De cuando se maltrata a la infancia: aportar un decálogo de reflexiones fundamentadas

por José Luis Pedreira Massa.


A lo largo de mi ya larga vida profesional habré escrito más de una veintena de capítulos en libros profesionales acerca del maltrato en la infancia, amén de otros tantos artículos en revistas profesionales, todos los años un tema en las clases en la Universidad, una cincuentena de participaciones en congresos profesionales e impartido cursos sobre el tema. Por todo ello me encuentro con fuerzas como para emitir una opinión, respetuosa y firme, acerca de los luctuosos acontecimientos acontecidos en Valencia sobre, al parecer, el asesinato de dos hermanos por parte de sus figuras parentales y todos los comentarios que se han venido realizando.

Los malos tratos a la infancia, en cualesquiera de sus tipologías, fue un hecho descrito por un forense francés llamado Tardieu, al descubrir que las lesiones que aparecían en las autopsias de muchos niños no se correspondían con fracturas accidentales, por lo tante estaban producidas por sus cuidadores. Tuvo tal impacto que el Colegio de Médicos de Francia la abrió un expediente. Hoy Tardieu tiene una calle en Paría a los piés de le Sacre Coeur.

El primer acercamiento se refiere a la terminología empleada, una terminología reiterada en cada acontecimiento en el que se ve involucrada la infancia y adolescencia. Efectivamente, se les llama “menores” y venga, una y otra vez, con “menores”. Verán menor en castellano es un efecto de comparar algo con otra cosa y que resulta más pequeño. La segunda acepción es que son menores de edad judicial o legal. En el primer caso se compara, no se sabe muy bien con quién ni para qué y en el segundo caso se judicializa esta etapa de la vida. En ambos casos esa etapa de la vida se la trata cual si de objeto se tratara. Para ser considerada como sujeto debe obtener una consideración de tal y, en castellano, existe una hermosa palabra: infancia; además etimológicamente viene de infante cuyo significado es muy pertinente en este caso: los que no tienen voz. Por lo tanto: infancia.

El segundo matiz tiene que ver con la relación que se ha establecido con las afecciones mentales de la figura materna. La relación enfermedad mental con crímenes es una práctica habitual, pero no se corresponde con la realidad, salvo en una pequeña parte. Esta forma de pensar lineal y de tipo causa-efecto, constituye uno de las grandes estigmas que pesan sobre las personas con afecciones mentales.

En el tercer grupo de contenidos se sitúa el hablar por hablar sobre el maltrato a la infancia. En efecto, solamente toma vigencia en hechos luctuosos o en abusos sexuales (ASI) muy patentes, No obstante las investigaciones ponen de manifiesto que son los malos tratos emocionales y la negligencia las tipologías más prevalentes y las que más secuelas dejan, a tenor del análisis del coste económico en su abordaje que llevó a cabo el Servicio de Salud de USA en conjunto con UNICEF y UNESCO, pero además ese coste era a cargo de los abonados en el campo de la salud mental. Es decir, que el tipo más prevalente, que más secuelas mentales deja y que representa el mayor gasto pasa totalmente desapercibido y la justicia suele hacer un caso omiso a las evaluaciones de esta tipología.

Los malos tratos a la infancia no son campo exclusivo de los dispositivos de servicios sociales, como en la casi totalidad de las referencias aparecen. En este cuarto grupo de puntualizaciones señalamos la necesidad del trabajo en equipos multidisciplinares en el seno de la propia comunidad, en un territorio preciso, con el fin que confluyan las diferentes conceptualizaciones y se evite el “peloteo” de estos casos. Se precisa intervenir con firmeza y decisión, pero sin precipitación, hay que diseñar intervenciones con evidencia y pruebas científicas. La más consistentes de todas las intervenciones: las visitas domiciliarias a las familias en riesgo de maltrato, que consiguen disminuir hasta el 40% de los episodios posibles de maltrato.

El quinto apartado lo guardo para los sempiternos lamentos ante hechos acontecidos y a formular preguntas obvias de forma ampulosa . Entonces lo que se consigue es una retahíla de simplezas insulsas. Se expresa así una sensación de impotencia y de buscar culpables, por lo que se respira un ambiente de culpabilidad escasamente edificante.

La necesidad de formación específica de los profesionales acerca de la infancia constituye la sexta reflexión. Formación sobre el comportamiento de la infancia, de su forma de reacción y de relación, del valor de la forma de expresar sus síntomas, de sus etapas de desarrollo psicosocial, de sus procesos de apego y vínculo. Solo más tarde se puede introducir el apartado de los malos tratos y la violencia familiar y de género, de la victimología en la infancia. No se puede hacer la casa por el tejado y empezar la formación por las consecuencias, en vez de sustentarla en las verdaderas raíces. Muy necesario es la programación formativa para el sistema judicial, con el fin de saber escuchar estas situaciones y darles la dimensión que compete.

La lógica consecuencia del punto anterior articula el séptimo apartado, nos referimos a la obligada necesidad de investigar sobre las circunstancias de los malos tratos en la infancia. Investigar no es solamente replicar trabajos o adaptar investigaciones realizadas en otras latitudes. Investigar consiste en establecer áreas y temas a profundizar y priorizar esos contenidos.

Un octavo punto muy relevante consiste en la relación entre violencia de género y maltrato en la infancia. Lo desarrolló de forma precisa Breiner en su libro Slaughter of the innocents y el devenir histórico lo confirma de forma fehaciente. La propia ONU alaba a España la intervención en la violencia de género, pero nos avisa que no se debe olvidar la intervención sobre la infancia que se desarrolla en esos ambientes. Quizá ya es la hora de abordar este campo de interacciones entre la violencia de género y el maltrato a la infancia.

La novena reflexión nos remite a la necesaria intervención sobre el conjunto de las tipologías del maltrato en la infancia, más allá de los ASI o de los fallecimientos acontecidos en este campo. No es una cuestión de cifras, sino de contenidos, de dinámicas relacionales, de formas de prevención y de intervención adecuadas por profesionales formados de forma adecuada.

Por fin, la décima reflexión comporta la necesidad de recursos profesionales y de dispositivos adecuados. Ello supone financiación suficiente. La sensibilidad de los gobernantes se encuentra en saber contextualizar, de forma adecuada, este tipo de situaciones. Financiar estos programas de forma adecuada y con sensatez no es incremento del gasto, sino inversión social.

Estos pensamientos van más allá de los lamentos cuando acontecen actos luctuosos y muy dolorosos. Son formas de pensar para avanzar y progresar de forma positiva y asertiva hacia la solución de problemas, de priorizar acciones de impacto social real y no solo de lamentarse y actuar siempre a rastras. No se puede actuar ni pensar en “caliente”, hay que pensar y actuar con rigor, pero actuar.


José Luis Pedreira Massa, es psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. Psicopatología, Grado de Criminología, UNED)

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