más distantes aparentan, cuantas más condiciones se ponen, es porque concentran su acción en el feliz (re)encuentro.

La apariencia del centrismo liberal de “c’s” es una ilusión óptica, un espejismo. Nada más. Funciona con tal rigidez e intolerancia que les aleja de un funcionamiento democrático, ya que fundamentan una parte importante de su actividad política en actos resultan ser de provocación real a poblaciones diferentes o colectivos sociales. No quieren entender que la libertad no son solo ellos, sino que consiste en aceptar las posiciones de los otros, aunque sean minoritarios. Esa es la esencia de la democracia, el respeto a las minorías.

Su opción, al menos hasta ahora, ha sido de integrarse con la mayoría imaginaria de su propio imaginario y exigir la aceptación de su formulación como verdad absoluta. Por ello actúan sobreactuando de forma descarada, agresiva, desproporcionada, provocadora, descalificando al propio candidato a Jefe de Gobierno propuesto por el Jefe del Estado, su autosuficiencia es de tal calibre que un mindungui cualquiera pretende ponerse al nivel intelectual de un afamado profesor de Filosofía. Siguen sin digerir su inconsistencia de un naranjito sin zumo ni esencia y se inicia su sangría lenta pero constante.

El “pp” anda lamiendo sus heridas y pidiendo que no les alcance el hedor a podrido del que aún no han conseguido salir. Les cuesta aceptar que han perdido las cuatro elecciones, que son unos segundones en todas las demarcaciones fundamentales y en algunas han desaparecido totalmente con más pena que gloria. Herido y con hedores diversos, pero intenta subsistir con sumas re-encontradas en el camino, cual arrierito pedigüeño. Al final pudiera ser un fra-casado triunfal.

Es de cajón, matemáticamente naranjitos y fra-casados no suman para obtener premio, es más, en la gran mayoría de los lugares son sobrepasados por el PSOE solo o junto a UP. Pero…

Aparece un voxiferante actor que pretende ser tenido en cuenta, es el tercero que le quisieran excluido pero que, lejos de mostrarse así, tiene la llave maestra para que naranjito y fra-casado sumen. Su compañía no resulta agradable, sus posiciones son claramente filofascistas y sus compañeros de viaje reaccionan de forma diferente: los fra-casados les reconocen como propios y les compran la cantinela con un “yo sí te ajunto”. El naranjito dice que no, pero va a ser que sí para tomar un café con tropezones.

Los voxiferantes se relamen, no queda más remedio que ser reconocidos porque sin ellos los otros dos no suman. Así que la suma solo es posible con tres sumandos y uno es de extrema-derecha-extrema que es capaz de desenmascarar a los otros dos con fotos conjuntas, cafés en mesa camilla, sonrisas forzadas y connivencia con Presidentes de Asambleas diversas.

Segunda cancha: las izquierdas a la greña

Pareciera que la unión de las izquierdas podría sumar, en muchos lugares es así, pero…

Emergen posicionamientos maximalistas en torno a peticiones claramente inapropiadas, al menos en el momento actual. Surge así la emergencia de neologismos de lingüestería política, aunque la palabra sea y venga de antiguo: gobierno de cooperación. Esa nomenclatura no le agrada a quien pretende, contra viento y marea alzarse con la vicepresidencia del gobierno y unas cuantas carteras ministeriales.

Esa posición de exigencia previa no es de recibo. Se han perdido votos y escaños, mientras que el otro partido de la izquierda ha sumado votos y escaños. La suma de ambos no alcanza la mayoría, por la pérdida de votos y escaños y así no podemos. También hay razones políticas de contenido y de tempus, por ejemplo la posición frente al conflicto entre Catalunya y el conjunto del Estado, o la secuencia a seguir frente a algunas legislaciones que deben ser modificadas pero precisan un tempograma adecuado, por ejemplo el cambio de la reforma laboral o las pensiones y la mesa de Toledo. En otras palabras, para gobernar debe haber confianza y sintonía.

Ni entre los líderes ni entre las organizaciones de izquierda muestran esa armonía y, por lo tanto, crece la desconfianza. No vale la experiencia de estos meses, dicen los más radicales, porque quedan las reformas sin tocar, oiga que solo han sido unos pocos meses, responden con prestancia los otros, pero todo sigue bajo presión…

No podemos actuar para levantar a unos de su posición perdida porque no existe la posibilidad de jugar con el gobierno a los juegos de tronos de un podemos intervenir, bajo las razones demagógicas de los votos obtenidos, sobre todo cuando están a la baja. Bien está en ser aliado preferente, pero no tan determinante, cuando no resulta así.

La suma de los dos partidos de la izquierda por sí mismos no da. Se precisan más apoyos, lo que implica un encaje de bolillos de cierta entidad. En esta ocasión no es una moción de censura, sino la formación de un gobierno a largo plazo y el apoyo de los independentistas no resulta de recibo, salvo para situaciones concretas y generales de determinadas legislaciones pendientes. No podemos asegurar la consistencia de los apoyos de organizaciones tan cambiantes.

Así estamos: las derechas del trifachito con presiones de la llave y con posibilidades reales de sacar rédito de esa actitud. Las derechas en peleas sin fin en lucha de egos, alguno podemos decir que muy agigantado en relación a su posición real, porque no resulta llave.

Si se llegare a nuevas elecciones por segunda vez no sería halagüeño para el conjunto de la valoración social del funcionamiento democrático, sobre todo del valor negociador de los líderes que tenemos.

Lo primero necesario es enfriar el vocabulario que se emplea de forma amenazante y excluyente, introducir el respeto institucional y la responsabilidad socio-política con ética y reconocimiento del lugar que se ocupa, sin grandilocuencias oportunistas al uso.

Guste o no guste, la realidad es que no existe opción al gobierno del PSOE, salvo que acontezca una unión contranatura que escandalizara hasta a los propios actores.

Así que, por el bien de la democracia, sean responsables, todos y todas.

Gracias.


José Luis Pedreira Massa, columnista de La Mar de Onuba, es psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED). Vocal de Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

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